La Antorcha

La izquierda: huérfana y sin rumbo

Los tiempos en América Latina han cambiado.

El último y el más importante bastión de la izquierda progresista y socialista en América Latina, liderado por Luiz Inácio Lula da Silva, el longevo presidente del Brasil, está en un indefectible ocaso político.


Lula, que aspira a un cuarto período de gobierno, llegó muy debilitado a la primera vuelta electoral del 4 de octubre pasado frente a una fortalecida derecha brasileña, articulada alrededor del senador Flávio Bolsonaro. Los resultados estuvieron muy cerca de otorgarle una mayoría en la primera vuelta, desmitificando las encuestas que anticipaban una victoria holgada de parte de Lula.


En el balotaje previsto para el próximo domingo 25 de octubre se definirá más allá del rumbo político interno del Brasil, su proyección global y regional como la potencia económica de mayor peso de América Latina. A lo largo de los años en que le ha tocado gobernar, Lula ha desarrollado en el ámbito internacional una relación económica en conjunto con China, Rusia, India y Sudáfrica, en los llamados BRICS, grupo que se ha ampliado a otros países relevantes que en suma ejercen influencia en la economía global. Esto sin descuidar, pero sin llegar a privilegiar, su relación económica y política con Occidente.

Condeno enérgicamente el asesinato del Lic. Juan Francisco Solórzano Foppa, que evidencia nuevamente la gravedad de la situación de seguridad ciudadana del país.


El Brasil izquierdista de Lula se posicionó como un consistente apologista, especialmente de los regímenes marxistas de Cuba y, en su momento, del chavismo venezolano que abanderaba el mal llamado socialismo del siglo XXI. Ambos regímenes, antidemocráticos y represivos de las libertades fundamentales, mantuvieron una estrecha, bien coordinada y extraordinaria relación estratégica de carácter político, ideológico y de cooperación en diversos ámbitos, que incidió en América Latina y el Caribe a favor de los movimientos izquierdistas instrumentalizados que participaban en procesos electorales democráticos.


La izquierda llegó a alcanzar una mayoría relativa de gobiernos que le permitió constituir la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), que fue formalmente conformada en el 2011 en Caracas, presidida por Hugo Chávez, alfil del régimen cubano y la principal fuente de cooperación financiera del continente de los diversos movimientos y gobiernos de izquierda. La Celac fue un foro multilateral alternativo a la OEA, que a su vez le abrió un amplio espacio político a la China.


Los tiempos en América Latina han cambiado. Los pueblos del continente, decepcionados y cansados de los ofrecimientos engañosos de la izquierda, se han volcado en los procesos electorales democráticos a favor de candidatos que representan una derecha renovada y disruptiva con la esperanza de mejorar sus condiciones de seguridad, económicas y sociales.
La salida eventual de Lula da Silva de la escena política brasileña cerraría un ciclo histórico de la otrora beligerante, divisiva y dogmática izquierda latinoamericana.


En Guatemala, que tendrá elecciones generales el año próximo, la izquierda no solo está huérfana y sin rumbo, está sin electorado y sin organización sostenible. El fracaso rotundo y decepcionante del gobierno de Arévalo, que despertó la euforia de toda la izquierda progresista y socialista, ha dilapidado su capital político dejando al descubierto la ausencia de un proyecto nacional viable. Las condiciones están dadas para un giro nacional hacia una derecha democrática, renovada, íntegra, ilustrada con competencia técnica y visión global, que se integre con liderazgo y efectividad en la corriente de naciones que en América Latina ya le dieron la espalda al socialismo del siglo XXI.

ESCRITO POR:

Luis Fernando Andrade Falla

Posgrado en Relaciones Internacionales, Universidad de Georgetown Washington, D.C. USA 1994-1995. Licenciatura en Ciencias Económicas por la Universidad Francisco Marroquín. Catedrático universitario. Contacto: lfandradef@hotmail.com