Con otra mirada
La historia la escriben los vencedores
De la gesta revolucionaria de 1944 han pasado 82 años y seguimos en el mismo atraso que pretendió superar.
Como se sabe, la United Fruit Company (UFCO) llegó a ser un estado dentro del Estado en varios países americanos. En Guatemala, por su condición de primer latifundista, al poseer inmensas extensiones de tierra cultivable del país; en Izabal, más de mil caballerías de terrenos entre el lago de Izabal y el río Motagua y en Tiquisate, en el área costera del Pacífico. Durante el gobierno de Jorge Ubico, gozó de importaciones libres de aranceles y exención de impuestos; ventajas complementadas con pagar salarios mínimos y concesiones para explotar los servicios públicos: el sistema ferroviario a través de su subsidiaria, la International Railways of Central America, exclusividad para el uso de Puerto Barrios, única terminal marítima del país en el Caribe para los cargueros de su compañía Great White Fleet; la generación y distribución de energía eléctrica, en manos de otra empresa estadunidense. Granjerías que cambiaron con la llegada al poder de los nuevos dirigentes, producto de la Revolución de octubre de 1944.
Ya es hora de que las estructuras que se adueñaron del país rectifiquen su actuar, que se reinventen.
Aquel hito histórico (la Revolución) fue el mejor intento por llegar a ser un país desarrollado, dejando atrás el colonialismo (1524-1821) y la república bananera en que fue convertido con la Reforma Liberal de 1871. El aborto de la Primavera Democrática (1944-54) fue causado por los intereses económicos de la UFCO, la traición del ejército nacional al servicio de la CIA y el golpe de Estado al presidente Jacobo Árbenz, en 1954.
Sin embargo, jóvenes cadetes de la escuela militar, oficiales del Ejército y ciudadanos, en diferentes tiempos, intentaron recuperar el anhelo: los cadetes, el 2Ag1954, los oficiales, el 13Nov1960, los ciudadanos en Mzo-Ab1962, acciones que derivaron en la creación de las agrupaciones revolucionarias MR13 y FAR, que dieron lugar a la guerra interna; guerra que oficialmente se dio por terminada el 29Dic1996, con la firma de los acuerdos de paz.
Ramillete de héroes forjados en los ocho pilares esenciales de la Escuela Politécnica: Honor, Deber, Valor, Lealdad, Unión, Virtud, Ciencia y Fuerza, que el sistema se negó a reconocer y, en cambio, elevó a la categoría de héroes a quienes traicionaron la Primavera Democrática, incluyendo al Ejército y su flamante líder, coronel Carlos Castillo Armas, quien tres años después, siendo presidente de facto, fue asesinado dentro del Palacio Nacional por su pretendida elección presidencial y la tradicional aversión de sus “fieles” cómplices.
De la historia escrita por los vencedores, a 72 años del derrocamiento del presidente Árbenz, quedaron los seudohéroes forjados por el aborto democrático del 54 que no alcanzaron mayor reconocimiento. Como sí lo lograron los de la Revolución Liberal de 1871, cuyas efigies inundaron las plazas de las principales ciudades. Incluso, aparecen en nuestro papel moneda, sin merecerlo. Uno de ellos regaló al Estado mexicano el territorio de Chiapas y Soconusco, mediante tratado firmado en 1882, entre los presidentes Manuel González Flores (México) y Justo Rufino Barrios (Guatemala). Localmente, Barrios despojó de tierras comunales a los pueblos indígenas para su provecho, el de sus allegados y para otorgar o vender a inversionistas extranjeros en pro del “desarrollo”, según su relativa visión.
De la gesta revolucionaria de 1944 han pasado 82 años y seguimos en el mismo atraso que pretendió superar, con el agravante de la incursión del narcotráfico en la administración pública. Ya es hora de que las estructuras que se adueñaron del país rectifiquen su actuar, que se reinventen; pues nada será lo mismo después de las demostraciones ciudadanas de 2023.