Si me permite
Más que agradar, se debe adherir a las normas
Las normas que sustentamos deberían ser entendidas como asuntos no negociables.
“Muchas veces no somos felices porque estamos ocupados en complacer a otros”. Bernardo Stamateas
Cuando hablamos de normas, entendemos que se están refiriendo a los parámetros generales que se han establecido para que con ese modo haya un correcto entendimiento en lo que se habrá de hacer en el grupo. De ese modo, no prevalecen ni la discrecionalidad ni el modo personal de ver que uno puede tener espacio alguno y, mucho menos, que alguien trate de ser imponente en un lugar donde ya hay un estilo de vida. Por esa razón, las normas tienen un perfil universal en cada localidad, lo cual lo hace inclusivo de todos los que han de participar.
Probablemente, muchas veces, por complacer a los demás, nos faltamos el respeto a nosotros mismos.
Justamente por eso, cuando hay normas establecidas, también se entienden con toda claridad qué consecuencias pudiera tener si violo las normas, entendiendo que el ignorarlas en ningún momento me habrá de librar del castigo establecido.
Por lo tanto, es muy importante, en los años formativos de niño de cada uno, ser instruido y educado para que se sepa cómo debe observar las normas que rigen en el lugar donde se encuentra. Incluso si, por alguna razón cambio de lugar de trabajo o donde vivo, tendré que informarme y aceptar las normas que los lugareños poseen para no tener problemas con ellos.
Sin lugar a dudas, en todas las relaciones que cultivamos hay una buena medida de cosas que habremos de hacer o decir para poder convivir armónicamente. Por esa misma razón se debe conocer cuáles son las normas que los lugareños tienen y saberlas asimilar. En ningún momento se me tolerará violarlas por el simple hecho de que no sea de allí.
Uno prácticamente se somete a las normas de los lugareños sin comentarios. Y, si en algún momento, por ignorancia o descuido cometo alguna falta en esas normas, debo estar preparado para presentar las disculpas del caso.
Probablemente habrá momentos en que trate de observar el cumplimiento de las normas de los que son lugareños en una modalidad simplemente aparente, para poder alcanzar algunos de los objetivos en los que estoy interesado, pero habré de tener mucho cuidado de que las normas por su naturaleza difícilmente se pueden observar de una manera superficial, sino, por el contrario, llegan a ser de alguna manera parte de uno, y cuando nos toca criar a la próxima generación se van transmitiendo en la convivencia, de tal modo que no necesitan mayor retórica o discurso para comunicarlas.
Por realidad indiscutible, cada cultura o cada región donde he decidido vivir han asimilado normas de vida que para ellas son fundamentales y también tienen su justificación.
Los de afuera somos los que debemos evaluar si podemos alinearnos con las normas establecidas, para que de ese modo nos evitemos problemas, y que la manera de convivir allí no se nos haga cuesta arriba, sino que sea placentera y, sin lugar a dudas, bien provechosa.
Con la gran cantidad de información que podemos recibir en estos días por los diferentes medios de comunicación que tenemos a nuestro alcance, podemos viajar a muchos lugares y hacer ajustes mínimos de nuestros gustos y modo de ser, para no tener que vivir momentos incómodos y engorrosos, los cuales en muchos casos son innecesarios, y así podremos disfrutar la vida en la diversidad cultural con el debido respeto a los valores que cada cultura tiene.