LIBERAL SIN NEO
El principio del final
No hay mal que dure cien años ni quien lo aguante. El populismo revolucionario de Chávez y Maduro ha dejado una tormenta de destrucción económica y desorden. Si bien a Maduro y todo su aparato bolivariano del socialismo del siglo 21 no les ha llegado su sábado, el fin de semana se acerca; es el principio del final de la pesadilla Chavista.
La economía venezolana se contraerá en 10% en el 2015 y la inflación se acercará a 300%. Inflación de este calibre es uno de los vejámenes más crueles que un gobierno puede hacerle a su pueblo. Destruye el ahorro, los ingresos, la producción y el comercio. Familias que han ahorrado toda la vida para su vivienda o vejez, ven cómo en poco tiempo sus ahorros ya no valen nada. Las personas y empresas tienen que dedicar enormes cantidades de tiempo y recursos solo para lidiar con la distorsión monetaria y a hacer cola por la escasez de todo tipo de productos básicos.
El gobierno venezolano emplea la clásica estrategia demagógica para explicar los altos índices de inflación y la escasez de productos básicos: culpa a especuladores y a la CIA, por una vasta conspiración en contra de la revolución y el pueblo. La escasez y las colas, según Maduro, son producto de la “guerra económica” librada por las élites y el “capitalismo salvaje que esconde los productos”. El único culpable es el Gobierno de Venezuela, por su ineptitud y populismo, su “Ley de Precios Justos”, control de cambios discrecional, estrangulación de la actividad productiva, saqueo sistemático del erario e invento de enemigos imaginarios. El verbo favorito de Chávez era: ¡exprópiese!
Las reservas probadas de petróleo de Venezuela son las mayores del mundo; ascienden a 297 mil millones de barriles. El petróleo representa 96% del valor de sus exportaciones; el corolario de esta dependencia es que los venezolanos tienen que importar prácticamente todo lo que consumen. El gobierno venezolano tiene el monopolio de las divisas y mantiene múltiples tipos de cambio, lo que garantiza la corrupción, el clientelismo político y la escasez.
El gobierno bolivariano y muchos analistas, también culpan del desastre y desorden económico venezolano a la baja en los precios del petróleo, pero esta es una excusa pobre; la volatilidad en el precio del petróleo es una constante, no una novedad. Cuando Hugo Chávez asumió el poder en febrero de 1999, el precio de petróleo rondaba los US$17 por barril. De allí el precio del petróleo tuvo tendencia alcista por más de nueve años, hasta alcanzar su máximo histórico, por encima de US144 por barril, en julio de 2008. Lejos de invertir los recursos de vacas gordas en su recurso clave y en la industria petroquímica derivada y la diversificación de la economía, Chávez y sus secuaces bolivarianos se dedicaron al despilfarro, el saqueo y el subsidio revolucionario. Hoy las vacas están flacas, el precio del petróleo ha caído por debajo de US$40 por barril; todavía más del doble que cuando Chávez llegó al poder.
Hoy, la infraestructura petrolera venezolana está en harapos. Cuando Chávez tomó el poder, en 1999, Venezuela había avanzado en el desarrollo de su industria petroquímica y en la diversificación de su economía. El hostigamiento y expropiación constante del empresariado nacional e internacional y las desastrosas políticas y regulaciones chavistas —ignorando los más elementales principios económicos— acabaron con la industria venezolana y profundizaron la dependencia del petróleo.
Ha surgido un contrapeso para ponerle límites a los excesos de un gobierno mesiánico que ha causado tanto daño al pueblo venezolano.