SIN FRONTERAS

Un día sin remesas

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En este 2021, los guatemaltecos que viven en el exterior están atravesando quizás la peor crisis de la historia para obtener sus documentitos de identidad. Un pasaportito. Una tarjetita consular. Un certificadito de nacimiento. En serio que es impresionante cuán miserables pueden llegar a ser los problemas que soporta el chapín. Pero eso es lo que se ha llegado a convertir en el martirio, en la cruz del migrante guatemalteco. Cierto es que la crisis no es nueva. El colapso ha sido constante. Pero ha tenido sus picos, y a pesar de que los hubo terribles en el pasado, el actual —que se acrecentó con el repliegue consular por la emergencia de Covid— parece ser el peor de todos.

Los migrantes están desesperados. Esta población que ya venía sin acceso a esos documentos desde antes se topó con un cierre parcial en 2020. Además, el sistema de consulados móviles se desactivó. Entonces, la presa de gente indocumentada de su propio país creció enormemente. Oportuno recordar que un pasaporte para un expatriado puede resultar en ser vital. Para salir de este enorme aprieto se necesita de un esfuerzo de tamaño proporcional. Pero eso, el Estado guatemalteco no está dispuesto a realizarlo. Más bien lo que hemos visto, a través de la cara visible del problema —que son los consulados— ha sido el crecimiento de un comportamiento mezquino, vil y sádico que parece regocijarse del sufrimiento ajeno.

' La miseria gubernamental jamás los va a escuchar por las buenas.

Pedro Pablo Solares

Actualmente es prácticamente imposible obtener una cita en una sede consular. Aparte lo engorroso de los trámites, y el desabastecimiento. El Estado, en vez de ser mínimamente empático y reconocer su incapacidad ante el ciudadano, le echa la culpa. Hay cónsules que han manifestado públicamente que “es culpa del ciudadano, por no prepararse desde antes”. De tal palo, tal astilla. Algo así como un tal presidente ante su incapacidad de gestionar vacunas. Como consecuencia de estas, que son causadas por el Estado, surgen los negocios paralelos. En lo de los documentos, algunos son necesarios y legítimos.
Pero otros, las más puercas muestras de bajeza corrupta, organizadas y consentidas desde las esferas del poder. La corrupción pequeña es la evidente: los cónsules y los negocitos en sus sedes. Pero los peces grandes, aún invisibles. Los que se benefician de tener a una población desabastecida, por siempre, de las más mínimas necesidades.

En este 2021 los guatemaltecos en el exterior, coincidentemente, también atraviesan un momento pico, pero en otra área. La de las remesas. Otra vez, este mes, será el mayor de la historia, esperándose que quizás envíen en estos 31 días, ¡cerca de US$1,500 millones! Y, otra vez, se anticipa que este año será el mayor de la historia. Algunos pronostican que alcanzarán más de US$14 millardos. Es decir que paralelamente al enorme crecimiento económico del migrante, en respuesta, el Estado ha sido proporcional en empeorar lo único que le da. Aquel documentito. Esta desatención no la sufre en exclusivo el migrante. Pero en su caso, es más patético, pues el migrante puede —y quiere— pagar el servicio con su propio dinero.

La desesperación actual se ha visto patente en eventos organizados donde los migrantes intentan conversar con el poder público. Pero solo logran convocar a funcionarios secundarios, que incluso no tienen el poder ni la capacidad de arreglar el problema. El migrante, creo, solo hará sentir su potencial el día que organice un día sin remesas. Que echen los aparatos comunitarios a regar la voz. En otro escenario, quizás la manifestación pública sería útil también para exigir derechos políticos. Pero en el caso guatemalteco, el miserable caso del ciudadano guatemalteco, lo único que piden es que les vendan su pasaporte, por el que ya pagan hoy en día más de Q500.

Organícense, paisanos. La miseria gubernamental jamás los va a escuchar por las buenas.

ESCRITO POR:

Pedro Pablo Solares

Especialista en migración de guatemaltecos en Estados Unidos. Creador de redes de contacto con comunidades migrantes, asesor para proyectos de aplicación pública y privada. Abogado de formación.