Con otra mirada
Nuevo aniversario de Independencia, nuevas falencias públicas
Hoy lo sabemos, el Poder Ejecutivo opera con los otros dos literalmente en contra; su margen de acción es limitado.
Septiembre llegó, como suele hacerlo, con estruendo de tambores estudiantiles en horario de clases y fuera de este, preparando el anacrónico desfile de corte militar del 15Sept; actividad que en nada contribuye a formar nuevos ciudadanos. Y junto a esa pérdida de tiempo, el informe Pisa, sobre el nivel de comprensión en Lectura, Matemáticas y Ciencias a nivel mundial, con Guatemala en el último lugar, al tiempo que el líder sindical del Ministerio de Educación insiste en un nuevo contrato laboral, sin que la calidad educativa aparezca dentro de sus planes.
El actual gobierno está a la mitad de su período. Algunos de los simpatizantes que votamos a su favor vemos con desilusión que sus expectativas no se cumplen. Sin embargo, hay que tener claro el dicho popular: una cosa es verla venir y otra, bailar con ella. Hoy lo sabemos, el Poder Ejecutivo opera con los otros dos literalmente en contra; su margen de acción es limitado.
Otros vemos los resultados positivos de su gestión, aunque su comunicación pública es limitada; eso da lugar a que predomine la desinformación, que abunda, con mejor y mayor coordinación. Y no es para menos. Del abrupto golpe de Estado auspiciado por EE. UU. en 1954 y el derrocamiento del presidente Jacobo Arbenz, que acabó con el mejor intento por modernizar nuestro país e incorporarlo al desarrollo, han pasado 72 años. Período en el que la cúpula empresarial, heredera del sistema colonial de la tenencia y explotación de la tierra, generó un sistema de gobierno que le permitió mantener el poder total; poder que parcialmente perdió con la elección de Bernardo Arévalo en 2023 y que ahora hace hasta lo indecible para recuperar en 2027, aglutinando a su derredor la escoria política existente.
La propuesta del descomunal proyecto habitacional Minerva Simeón Cañas, en la emblemática alameda
Así las cosas, los logros alcanzados son superados por el alto grado de deterioro nacional. Sobresalen dos instituciones autónomas. La Universidad de San Carlos, que desde antes de 2022 había perdido su objetivo principal: la Educación Superior, cuando el “humanista” Walter Mazariegos la copó, con el auxilio del Organismo Judicial, para concentrarla en la potestad constitucional que tiene para nombrar cargos públicos y así beneficiar a sus patronos, los “dueños del país”. Otra, la municipalidad capitalina que impunemente desatiende el ordenamiento territorial, la conservación y el desarrollo del Centro Histórico y sus Conjuntos Históricos, al tiempo que estimula la especulación edilicia, convirtiendo a la ciudad en el mayor caos de movilidad del país.
De esto último destacan tres ejemplos. 1. El proyecto del TransMetro, cuya sola construcción alteró la trama urbana y el paisaje del tramo Roosevelt-Calle Montúfar; y cuyo excesivo costo sin duda resolverá algunos problemas, mas no el grave problema del transporte público. 2. La autorización de demoler casas históricas para construir edificios altos, en detrimento de la unidad arquitectónica y paisaje del barrio Ciudad Vieja y la consecuente pérdida de calidad de vida. 3. La propuesta del descomunal proyecto habitacional Minerva Simeón Cañas, en la emblemática alameda al extremo norte, considerada Conjunto Histórico dentro del área de conservación, protegido por acuerdo ministerial y el correspondiente reglamento municipal.
Protección que, al parecer, ambas instituciones pasan por alto en beneficio de los especuladores del valor y uso del suelo, que los colegios profesionales de Arquitectura e Ingeniería tampoco defienden en beneficio de la identidad cultural de la Nueva Guatemala de la Asunción.
Espacio histórico desde el que se proclamó la Independencia de España, en el ya lejano 15Sept1821.