Registro akásico

Miedo a liberar la propuesta política

Debiera haber libertad a los partidos para presentar sus programas de gobierno.

Con la cercana convocatoria a las elecciones, aparece un llamado para impedir la manifestación de propuestas, promoción propia, crítica o apoyo a personalidades; en fin, se desea congelar el presente. En lugar de expresar razones para ilustrar a la población, la continuidad de lo establecido. Siempre darle la palabra a los mismos. En la cúpula del Ejecutivo hay personajes que han permanecido desde hace 20 años en puestos de alta responsabilidad, sin importar el partido, los altos funcionarios y hasta los diferentes cambios de política internacional. Siempre los mismos. Contra esa red de poder consolidada no se alzan voces. En su lugar, se multiplican los pedidos de controlar el discurso político, así como descabezar movimientos sociopolíticos. Hasta líderes recalcitrantes en el sindicalismo y magisterio, son los mismos, se les puede atacar públicamente, pero jamás aceptar una opción diferente.

La calificación de campaña electoral anticipada resta seriedad a las campañas políticas electorales.

En general, cuando se refieren a posiciones políticas solo se menciona la propuesta dominante, llevada adelante como política pública. Justificada en discursos presidenciales u otras autoridades, corregida y aumentada por la oficina de planificación gubernamental; pero jamás sometida a debate verdadero. Si acaso, reuniones de empleados públicos y representantes comunitarios, poco facultados para una discusión teórica y expertos en levantar manos o cartelitos. Tal orientación muchas veces es obtenida de recomendaciones internacionales, donde no existe espacio para proponer opciones diferentes. Las modas de políticas en el extranjero se asumen sin examen, son recetas para implantarse en un país subordinado. En los extintos países socialistas, el plan central era ley obligatoria. En el nuestro, aunque no existe esa formalidad, los programas de gobierno no admiten crítica. Los proyectos de inversión cortos y limitados, jamás admiten diferentes propuestas; peor aún, señalar limitaciones solo provoca ostracismo.

Pero el asunto se refiere a los llamados a evitar propuestas y discusión de los futuros programas de gobierno, bajo el pretexto de constituir propaganda anticipada. La discrecionalidad en el Tribunal Supremo Electoral sobre este tema no tiene límites. Por una parte, la secretividad de la Unidad Especializada sobre Medios de Comunicación y Estudios de Opinión (Uemceo), encargada de elaborar la infamatio como en el Santo Oficio. No expone sus averiguaciones; acepta denuncias de contendientes. Luego, la inspectoría que decide el tiempo cuando presentará la acusación para impedir a un candidato postularse. La discrecionalidad esconde complicidad.

La promoción de candidatos, siempre atrae a algunos pero deja insatisfechos a muchos. Estos no pueden impedir el pronunciamiento; para aliviar el sentimiento de impotencia, buscan callarlo, destruirlo antes de los comicios, impedir su participación, generar odio social para facilitar el veto, y la proscripción del candidato. Todo ello genera las cortas campañas de impacto, donde no hay discusión programática, sino cancioncitas, la foto retocada y lemas con poco sentido. Los llamados a controlar la propuesta política refleja conformismo, la impotencia en el ansia de control de grupos sociales: si no puedo moderarlos: ¡los callo! Por supuesto, apoyados por los grupos de presión internacionales, pues no desean elevar los gastos de campañas intrusivas, sino conseguir les salga barato el futuro condicionamiento de gobiernos subordinados, promocionados por ellos.

Urge abrir el debate programático por la veintena de candidatos. Para descubrir si solo existe en muchos la ambición desbocada.

ESCRITO POR:

Antonio Mosquera Aguilar

Doctor en Dinámica Humana por la Universidad Mariano Gálvez. Asesor jurídico de los refugiados guatemaltecos en México durante el enfrentamiento armado. Profesor de Universidad Regional y Universidad Galileo.