CON OTRA MIRADA

De cuando supe que era comunista

|

Con el fin de poner en orden algunos pensamientos y los pies en la tierra, hice sumas y restas con el siguiente resultado.

' Quedó claro que la realidad política y social de nuestro bello país la veíamos con otra mirada.

José María Magaña

Mis padres nacieron bajo la presidencia de Manuel Estrada Cabrera, quien gobernó 22 años (1898-1920); es el personaje central de El señor presidente, de Miguel Ángel Asturias, premio nobel 1967. Crecieron y se desarrollaron a lo largo de tres gobiernos liberales, que desde 1920 cedieron extensiones de tierra a amigos, alemanes y United Fruit Company (Ufco). El título de Maestra de Educación Primaria de mi madre (1930) está presidido por el nombre del presidente Lázaro Chacón (1926-30), a quien le sucedieron otros tres mandatarios hasta llegar a Jorge Ubico, quien gobernó de 1931 al 44, coincidente con la II Guerra Mundial.

Ubico no ocultó su talante fascista y simpatía por Benito Mussolini, Francisco Franco y Adolfo Hitler. Sin embargo, cuando EE. UU. entró a la guerra, en defensa de los bienes de la Ufco, obligó al dictador a expulsar a los alemanes del país e intervenir sus propiedades.

La revolución de octubre de 1944 fue una fiesta cívica compartida por mis padres junto a sus amigos triunviros. El movimiento generó cambios a favor de la mayoría de ciudadanos que vivía en condiciones de pobreza, sin acceso a créditos, tierra y desarrollo, en oposición al privilegio a unos pocos, quienes vieron a los revolucionarios como comunistas, en consonancia con la Guerra Fría de posguerra. Su oportunista posesión de la tierra y la pretensión de igualar las condiciones implicaba un riesgo que debía ser abortado. Y se abortó con el auxilio de la CIA, que provocó la renuncia de Jacobo Árbenz, el 27 de junio de 1954.

En casa, la calidad de los gobiernos revolucionarios fue tema de sobremesa. De aquel 54 recuerdo la portada de la revista Life, con un mapamundi en tonos grises que mostraba la inmensa masa territorial de la URSS en rojo vivo, junto a la diminuta Guatemala, dentro del gran continente americano, también en rojo, que justificaba la vergonzosa intervención.

Las clases de Estudios Sociales en el colegio exponían las desigualdades prevalecientes en los años 60, sin compromiso alguno.

Mi ingreso a la Facultad de Arquitectura (1968) coincidió con movimientos políticos mundiales: revuelta del mayo francés y la masacre en Tlatelolco, en octubre, ambos de 1968; la guerra interna iniciada en 1960, con la sociedad polarizada y una universidad enfocada en solventar los problemas de lo que se denominó Realidad Nacional. En ese contexto, la formación profesional se dio con un alto nivel académico que frenó que las diferencias de clase o ideológicas fueran relevantes, más allá de que entonces predominaban autoridades y catedráticos conservadores.

Fue en un proyecto que debía presentarse con pseudónimo que usé la contracción Che, de Chema, como me llaman. Al momento de abrir las plicas, los catedráticos, exaltados por lo que les pareció una loa al comandante Guevara, despotricaron en contra del régimen comunista cubano, enfatizando que Guatemala, gracias a la contrarrevolución liderada por el coronel Carlos Castillo Armas, se había salvado de aquel flagelo.

Aquella reacción visceral y señalamiento fuera de lugar me causó risa —que desde luego disimulé—, dándome cuenta, por primera vez en mi vida, lo que era un fascista de carne y hueso que hasta entonces no se había delatado. A pesar de ser amigos, pues nos conocíamos y compartíamos tantísimas cosas, quedó claro que la realidad política y social de nuestro bello país la veíamos con otra mirada.

Ese día supe, pues, que visto por los demás, yo era comunista.

ESCRITO POR:

José María Magaña

Arquitecto -USAC- / Conservador de Arquitectura -ICCROM-. Residente restauración Catedral Metropolitana y segundo Conservador de La Antigua Guatemala. Cofundador de la figura legal del Centro Histórico de Guatemala.