Vicente es originario del paraje El Nil, El Asintal, Retalhuleu, y la enfermedad congénita que padecía le impedía desarrollarse normalmente.
Todos los días viajaba a “jalón” a Quetzaltenango, donde pedía dinero a los pasajeros de los buses de esa ciudad.
Durante un viaje en autobús de Xela a Coatepeque, Quetzaltenango, el corresponsal Édgar Octavio Girón conoció a Vicente y escuchó cuando le decía a los pasajeros que necesitaba reunir Q5 mil para operarse.
Girón visitó a la familia de Vicente y la madre del menor, Reina Cruz Mejía Calderón, le contó que la extrema pobreza no les había permitido atender el mal del niño.
Dinero para comer
Mejía relató que nunca habían acudido al médico y que el dinero que su hijo reunía en los buses era para comprar comida para la familia.
La publicación del caso en Prensa Libre permitió que muchas personas se interesaran en el problema de Vicente, y se abrió una cuenta bancaria en la que lectores de este matutino aportaron para la intervención quirúrgica.
El cirujano Miguel Ángel Ponce Ortiz revisó al niño y el pediatra Eddy Rosales Lara se encargó de los exámenes y le dio tratamiento previo a la cirugía, que se efectuó en el Hospital Regional de Coatepeque.
El menor fue sometido a un injerto de piel en el brazo y permaneció casi año y medio en recuperación, tras lo cual bajó el edema —hinchazón— y recuperó la movilidad de sus dedos de la mano izquierda.
Diez años después
El corresponsal hizo una nueva visita a la vivienda de Vicente para saber qué había sido de su vida, pero los vecinos le dijeron que ya no vivía allí y no sabían a dónde había migrado.
Detallaron que había sido visto en Coatepeque, donde trabaja de ayudante de bus de Transportes Golondrina, que viajan a la frontera con México, en Huehuetenango.
El reencuentro ocurrió en la calzada Luis Flores Asturias, zona 2 de Coatepeque. Allí estaba Vicente, ahora de 21 años, en su nueva ocupación.
Vicente abrazó al periodista y juntos recordaron todo lo que pasó hace 10 años y que permitió que aquel niño con un problema congénito se convirtiera en una persona productiva y sin ningún problema físico.
DATO
11 años tenía Norman Anderson Vicente Mejía, cuando lo operaron.