Civitas

Un poco de optimismo, por favor

¿Realmente tenemos buenas opciones para las elecciones del 2027? ¿Qué tendría que cambiar en el sistema para producir mejores resultados?

Recientemente he tenido la oportunidad de conversar sobre el futuro del país con personas de distintas generaciones. Aunque esperaba encontrar diferencias extremadamente marcadas en la forma de entender el momento político actual, me sorprendió descubrir cuánto se parecen nuestras preocupaciones.


Hablando de las próximas elecciones, de los partidos políticos y posibles candidatos que van surgiendo, las preguntas que se repiten son similares. ¿Realmente tenemos buenas opciones para las elecciones del 2027? ¿Qué tendría que cambiar en el sistema para producir mejores resultados? ¿Es necesario cambiar las reglas del juego o los incentivos? ¿Cómo construimos instituciones que funcionen y puedan resistir los mil y un intentos de captura de quienes quieren utilizarlas para su beneficio?


Al final, la preocupación tanto para jóvenes como para personas mayores es si estamos avanzando hacia un país donde las cosas funcionen. Donde las instituciones sean capaces de cumplir con su trabajo. Donde la ley importe, tenga límites y se aplique a todos por igual. Donde participar en política no signifique resignarse a escoger entre partidos de cascaron u opciones que no convencen.


A pesar de estas preocupaciones compartidas, lo que cambia de una generación a otra es la manera de mirar estos problemas.

Muchas transformaciones no requieren solo de la fuerza de diagnósticos perfectos.


Quienes tienen más años son escépticos, lo cual no es novedad para nadie. Han pasado más tiempo viendo gobiernos, reformas, promesas y elecciones que no llegaron a ninguna parte y lo más probable es que han escuchado muchas veces lo mismo de siempre; “ahora sí será diferente”. Quizá la experiencia tiene un costo. El de aprender a desconfiar de las soluciones demasiado fáciles.


En los jóvenes también encontré frustración, un poco de catarsis y cuestionamientos frente a un sistema político que lleva demasiado tiempo produciendo los mismos problemas. Noté cansancio, pero sí había algo distinto. Después de sacar esa preocupación y hablar de todo lo que está mal con el país, no necesariamente la conclusión era de desconfiar de todo y que no había arreglo. Más bien, era el inicio de otra conversación, respondiendo a la pregunta de entonces, ¿por dónde empezamos?


Ahí radica la diferencia generacional que noté. A veces, quienes llevan tiempo analizando los problemas públicos caen en la trampa de querer entender todo antes de encontrar una solución. Identificar claramente el incentivo perverso, diagnosticar cada institución que falla, cada reforma hasta la última coma, cada actor y demás. Y claro, todo eso importa porque las soluciones serias requieren conocimiento y evidencia. Sobre todo, paciencia. Pero también pueden volverse agotadoras.


Muchas transformaciones no requieren solo de la fuerza de diagnósticos perfectos. Requieren valentía y una energía que aparece justo cuando creemos que las cosas pueden ser distintas. Es una disposición a intentar, a conversar, a participar y construir aun cuando no haya garantías de que vaya a funcionar. Es ese idealismo propio de la juventud. Que, ojo, no siempre es ingenuidad, es proactividad.


Probablemente eso es lo que más necesitamos de cara al 2027 y también de cara al 2031. Suficiente escepticismo para no creer en las soluciones fáciles, pero también suficiente idealismo para no convencernos de que nada puede cambiar. Porque el camino frente a la corrupción, el crimen organizado y frente a quienes buscan el poder público para su propio interés no está fácil. Quizá el país también necesita algo que ninguna ingeniería institucional puede producir, y es que los ciudadanos todavía creamos que vale la pena construir país.

ESCRITO POR:

Christa Walters

Politóloga egresada de la Universidad Francisco Marroquín. Presidenta Ejecutiva del Movimiento Cívico Nacional, una asociación civil que promueve la consolidación de una verdadera República en Guatemala.