Escenario de Vida
Guatemala ante la urgencia climática
Guatemala se prepara para el evento mundial de cambio climático llamado COP31.
Encontrándome actualmente en Río Dulce, donde durante tres días consecutivos he vivido una especie de diluvio, con lluvias que apenas dan tregua durante cinco minutos entre largos intervalos de precipitación, no puedo dejar de pensar en la urgencia que tiene Guatemala de conseguir financiamiento internacional para enfrentar el cambio climático.
Detrás de cada inundación, sequía o cosecha perdida hay miles de guatemaltecos del interior del país: gente buena, trabajadora y llena de ilusiones, que lucha diariamente por prosperar. Si no actuamos a tiempo, sus sueños y su sustento pueden verse gravemente afectados. Y si se confirma la llegada de un fenómeno de El Niño de gran intensidad, los riesgos podrían agravarse. Ante semejante desafío, las soluciones no pueden esperar.
Rita Mishaan, embajadora en temas Ambientales y Cambio Climático y representante de Guatemala en la Asociación Independiente de América Latina y el Caribe (Ailac) [MOU1.1], participó en días pasados en la pre-COP31 en Fiyi, en conversaciones preparatorias de países de la región para coordinar posiciones en las negociaciones climáticas internacionales previamente a la Conferencia de las Partes sobre Cambio Climático (COP31), que se celebrará en noviembre en Antalya, Turquía, del 9 al 20 de noviembre del 2026. Allí se sumarán las voces para defender intereses compartidos frente a un desafío que ningún país puede resolver por sí solo.
Nuestro país debe proteger el agua, los bosques, la producción agrícola y fortalecer la resiliencia de las comunidades.
En su intervención, la embajadora Mishaan destacó que las decisiones finales deben reflejar los acuerdos alcanzados entre los países, mediante procesos transparentes, inclusivos y basados en el consenso mejorar el funcionamiento de las negociaciones internacionales, evitando la duplicación de iniciativas y las estructuras innecesarias. Entre los temas que Ailac enfatiza, la adaptación es una de las prioridades: preparar a las comunidades para enfrentar sequías, inundaciones y otros impactos climáticos. Para ello, no basta con establecer indicadores y planes técnicos; se necesitan recursos previsibles, capacitación y transferencia de tecnología. Además, también impulsa triplicar el financiamiento destinado a la adaptación para 2035 y promover una transición justa hacia economías más sostenibles, sin dejar atrás a trabajadores, pueblos indígenas ni comunidades vulnerables. Por lo que el acceso al financiamiento es fundamental.
En la COP31, nuestro país debe defender con claridad sus necesidades: proteger el agua, los bosques y la producción agrícola; fortalecer la resiliencia de las comunidades y conseguir apoyo para enfrentarnos ante fenómenos climáticos cada vez más severos.
Para nuestra embajadora, el mensaje es que la única forma de reducir el calentamiento planetario es a través de la reducción de los gases de efecto invernadero (GEI), ya que esto sigue aumentando. El mundo tiene que escuchar a la ciencia y tomar las decisiones acertadas recalca la embajadora. Finalmente, enfatiza prestar atención al informe del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma), basado en datos científicos, advirtiendo que estamos a punto de exceder la Temperatura de 1.5 °C. y nos alerta por estar al límite, ¡al límite del punto de no retorno!
Yo considero que no podemos controlar los fenómenos climáticos globales que nos afectan. Pero sí podemos prepararnos, construir alianzas y exigir que los compromisos internacionales se traduzcan en acciones. Desde Río Dulce, mientras contemplo cómo la lluvia sigue cayendo, pienso en lo que sigue: los deslaves e inundaciones y en las familias guatemaltecas que viven de la tierra y que esperan un futuro mejor para sus hijos. Para ellas, actuar a tiempo no es una consigna diplomática: es una necesidad urgente. La COP31 debe ser una oportunidad para que Guatemala convierta sus necesidades en soluciones reales.