El 95 por ciento de árboles se muere si no reciben cuidados, en Quetzaltenango se han plantado 20 mil este año

Los efectos positivos de la reforestación se podrán percibir en 15 años. Este año en diferentes áreas de Quetzaltenango se han sembrado 20 mil 400 árboles, 15 mil por el Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales (Marn) y cinco mil 400 por el Instituto Nacional de Bosques (Inab), pero sin mantenimiento se podrían morir más del 90 por ciento. Además, falta reforestar la parte alta del departamento.

Jóvenes que colaboran con la forestación aprenden la forma en que deben sembrar los árboles. (Foto Prensa Libre: María José Longo)
Jóvenes que colaboran con la forestación aprenden la forma en que deben sembrar los árboles. (Foto Prensa Libre: María José Longo)

Las instituciones y quienes colaboran en las jornadas de reforestación tienen la esperanza de que estos árboles ayuden a disminuir las inundaciones y deslaves, así como al abastecimiento de los nacimientos de agua, algo que ocurrirá después de una década y que para lograrlo se necesita del cuidado de los árboles.


“Cuando no hay mantenimiento se muere entre el 90 y 95 por ciento de lo que se siembra, por esta razón ahora buscamos que se involucren en la reforestación como parte de la cultura forestal, pero que también alguien se comprometa con el mantenimiento, de esta forma hemos logrado que entre el 50 y 70 por ciento de las plantas vivan”, explicó Guillermo Monterrosa, director subregional del Inab.

Sembrando Huella

Para promover la reforestación y el cuidado, el Inab promueve el proyecto Sembrando Huella, cuyo propósito es visibilizar el trabajo de organizaciones gubernamentales y no gubernamentales que se dedican a la reforestación, sensibilizar en este tema y agrupar los esfuerzos para recuperar el recurso forestal. 

“Tardaron de 10 o 20 años durante los cuales depredaron los bosques y los eliminaron para sembrar cultivo agrícola, sobre todo en las partes altas de las montañas, ahora no hay nada que detenga la lluvia, fueron decenas de años dañando el bosque, no se trata de que al año siguiente de la reforestación ya no haya inundaciones o se vean los demás beneficios”, advirtió Monterrosa.

El director subregional del Inab coincide con Leonel Estrada, técnico del Marn, en que al menos pasaran 15 años para que los quetzaltecos vean los efectos positivos de recuperar parte del bosque que ha sido depredado por las urbanizaciones y los cultivos agrícolas.

“Antes, los árboles servían de amortiguadores, cada vez hay más problemas con las inundaciones, el agua arrastra piedras y tierra porque no hay nada que retenga el agua de  lluvia en las montañas, el 20 por ciento del agua  queda en el fuste del árbol y además la hojarasca retiene agua, los árboles contribuyen a disminuir los efectos del cambio climático, equilibran el ciclo de la lluvia”, explicó Monterrosa.

Amenazas

Además del mantenimiento que necesitan los árboles hay que defenderlos de amenazas como las plagas, incendios forestales, heladas y depredadores que aún no comprenden el daño que ocasionan al utilizar de forma inadecuada los recursos forestales. 

“La reforestación ayuda a proteger las fuentes de agua, los árboles generan suelo, recuperan el paisaje y regulan el ciclo hidrológico. En Quetzaltenango como departamento es necesario reforestar la parte alta, es decir los municipios de San Carlos Sija, Cabricán, Huitan, Sibilia y en la parte media Salcajá, San Francisco la Unión, Cantel, Zunil y la cabecera departamental”, indicó Estrada.

En cuanto a Xela, el experto considera necesario que se reforesten los cerros Siete Orejas, Candelaria y El Baúl que “son parte de los pulmones de la ciudad y necesarios como fuente de oxigenación”.

El Marn ha implementado un sistema de seguimiento para comprobar con los patrocinadores de las reforestaciones que los árboles tengan un mantenimiento y cuidados necesarios para sobrevivir.

Reposición dura años

La ambientalista Andrea Beletzuy considera que los efectos de disminuir el espacio de los bosques por medio de la deforestación no terminarán con “unas cuantas campañas de reforestación”.

“Hay que tomar en cuenta que los árboles llegan a la vida adulta, en algunas especies, 10 años después de sembrarlos, es un proceso en el que debemos ser pacientes y también reflexionar que entre más tiempo nos tardemos en reforestar más años pasaremos con los problemas actuales, ya sean los deslaves, la falta de agua o el cambio climático. Otro aspecto que debemos analizar es que cuando cortamos árboles necesitaremos muchos años para reponerlos”, indicó Beletzuy.

De acuerdo con la ambientalista, aunque hay organizaciones que se preocupan por el tema, no existe un equilibrio entre lo que se siembra en Quetzaltenango y lo que se pierde por plagas, incendios forestales y depredación.

“Cada vez incrementa más el área para cultivos y el precio lo pagan muchos árboles, comprendemos que es necesario, pero se debe buscar un equilibrio y saber que por medio de los árboles también se pueden generar recursos, pero se debe saber manejarlos”, indicó.

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