rincón de Petul

Conamigua, otra vez

Su existencia por casi 20 años es el cuento de una tragedia.

A darle otra vuelta al sol, pues. O al infierno, será, ¿acaso? En los próximos días, el siempre honorable Congreso elegirá nuevamente autoridades en la secretaría ejecutiva de un ente que, más que haber sido tomado por el aparato de corrupción, penosamente, fue creado por ese aparato. Esto, casi dos décadas atrás, en tiempos de la UNE. Desde entonces, ha importado más a quiénes contratan que para qué son contratados; más el cuánto se les da, que qué hacen con ello. Un caso grave de desproporción entre los recursos públicos que consume la institución y los resultados que produce. Pasan los ciclos y cada elección vuelve a poner la atención sobre quién la dirigirá y no sobre por qué sigue existiendo.


Desde su engendro se podía sospechar con tan solo ver en su ley constitutiva el listado de atribuciones. Tantas, que las literales casi se terminan las letras del abecedario. Un ente amplio y difuso que jamás llegó a articular una política nacional hacia el migrante que justificara su existencia. Y, quizás peor, buena parte de sus funciones ya correspondían a otras instituciones. La salud del migrante es responsabilidad constitucional del Ministerio de Salud. Su atención en el extranjero, de la Cancillería. La política migratoria, de la institucionalidad creada por el Código de Migración. Y así, la lista continúa. Esta duplicidad desperdicia recursos; pero, peor aún, todos sabemos qué sucede cuando la misa se le responsabiliza a más de un padre.

Quienes proponen “buenos candidatos” y quienes buscan representación terminan tropezándose entre sí para dar paso al favorito en este tipo de carreras.


Y, desde luego, después viene el dinero. Conamigua ha consumido millones de quetzales. Se justifica con la tragedia real y estructural llamada migración masiva. Pero sus fondos se van desproporcionalmente a salarios, funcionamiento, oficinas y burocracia. Según recuerdo, se reportó que cuatro quintas partes de su presupuesto se dirigían a salarios y funcionamiento. Las remesas, producto del sacrificio en el exterior, acompañaron esa historia, y mientras más crecieron, más creció la tentación por echar cuchara. Los diputados aprobaron una ley que le daría un presupuesto comparable al de un ministerio mediano. Por fortuna, nunca les han soltado semejante monto.


Lo más penoso viene aquí. Con ese historial, el ciudadano honrado esperaría que academia, sociedad civil, organizaciones migrantes y políticos comprometidos con la agenda anticorrupción coincidieran en no seguir alimentando al engendro. Pero, llegada cada elección, la tentación se mira asomar. Quienes proponen “buenos candidatos” y quienes buscan representación terminan tropezándose entre sí para dar paso al favorito en este tipo de carreras. Conamigua es una rodaja del pastel que se reparten los diputados al distribuir el poder. Una institución creada para repartir plazas entre afiliados termina hoy haciendo exactamente esa función. Y “los buenos” nunca entendieron que no hay que sentarse con un tahúr a su propio juego.


Conamigua y su existencia por casi 20 años es el cuento de una tragedia. Justifican su existencia con los millones viviendo en el exterior y otros millones necesitando irse. Mientras, nuestro Estado insiste en estar diseñado únicamente para quienes permanecen adentro de sus fronteras. Aún faltan labores de documentación y protección real en una era distópica que cada vez se vuelve más amenaza. Faltan asesoría y soluciones legales para las familias partidas entre dos países. Hay necesidades reales desatendidas, justificadas con un dinosaurio que cada vez se vuelve más robusto. Ahora viene otra vuelta al sol. O al infierno, como se quiera ver. Preguntarnos quién administrará el engendro será nuevamente más fácil que poner sobre la mesa la pregunta evidente de por qué lo seguimos alimentando.

ESCRITO POR:

Pedro Pablo Solares

Especialista en migración de guatemaltecos en Estados Unidos. Creador de redes de contacto con comunidades migrantes, asesor para proyectos de aplicación pública y privada. Abogado de formación.