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Oportunistas medran en la ignorancia
Se manipula la subida del precio de combustibles por irresponsables.
La demagogia aparece en medio de las crisis. Las personas están necesitadas de una respuesta a la aflicción en sus vidas, en estos momentos, por limitaciones en obtener medios para el transporte. Con el precio de los combustibles se desata el agobio debido a la exigencia de pagar más de lo acostumbrado. La causa es clara: las guerras en el medio oriente y en Rusia. En un caso, Irán y una facción yemenita, los huties, han cerrado las vías de comunicación marítimas; en el otro, son las sanciones impuestas a la exportación del petróleo ruso por su agresión y destrucción por bombardeos de las instalaciones de almacenamiento y procesamiento del crudo. La liberación de pasos marítimos excede con mucho la proyección internacional del poder del país. Esta crisis no se puede solucionar por nuestra sociedad. Queda adaptarse, usar medidas paliativas y, a largo plazo, disminuir la importancia del motor de combustión interna en el transporte.
Desde la antigua Grecia se condenó la manipulación de los oclócratas oportunistas malévolos.
Pero la angustia conduce a negar las causas y desear ardientemente su solución. Es el momento para el oclócrata. La palabreja significa al partidario de apoyar su poder en una masa inculta, en situaciones complejas. Lo primero es simplificar las cosas: es un problema de precio, el Estado tiene fondos para regalarlos. No obstante, los recursos provienen de la tributación y, por lo tanto, desequilibran las finanzas públicas. Entonces se añade por el demagogo, la palabra temporal.
No existe plazo cierto para los dos obstáculos a la libre circulación de combustible. Pero el agitador convence de lo pasajero del evento. El gobierno y los ambiciosos congresistas lanzan la idea de disminuir el gasto en carreteras. Al fin, dicen, son un desastre; no añaden la consecuencia de carecer de un mínimo para arreglo. A su posición suman a otros interesados en bajar el control de las importaciones. Si los importadores no pagan impuesto, dejan de tener supervisión sobre la cantidad de combustibles ingresados al país. Cuando se les pide una contribución para pagar a desarrapados y cruzar camiones, camionetas y hasta tuc tuc, la dan. En sus contabilidades se justifica como gastos en publicidad.
Los instigadores consiguen la repetición en algunos medios de comunicación, especialmente en las llamadas redes sociales, amplificar la afirmación de conseguir una baja temporal suprimiendo impuestos. Ningún llamado a la cordura y a enfrentar el problema con soluciones de fondo. Estas no pueden ser inmediatas, se deben reflejar en una inversión con una temporalidad amplia. Al gobierno, en el último año de su mandato, no le importa el futuro, solo terminar sin alteraciones, así como incrementar el gasto público porque algunas manos quedan untadas. Se instaura la repetición sin oposición, sin llamados a la razón, con un análisis simplificado con promesas exageradas, acompañadas de la esperanza de un alivio por crédulos ansiosos de pagar sus deudas contraídas sin cautela.
Nadie llama a la austeridad, prescindir de lo superfluo, hacer un esfuerzo por adaptarse a la nueva situación. Si escondiendo la cabeza en un hoyo, como dicen hace el avestruz, se solucionarán los problemas, entonces valdría estar en ese estado de indigencia intelectual. No obstante, la estulticia no lo cubre todo. Un economista, Hugo Maúl, investigador del Cien, se atreve a llamar a la cordura. Honra su deber profesional, hace un pedido a recobrar el juicio y desechar las promesas y caminos de los demagogos. Una golondrina no hace verano, ni el llamado a la sensatez convence a los caprichosos consumistas, parte importante de los electores de este país.