Escenario de Vida
Turismo sin patrimonio mata a la gallina de los huevos de oro
Debo enfatizar mi beneplácito en que el INGUAT se modernice, pero sin que se afecte a otras instituciones.
Guatemala tiene una riqueza extraordinaria que el mundo desea conocer: sus selvas, manglares, volcanes, lagos, playas, áreas protegidas y los majestuosos vestigios de la civilización maya. Ese patrimonio natural y cultural es mucho más que una herencia histórica; constituye uno de los principales atractivos para desarrollar el turismo.
Por eso, al conocer el dictamen favorable de la Comisión de Turismo del Congreso de la República a la iniciativa 6811, surge una preocupación que merece atención urgente: ¿podemos fortalecer la promoción turística del país mientras debilitamos financieramente a las instituciones responsables de conservar aquello que los visitantes vienen a admirar?
La modernización del Inguat es una buena idea, pero merece estudiarse seriamente. El desarrollo turístico no puede planificarse como si la conservación del patrimonio natural y cultural fuera un asunto secundario.
Digo esto pues el dictamen de la Comisión de Turismo, fechado el 9 de septiembre de 2026, propone modificar la distribución del impuesto de salida aérea que actualmente se distribuye entre el Ministerio de Educación, el Inguat, Aeronáutica Civil, el Ministerio de Cultura y Deportes y el Consejo Nacional de Áreas Protegidas (Conap). La nueva propuesta establece una distribución de 65% para el operador de aeródromos y 35% para el Inguat, pero elimina Educación, Cultura y Deportes y Conap por esa vía.
El Instituto de Antropología e Historia (Idaeh) conserva sitios arqueológicos, monumentos históricos y museos. Conap conserva la biodiversidad de áreas protegidas, sitios paradisíacos y la administración del Sigap.
No matemos la gallina de los huevos de oro. El patrimonio natural y cultural de Guatemala no es un gasto prescindible: es la base de una parte esencial de nuestro futuro turístico.
Estas instituciones necesitan recursos para proteger, vigilar y mantener los tesoros nacionales. Sin suficientes guardarrecursos, equipos, infraestructura y capacidad operativa, nuestras áreas protegidas quedan más expuestas a los incendios forestales, la tala ilegal, las invasiones y otras actividades ilícitas. Sin financiamiento adecuado para la conservación arqueológica, los sitios mayas también corren mayores riesgos de deterioro, saqueo y pérdida irreparable.
Imaginemos al turista que viaja desde otro continente para conocer Tikal, recorrer nuestros bosques tropicales o descubrir los paisajes de la costa del Pacífico. ¿Qué impresión se llevará si encuentra senderos abandonados, servicios deficientes, áreas naturales deterioradas o vestigios arqueológicos sin protección suficiente? ¿Volverá? ¿Recomendará Guatemala como destino?
No basta con atraer visitantes: hay que garantizar que encuentren un patrimonio vivo, protegido y digno de admiración.
El turismo y la conservación no son objetivos contrapuestos. Son dos caras de una misma moneda. El Inguat puede promover destinos y facilitar inversiones, pero necesita que las instituciones ambientales y culturales conserven esos lugares a largo plazo. Una campaña publicitaria no puede sustituir a un guardarrecursos que vigila un bosque, ni a un especialista que protege una estructura arqueológica milenaria.
Mi llamado a los diputados es que retomen el análisis de la iniciativa 6811 y revisen cuidadosamente las consecuencias de la nueva distribución tributaria. Antes de aprobarla, deben evaluar con cifras cuánto dejarían de percibir las instituciones afectadas, qué servicios podrían comprometerse y cómo se garantizará la continuidad de sus responsabilidades. También deben explorar mecanismos que permitan modernizar el Inguat sin desfinanciar la protección del patrimonio.
No matemos la gallina de los huevos de oro. El patrimonio natural y cultural de Guatemala no es un gasto prescindible: es la base de una parte esencial de nuestro futuro turístico.