Aleph
Cooperación: “acción de trabajar juntos”
La cooperación canadiense ha favorecido el desarrollo económico inclusivo.
Siempre he pensado que una buena cooperación internacional es aquella que hará posible que un día esa cooperación ya no sea necesaria. Pero en donde falta Estado y sobran la corrupción y la debilidad institucional, como en nuestro caso, la cooperación puede servirnos para avanzar. Claro que, sin objetivos claros compartidos desde el inicio en una relación de “socios” y sin una estrategia adecuada de salida, puede generar dependencia excesiva. Por ello, según su intención, la cooperación puede ser puente, muleta, respiración artificial, andamiaje o motor.
Esa cooperación ha dejado huella en nuestro país y ha contribuido a fortalecer nuestras instituciones.
La cooperación Norte-Sur, Sur-Sur, multilateral o triangular, define procesos distintos; una se basa en el dicho “quien paga los mariachis, elige las canciones”, mientras otras pueden traducirse en ayuda mutua, intercambio de saberes y agendas estratégicas. Hoy, quiero hablar particularmente de una cooperación que, durante más de medio siglo, ha contribuido al logro de avances significativos en Guatemala: la canadiense. A partir de objetivos comunes, agendas estratégicas compartidas y responsabilidades claras, esa cooperación ha dejado huella en nuestro país y ha contribuido a fortalecer nuestras instituciones, probándonos que la cooperación no es solo aquella que financia proyectos.
Aún más importante, ha contribuido a transformar vidas de manera significativa. “Un ejemplo de ello”, dice una persona entrevistada, “es la oportunidad que alrededor de treinta mujeres indígenas tuvieron de cursar una Maestría en Derechos Humanos en la Universidad Rafael Landívar, gracias a becas otorgadas íntegramente por el Gobierno de Canadá, en el marco de un proyecto desarrollado conjuntamente con la Universidad de York y la Universidad Rafael Landívar. Más que una oportunidad académica, esta iniciativa significó una apuesta por el fortalecimiento de las capacidades de mujeres indígenas que, después de graduarse, han ocupado diversos cargos y asumido importantes responsabilidades en distintos ámbitos de la vida pública y profesional del país. Son profesionales que hoy aportan sus conocimientos y experiencia a la construcción de una sociedad más justa y al fortalecimiento de los derechos humanos en Guatemala”.
La cooperación canadiense ha favorecido el desarrollo económico inclusivo, la resiliencia frente al cambio climático, entre otros, y ha acompañado procesos de enorme importancia para la justicia y los derechos humanos, como el caso de Dos Erres, una de las masacres más emblemáticas del conflicto armado interno. Con ello, Canadá ha contribuido a mantener viva la exigencia de verdad, justicia y reparación para las víctimas. Particularmente, el tema de cooperación en materia de justicia especializada me interesa. Muchas personas que han sido víctimas de diversos delitos desisten de denunciar y seguir sus casos en el sistema de justicia de Guatemala. No es casualidad. Repetir la misma declaración muchas veces a viva voz, frente a distintas personas, incluyendo el agresor, no solo las revictimiza, sino que las vulnera y afecta profundamente.
Canadá ha contribuido a fortalecer en Guatemala la respuesta institucional frente a la trata de personas, ayudando a crear juzgados y tribunales especializados. Pero lo mejor de todo esto es que contribuyó a la adecuación de una Cámara Gesell, espacio seguro y protegido que permite a niñas, niños, adolescentes y otras víctimas de trata y violencia sexual prestar declaración mientras son acompañadas de profesionales especializados, sin enfrentarse directamente con las demás personas que participan en el proceso, agresores incluidos. De esta manera se reduce la revictimización y, al mismo tiempo, se garantiza que su testimonio sea recibido con las debidas garantías procesales. Todo esto habla de una cooperación que escucha el latido de un país, de ayuda mutua, de pasado, presente y futuro.