Meta humanos
De realidades que empeoran futuros deseables
¿Qué pasaría si dejáramos de ver los barrancos como límites y comenzáramos a entenderlos como conectores?
Marta vive en El Milagro, zona 6 de Mixco. Se levanta a las 4 de la mañana y a las 4.45 ya está esperando el bus. Se ducha por las noches para ahorrar tiempo. Por las mañanas, si tiene suerte, viaja sentada junto a la ventana; por las tardes viaja de pie, donde, a pesar de su corta edad, se pueden ver las señas de las várices en su piel, las cuales se deben a su necesidad de pasar entre cuatro y cinco horas diarias en el transporte público.
Deberíamos estar diseñando el territorio de los próximos 20 o 30 años.
Andrés tiene una rutina parecida. Es estudiante universitario y trabaja. Vive en la Primero de Julio. Entre cuatro y seis horas de su día transcurren dentro del transporte público. Viaja con la mochila al frente, cuidando sus pertenencias.
Ellos no solamente pagan el costo del transporte. Pagan con su tiempo la falta de planificación de la ciudad. Siendo amigos, encontrarse en algún punto parece un recorrido demasiado largo a pesar de que no viven tan lejos en distancia. En la geografía los divide un barranco, que se podría cruzar con tan solo 273 metros de largo.
Mixco ha crecido durante décadas sin una visión territorial capaz de anticipar sus necesidades. Sus calles soportan volúmenes de vehículos para los que no fueron diseñadas y sus conexiones siguen dependiendo de pocas vías que terminan concentrando el tráfico.
Y ante cada nuevo congestionamiento es más fácil pensar en pasos a desnivel en vez de transformar la lógica de movilidad, trasladando el problema unos metros más adelante. Los mixqueños sufren con las más de 3.5 horas que pasan al trasladarse por la construcción de otro paso a desnivel.
Hoy busco que muchos reconozcamos que los barrancos han sido históricamente tratados como espacios residuales. Allí terminan basura, aguas servidas y, en muchos casos, viviendas de poblaciones excluidas en zonas de alto riesgo.
Pero ¿qué pasaría si dejáramos de ver los barrancos como límites y comenzáramos a entenderlos como conectores? Algunos barrancos podrían incorporar, bajo criterios ambientales y técnicos, puentes ciclopeatonales, senderos, parques urbanos e infraestructura verde. Podrían conectar comunidades que hoy requieren largos recorridos para llegar de un punto a otro. Como ejemplo; desfogar a los cien mil habitantes de la zona 6 de Mixco que fácilmente podrían moverse entre zonas a través de puentes peatonales. Pero para ello no se trata de construir por construir. Se trata de planificar el territorio para que la infraestructura responda a una visión de ciudad.
Imaginemos que Marta pudiera recorrer parte de su camino caminando o en bicicleta por conexiones seguras. Que Andrés pudiera encontrarse en algún parque de la ladera con ella sin tener que sumar dos o tres horas adicionales a su jornada. Eso es movilidad.
El verdadero problema de Mixco y la metrópolis no es únicamente el tráfico; es que seguimos pensando en soluciones para el presente cuando deberíamos estar diseñando el territorio de los próximos 20 o 30 años.
Una ciudad no cambia por la cantidad de obras que inaugura (qué bueno fuera que hubiera, pero no las hay), sino por la capacidad de esas obras para formar parte de un proyecto territorial coherente.
Mixco necesita pensar en movilidad, vivienda, ambiente, espacio público y crecimiento urbano como partes de una misma estrategia. Necesita dejar de administrar únicamente las emergencias y comenzar a construir una visión de largo plazo. Porque Marta y Andrés no necesitan solamente llegar más rápido. Necesitan recuperar las horas de vida que la ciudad les está quitando.
Para lograrlo, Mixco debe dejar de preguntarse únicamente qué obra construir mañana y comenzar a preguntarse qué ciudad queremos construir para las próximas generaciones.