Godot ha llegado
La caja negra de la ONU
La ONU o se reforma o se mantiene inservible; la pregunta es cómo.
Aparte del tema de los combustibles ligado tanto a la guerra en Irán como a la de Ucrania, tres temas saltaron esta semana en mi radar: la octogésima primera Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU), la visita de Xi Jinping a Estados Unidos y el reciente caso del hackeo de la empresa Hugging Face por algunas plataformas de inteligencia artificial (IA). Cada uno de estos tienen relevancia, debido a que se encuentran interconectados, pero no hay espacio para tratarlos todos en una entrega, por lo que procuraré abordarlos en futuras columnas, pero iniciemos con el elefante blanco en el cuarto: la ONU.
La crisis del multilateralismo y de la ONU lleva un par de décadas. Esta se refleja por la incapacidad, primero, de la Asamblea General de la ONU y de su Consejo de Seguridad de no dar soluciones o al menos hojas de ruta a crisis internacionales entre el 2008 y 2014 hasta que la pandemia terminó por desnudar a la organización intergubernamental paraguas como un ente burocrático, costoso e inservible si sus programas los calificamos por gestión de resultados medibles y cuantificables, y no por ser políticamente correctos. Claro, sus funcionarios, empezando por el vacacionista mejor pagado del mundo, su secretario general António Guterres, no reconocerán esto por esa peligrosa creencia idealista de que su trabajo, cuyo impacto es nulo, realmente hace un cambio solo por estar ahí y tener un puesto y recibir un sueldo. Ese idealismo es el que tiene al mundo como está actualmente.
La gran mayoría de presidentes, primeros ministros o cancilleres que llegaron a dar su discurso lo hicieron con un mensaje unilateral (completamente lo opuesto a la razón de ser de la ONU, que es un organismo multilateral). Más allá del discurso confrontativo de Trump, del discurso conflictivo de Netanyahu me quedo con el discurso de una líder sin precedentes en el siglo XXI, la primera ministra de Japón, Sanae Takaichi que dijo sobre la invasión de Rusia a Ucrania: “el Consejo de Seguridad no está funcionando para garantizar la paz internacional”. Sobre esto, de forma elegante y diplomática, fue al hueso de la ONU: “ha llegado el momento de que los Estados miembros se unan con un mismo propósito, impulsen vigorosamente la reforma de las Naciones Unidas y transformen la organización en unas Naciones Unidas más resilientes y eficaces”.
La crisis del multilateralismo y de la ONU lleva un par de décadas.
Para todos, y me incluyó, es fácil ser crítico, pero la cuestión es cómo se hace dicha reforma. En computación, una caja negra se refiere a un sistema, dispositivo u objeto que se analiza solo por lo que recibe (entradas) y por lo que produce (salidas), puesto que su funcionamiento interno se desconoce. La caja negra de la ONU y sus miembros es cómo reformarla.
Una reforma de la ONU, particularmente de su oxidado Consejo de Seguridad, necesita la aprobación de dos terceras partes de la Asamblea General más, lo que resulta crucial, la aprobación del Consejo de Seguridad donde, si uno de sus cinco miembros permanentes —China, Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Rusia— la veta (un voto en contra) esta no es aprobada. ¿Aprobarán estos una reforma para eliminar precisamente ese poder de veto? He ahí el primer dilema, entonces cuál es la alternativa, sumar más miembros, una presión mundial, que Trump y Jinping se pongan de acuerdo o lo que la historia nos demostró con la primera organización mundial intergubernamental: la Liga de las Naciones (1920–1946), una reforma estructural solo se da con un shock estructural, en ese entonces fue la Segunda Guerra Mundial. Esperemos no sea así.
¡Feliz domingo!