Si me permite
En la recta final del año, evaluemos las metas
El avance logrado con un constante evaluar seguramente forma un progreso de beneficio.
“El progreso es imposible sin el cambio, y los que no pueden cambiar sus mentes no pueden cambiar nada”. George Bernard Shaw
Los planes y proyectos que nos trazamos en cada etapa de nuestra vida están estructurados de inicio hasta la conclusión para que puedan ser no solo funcionales, sino también para que nos puedan traer un provecho en todo lo que hacemos; pero, como esto involucra tiempo, además de muchas otras cosas, debemos reconocer que lo que nos rodea no está estático.
Las cosas cambian, por lo cual debemos tener esto presente y tener la disponibilidad de reconsiderar las cosas, especialmente aquellas que hayan cambiado.
Seguramente, cada uno de nosotros nos trazamos metas y elaboramos planes al iniciar el año y, con toda diligencia, hemos podido llegar a la mitad del año con el favor y la bondad de Dios.
Por eso mismo, sería de sabios hacer un alto, valorar el avance alcanzado, y poner sobre la mesa nuestros planes y proyectos para ver si no habrá que hacer algunos ajustes a todo lo que nos proponemos hacer.
La tarea de reevaluar no es cambiar necesariamente los planes que nos hemos trazado, mucho menos un cuestionamiento a lo que no propusimos hacer, pero sí es observar con el debido cuidado los detalles que forman parte de nuestro proyecto y considerar si hay espacios donde algunas mejoras habrán de darle mayor provecho a lo que estamos trabajando y viendo el destino que nos hemos trazado.
Cuando podemos detenernos para evaluar lo que hemos logrado, podemos hacer ajustes que favorecen.
Seguramente conocemos de personas que, cuando trazan un proyecto, no se detienen ni un momento hasta llegar al final, pero también está la realidad de que, llegando a terminar lo que se estaba haciendo, se observan aspectos en los que se podrían haber hecho ajustes y algunos cambios mínimos, con lo cual el trabajo final habría de ser mucho más eficiente.
Cuántos proyectos nuestros en el proceso recibieron alguna sugerencia, o bien, alguna recomendación y, por haberlas escuchado y aceptado, el trabajo que se logró no solo es mucho mejor, sino que en algunos casos es más funcional.
No hay duda, nadie en este mundo lo sabe todo y entiende todo, pero estamos rodeados de personas que nos observan y se toman el tiempo de opinar y sugerir cambios, los cuales, una vez evaluados, mejoran nuestro proyecto.
Desde que iniciamos el año, hemos cambiado en muchas cosas. Hemos avanzado en nuestra edad. Seguramente, hemos adquirido más experiencia y estas adquisiciones deberían verse reflejadas de alguna manera en los planes que nos trazamos al inicio del año.
Hay muchas cosas que, al inicio del año, no estaban claras y tampoco se esperaba que nos sucedieran, pero no las pudimos evitar y han sucedido; por lo mismo, deberíamos preguntarnos si las cosas que nos propusimos todavía son factibles o deberán ser de alguna manera reconsideradas, no solo para mejorarlas aceptando que en el momento de la planificación las cosas no estaban igual que en este momento en el que debemos de ejecutar.
El progreso en el tiempo y en el espacio es como la función de nuestros ojos que en cada parpadeo se reenfocan y mejoran la imagen que percibimos, y de esa manera podemos tener una clara y certera visión, no para que otros estén informados, sino para que nosotros podamos decidir cuál es el próximo paso que nos toca dar y así avanzar.