NBA, FIBA y Euroliga negocian el futuro del baloncesto europeo
El baloncesto europeo lleva meses moviéndose en torno a una negociación que puede cambiarlo todo. La NBA quiere desembarcar en Europa con una competición propia de clubes. La FIBA quiere mantener su rol como organismo rector, y la Euroliga no quiere perder la posición que ha tardado décadas en construir.
Las tres organizaciones volvieron a sentarse el pasado 10 de junio en Mies, Suiza, y el desenlace fue muy parecido al de la reunión del 28 de abril, con conversaciones calificadas como “constructivas”, ningún acuerdo cerrado y una nueva cita marcada para principios de julio.
Tres visiones, un mismo tablero
Entender por qué estas negociaciones avanzan tan despacio exige entender qué quiere cada parte y dónde están los puntos de fricción reales. La NBA lleva años estudiando su expansión al baloncesto de clubes europeo. Adam Silver lo dejó claro ante la Junta de Gobernadores cuando afirmó que la liga recibió "apoyo entusiasta" de los propietarios para dar el siguiente paso. El plan inicial pasaba por lanzar la NBA Europa en 2027, con un formato de entre doce y dieciséis equipos, plazas fijas para los clubes fundadores y un sistema de ascenso y descenso desde la competición inmediatamente inferior.

La FIBA, por su parte, ve en esta alianza con la NBA una oportunidad para reforzar su autoridad sobre el baloncesto continental, cuestionada desde hace décadas por la propia Euroliga. Andreas Zagklis, secretario general del organismo mundial, ha repetido en varias ocasiones que este es el momento adecuado para dar el siguiente paso en el baloncesto de clubes europeo. La federación defiende un modelo de pirámide con ascensos y descensos que alteraría los favoritismos tradicionales, obligando a ajustar las apuestas online de cara al triunfo final de los grandes debido a la presión constante de los equipos emergentes, algo que la Euroliga ha rechazado históricamente.
Ahí aparece el nudo más delicado. La Euroliga funciona con trece clubes propietarios cuya presencia está garantizada al margen de los resultados deportivos, una fórmula que choca con la idea de una pirámide abierta. Su CEO, el español Chus Bueno, ha adoptado desde su llegada en enero un tono más dialogante que el de su antecesor y ha reconocido públicamente que, cuando dos partes están dispuestas a llegar a un acuerdo, hay que encontrar la manera de hacerlo posible.

El modelo que podría funcionar
Según fuentes cercanas a las negociaciones, existe sobre la mesa un escenario que podría satisfacer a las tres partes. Una competición de veinticuatro equipos que integre a los clubes históricos de la Euroliga, junto a nuevos inversores y que opere bajo un paraguas compartido entre la NBA y la FIBA, respetando a la vez la estructura regulatoria del organismo internacional. Sería el fin de veintiséis años de brecha entre la FIBA y la Euroliga, una herida abierta desde que los grandes clubes europeos decidieron crear su propia competición al margen de la federación.
Es cierto que las diferencias financieras siguen siendo el principal obstáculo. La NBA defiende que cualquier club que quiera unirse al proyecto aporte capital como franquiciado. Los grandes clubes europeos, con el Real Madrid como ejemplo más citado aunque sin posición oficial confirmada, sostienen que debería ser la liga quien les compense a ellos por su valor histórico y comercial, no al revés. Al fin y al cabo, la expectación que generan estos transatlánticos es la que realmente inclina los favoritismos y define las apuestas en las noches de partido, una lógica de mercado a la que Chus Bueno tendió a dar la razón, aunque con la diplomacia que exige su cargo.
Julio, el mes decisivo
Las tres organizaciones se han emplazado a principios de julio para una nueva reunión, y la fecha no parece elegida al azar. Para entonces, la temporada de la Euroliga ya habrá quedado atrás, los clubes estarán inmersos en la planificación del nuevo curso y la NBA habrá cerrado su propio calendario con las Finales. Ese margen competitivo puede ofrecer una ventana más limpia para hablar de dinero, gobernanza, formato y calendario, cuatro palabras que explican buena parte de la complejidad del asunto.
