Guatemala No Se Detiene
Lo que puede aprender Guatemala de un pequeño pueblo lituano sobre turismo sostenible
Druskininkai encontró en su patrimonio natural y cultural una vía de desarrollo para cambiar la desesperanza por un futuro turístico.
En tan solo 20 años, Druskininkai logró invertir las cifras: 80% de empleo y 20% de desempleo. (Foto Prensa Libre: Magnific)
Un rincón del alma en Europa del Este, ubicado al norte de Europa y vecino de Belarús, Polonia, Rusia y Letonia. Su capital, Vilna, remonta sus orígenes políticos al siglo XIII, como Estado medieval.
Fue primero un gran ducado independiente con Mindaugas; luego se unió a los duques lituanos y fue invadido por los reyes mongoles de la Horda de Oro. En 1385 se unió a Polonia tras la coronación del rey Vladislao II Jogaila y, en 1401, Vitautas se proclamó gran duque de Lituania y se disolvió la unión de los dos países.
En el siglo XV, los miembros patrilineales de la dinastía gobernante lituana Gedimínida-Jagellón gobernaban Lituania y Polonia, así como Hungría, Croacia, Bohemia y Moldavia.
Posteriormente, fue incorporada a Rusia en 1795, bajo el reinado de Catalina II de Rusia. Tras un proceso de desintegración que duró todo el siglo XVIII, volvió a ser un país soberano e independiente en 1991.
Hoy, luego de 35 años, es considerado un país desarrollado y de ingresos altos, por lo que se le puede catalogar como un país rico según los estándares internacionales.
Tuve la dicha de ser invitada como embajadora en Turismo de Guatemala ante la Federación Europea de Turismo Rural, o EuroGites, conformada por 28 países de Europa, con una asociación afín en la búsqueda de fortalecer y desarrollar el turismo rural europeo. La sede de dicho congreso fue Druskininkai, un pueblo verde y hermoso vecino de Polonia.
Lección turística de Lituania
La lección más impactante fue la de un joven alcalde de Druskininkai, quien, al recibir la ciudad en 1991, encontró un 20% de empleo, frente a un 80% de desesperanza y carencia de fuentes de trabajo.
Hizo un análisis histórico de lo que Druskininkai había representado para la realeza rusa y de sus valores naturales, entre ellos sus aguas termales, aprovechadas desde 1910. Tras rescatar los valores naturales y culturales de la ciudad, tomó la decisión, con una gran planificación a largo plazo, de convertirla en lo que es hoy: una ciudad balneario a orillas del río Nemunas, en el sur de Lituania, cerca de las fronteras con Bielorrusia y Polonia.
Cuenta hoy con una población joven de 12,999 habitantes y se convirtió en una fuente de oportunidades de empleo en el turismo de salud y de naturaleza, ideal para que las parejas jóvenes encontraran un lugar sano, seguro y con trabajo. Esta transformación se pudo apreciar en tan solo 20 años, al invertir las cifras: 80% de empleo y 20% de desempleo.
Se reconstruyeron antiguas instalaciones de balnearios y hoteles del siglo XIX, así como spas, museos, arenas de nieve y restaurantes. También se impulsaron operadores turísticos y servicios de guías de turismo. La alcaldía construyó un teleférico que permite disfrutar del río Nemunas. Además, existen reservas naturales privadas y nacionales que velan por la conservación y protección de los recursos.
Viajar es invertir en felicidad, pero desarrollar y planificar oportunidades por medio del turismo sostenible significa impulsar acciones amigables y respetuosas con el ambiente y la cultura local, además de generar empleos e ingresos para las comunidades.
Lietuva, ačiū labai. ¡Muchas gracias, Lituania!
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