Con otra mirada

Las distintas lecturas del 12 de octubre

En América todos tenemos algo de sangre originaria. Algunos en las venas y otros en las manos.
 

Por naturaleza, el hombre es un ser migrante. Lo ha sido desde que sus ancestros bajaron de los árboles, condicionados por el medio y la búsqueda de alimento y mejores condiciones para subsistir. Quien a estas alturas tenga alguna duda, hágase la prueba de ADN y descubrirá sus orígenes africanos; esté en donde esté, venga de donde venga y luzca como quiera que luzca.


Una vez dominada la agricultura se hizo sedentario, construyó su hábitat, se organizó socialmente, creó cultura y se desarrolló. Por trabajo se dividió en clases; las ciudades crecieron y el poder político se asentó. Surgieron las rivalidades por el control y la necesaria e inevitable expansión de ese poder; necesidad que dio lugar a la invasión y conquista de otros territorios para su propio beneficio y engrandecimiento.


Para la cultura occidental el foco de la civilización estuvo en Europa Central, cuya historia conocemos. Historia de invasiones, conquistas, dominaciones, intercambios culturales e imposiciones, enriquecidas por los aportes llegados de la India, el Medio y Lejano Oriente por la vía del comercio y trasiego de viajeros y mercaderías… y el inevitable mestizaje. El resultado fue el Renacimiento. Movimiento cultural, político, económico y comercial surgido en Florencia, que los historiadores sitúan a partir de 1492; año en que España “descubrió América” en su intento por encontrar una vía más segura para llegar a la India y fortalecer su comercio.

Derivado del fuerte influjo del Renacimiento, España tuvo la oportunidad de construir un Nuevo Mundo.


Pero es el caso que, desde siglos atrás, América ya existía. Inmenso territorio en el que florecieron importantes culturas cuyo desarrollo urbano, arquitectónico, artístico, cultural, astronómico, científico y comercial, hoy sorprende; sobre todo porque el proceso de conquista lo intentó destruir y superar, imponiendo una nueva cultura, relegando aquel legado al ninguneo y al olvido. A pesar de la sangre derramada, se produjo el mayor hito de mestizaje de la humanidad… Cosa que no debe ser soslayada, ni dejar de hacer comparaciones, como lo mal actuado por otras potencias conquistadoras en otras partes del mundo: Francia, Bélgica e Inglaterra, en África, Oriente Medio y Lejano, con sus actuales y dramáticas consecuencias migratorias.


En América en cambio, si bien hubo imposición, esclavitud y saqueo, que no fue política real sino desfachatez de conquistadores ante la incontrolable oportunidad para hacer fortuna, se construyeron ciudades, se instituyeron hospitales, escuelas y universidades.


Derivado del fuerte influjo del Renacimiento, España tuvo la oportunidad de construir un Nuevo Mundo. Su primera imposición fue la religión y fue contundente. Construyó las primeras iglesias sobre los templos de las más importantes ciudades subyugadas e impuso la traza urbana derivada del castro romano (fortificación amurallada) y las dos calles que se cruzan al centro: el cardo (norte-sur) y el decumanus (oriente-poniente), que sirvió de modelo para el nuevo orden, es decir, la retícula ortogonal, regular y cuadrada, en la que las calles se cruzan a 90°.


Aporte que España dio al urbanismo mundial y que en América está plenamente representada por más de 230 ciudades fundadas hacia 1580, que hoy siguen vigentes. Algunas han sido reconocidas por la Unesco, como de valor excepcional e incluidas en la Lista de Patrimonio Mundial, como un bien cultural de la Humanidad.


Así, pues, el 12 de octubre tiene varias lecturas. Para España es el Día de la Hispanidad. Para otros, como Eduardo Galeano, es el día del exterminio de los pueblos originarios: “En América todos tenemos algo de sangre originaria. Algunos en las venas y otros en las manos.” Y ambos tienen razón.

ESCRITO POR:

José María Magaña

Arquitecto -USAC- / Conservador de Arquitectura -ICCROM-. Residente restauración Catedral Metropolitana y segundo Conservador de La Antigua Guatemala. Cofundador de la figura legal del Centro Histórico de Guatemala.