Registro akásico
Salvar a las nuevas generaciones
La expansión de la narcoactividad necesita alianza local e internacional.
Una apreciación, aunque sea superficial de México, ayuda a conocer la gangrena producida por el narcotráfico. Entre 1980 a 5, se forman grupos capitalizados por la marihuana y transitan a expender cocaína. Los jefes son Félix Gallardo, Caro Quintero y otros menores. El gobierno se esfuerza por descabezar esas corporaciones, llamadas carteles. De 1985 a 90, son fuertes en los estados del norte y Jalisco. El gobierno hace esfuerzos por controlarlos, pero las bandas multiplicadas adquieren mayor poder de fuego y mejoran su capacidad comercial. Su presencia se generaliza en todos los estados de la Federación. En el 2005 a 12, las operaciones se llaman guerra contra el narcotráfico. El Ejército se compromete operativamente. Se consiguen resultados, pero se incrementan los choques armados. Se capturan enriquecidos jefes, al mando de muchas gavillas. Se forman nuevos cuerpos de policía. Del 2012 en adelante, hay fuerte rivalidad. La lucha por monopolizar la exportación está establecida entre el cartel Jalisco Nueva Generación y el cartel de Sinaloa. Todas las bandas expanden sus operaciones y diversifican la producción con drogas de diseño. Terrible futuro.
En lugar de señalar a los verdaderos responsables —los líderes y sus grupos criminales—, se culpa al gobierno. Algunos funcionarios reciben dádivas por no interferir y, eventualmente, impedir la detención de los responsables. Alguna vez facilitan embarques, pero los verdaderos responsables son los empresarios de la droga. Los inicios de la exportación a EUA se conocen. Pilotando avionetas y formando una red de distribución, se formó el mercado de los carteles y sus compradores. Mafiosos norteamericanos aliados con otros mexicanos.
Algunos echan culpas al gobierno de EUA. Su actuación consiste en luchar contra la expansión del consumo. Se busca proteger a los incautos o jóvenes inexpertos. Para controlar, se necesita identificar a los ofertantes, pareciera que se les protege. Sin embargo, la inteligencia supone tener informantes; por ello, se reprime su crecimiento, pero se aprovecha la denuncia de sus competidores para disminuir el trasiego. Por aparte, individuos con baja estima buscan estupefacientes. Al solicitante no se le puede castigar anticipadamente. Cuando ocurren hechos ilícitos, se deben probar ante los tribunales. Claro agravante en los delitos. La niñez y juventud deben ser protegidas por natural ingenuidad y carecer de experiencia. Los centros educativos son de especial interés para proteger su entorno. Pero, ante el decidido a escoger el camino de la degradación, poco se puede hacer. Se establecen zonas bajo control para impedir nuevos consumidores. En resumen, se trata de un asunto complejo; conseguir la erradicación es difícil.
Con pleno respeto a las garantías constitucionales se combate el sucio negocio de la droga
Se hace referencia a estos grandes países, pues la narcoactividad ya está establecida. Hoy, organizaciones criminales locales han ingresado de lleno en este negocio. Cada vez más, aparecen cadáveres descuartizados, se generan balaceras en las calles y pronto habrá más hechos en restaurantes y centros nocturnos. Crece el poder de fuego, los carteles mexicanos han encontrado socios y corrompen a malos policías.
Sin embargo, una parte de la sociedad desea proteger a las nuevas generaciones; hay autoridades rechazando el sucio negocio. No solo se trata de cuerpos de policía especializados, tampoco de convocar al Ejército o impedir el acceso a políticos deudores de dádivas. Es un asunto donde debe haber una alianza internacional con EUA y México, un compromiso inquebrantable de autoridades decentes y la condena por líderes morales al sucio negocio.