Alternativas

Cuando la experiencia destruye talento

La mayor contradicción laboral consiste en exigir experiencia para tareas sin futuro.

Nuestro mercado laboral vive atrapado en una contradicción que pocas personas parecen cuestionar. Muchas empresas siguen exigiendo dos, tres o incluso cinco años de experiencia para puestos de nivel inicial. El problema es que la inteligencia artificial comienza a reemplazar muchas de las tareas donde tradicionalmente se adquiría dicha experiencia. Nunca había sido tan fácil automatizar el trabajo repetitivo y, aun así, seguimos utilizándolo como requisito de contratación.


La barrera no afecta únicamente a los jóvenes. También está construida alrededor de actividades cuyo valor económico disminuye cada año. Se exige experiencia en reportes, clasificación de información, procesamiento de datos y seguimiento de procedimientos que los sistemas automatizados realizan cada vez con mayor rapidez y precisión. No es la tecnología la que desplaza a los jóvenes; son los empleadores quienes los colocan en posiciones diseñadas para ser desplazadas. Durante décadas, los puestos de entrada sirvieron para aprender un oficio. Hoy muchos se limitan a entrenar a personas para ejecutar procesos repetitivos que una máquina puede aprender más rápido y a menor costo.


En Guatemala, la situación se agrava. Las cifras oficiales de desempleo abierto rondan el 2%, pero la realidad está marcada por altos niveles de informalidad, subempleo y una proporción significativa de jóvenes que ni estudian ni trabajan. Aun así, numerosas organizaciones continúan utilizando la experiencia previa como principal filtro de selección. El mensaje implícito resulta desalentador: para ingresar al mercado laboral es necesario demostrar experiencia en tareas cuyo valor disminuye precisamente por el avance de la automatización.


La trampa tampoco afecta únicamente a las empresas. Muchos jóvenes han terminado aceptando que la experiencia consiste en acumular tiempo. Suponen que cualquier empleo representa una inversión en el futuro, sin preguntarse si las capacidades adquiridas seguirán siendo relevantes dentro de cinco años. Terminan confundiendo permanencia con aprendizaje y antigüedad con crecimiento profesional.

Las empresas dicen transformarse digitalmente, pero muchas reclutan como si siguieran en la era del papel.


Sin embargo, la experiencia que realmente importa está cambiando. Un estudiante con buenos resultados académicos ya demostró disciplina, capacidad de aprendizaje, organización y resiliencia. Son atributos mucho más difíciles de automatizar que las tareas repetitivas. Lo que debería evaluarse no es cuánto tiempo pasó alguien haciendo una tarea, sino qué tan rápido puede aprender una nueva.


Los momentos de mayor valor profesional rara vez dependen de la rutina. Durante la crisis del Apolo XIII, la rutina no salvó a los astronautas. Lo hizo la capacidad de resolver problemas inéditos con recursos limitados. La innovación rara vez surge de repetir procedimientos, sino de cuestionarlos. El Foro Económico Mundial proyecta un crecimiento acelerado de ocupaciones vinculadas con creatividad, resolución de problemas, liderazgo y adaptación al cambio. Son capacidades profundamente humanas que no se desarrollan ejecutando tareas repetitivas.


La verdadera paradoja es que muchas organizaciones invierten millones en tecnología de última generación mientras mantienen políticas de reclutamiento heredadas de la era del papel. Hablan de transformación digital, pero continúan buscando candidatos para tareas que la automatización está eliminando. La experiencia no debería ser un muro de entrada, sino una consecuencia del aprendizaje. Cuando los jóvenes son contratados para repetir, compiten con las máquinas. Cuando son contratados para pensar, se convierten en la ventaja competitiva que ninguna máquina puede reemplazar.

ESCRITO POR:

Carlos R. Paredes

Consultor en desarrollo institucional y empresarial. Máster en Economía Aplicada y Administración de Negocios. Ingeniero Mecánico Industrial. Exdirector ejecutivo del Campus Sur UVG. Exdecano de la Facultad de Ingeniería UVG. Catedrático universitario.