Recolectores de material reciclable viven entre miseria y abandono

La falta de empleo hace que la recolección de basura sea una alternativa de subsistencia para muchas personas en la provincia.

Familias completas se dedican a recolectar desechos, en el basurero del cantón Cabañas, en la cabecera de Retalhuleu. (Foto Prensa Libre: Jorge Tizol)
Familias completas se dedican a recolectar desechos, en el basurero del cantón Cabañas, en la cabecera de Retalhuleu. (Foto Prensa Libre: Jorge Tizol)

Recoger basura reciclable en medio del sofocante calor y el intenso olor a putrefacción es una de las peores maneras de trabajo, según la Organización Mundial de Trabajo (OIT), pues las personas pasan entre los desechos hasta 12 horas al día para ganar lo mínimo, lo que las condena a vivir en la miseria.

A pesar del alto riesgo de contraer enfermedades, los recolectores se arriesgan todos los días con la esperanza de llevar el sustento a sus familias. Algunos lo hacen de manera independiente y otros como empleados de empresas informales, de acuerdo con autoridades de Trabajo, Salud y de derechos humanos.


Como alternativa de subsistencia y ante la falta de oportunidades de empleo formal, los recolectores ignoran la alarma lanzada por las autoridades de Salud por la proliferación del mosquito aedes aegypti, transmisor del zika, dengue y chikungunya.

Dulce Patricia Zúñiga, de la Defensoría de las Personas Trabajadoras, de la Procuraduría de los Derechos Humanos (PDH), calificó de “preocupante” la situación de quienes se dedican a recaudar desperdicios, por el hecho de que son más susceptibles de adquirir enfermedades o de sufrir algún accidente de trabajo.

“No es ningún secreto que las personas, por necesidad, aceptan trabajar en los basureros; saben que exponen su integridad física y psicológica, pero lo aceptan porque es la única manera de lograr un medio de subsistencia para ellos y sus familias”, comentó Zúñiga.

La funcionaria destacó que el trabajo de reciclaje está en contra del reglamento de Salud y Seguridad Ocupacional del Ministerio de Trabajo, que tiene como fundamento la higiene y seguridad laboral, y de las políticas en pro de la salud, de la Organización Panamericana de la Salud y la Organización Mundial de la Salud.

María Ramírez   es viuda y  junto a sus dos hijos va al  basurero de la comunidad Piteros, en Puerto Barrios, Izabal, donde busca material reciclable. (Foto Prensa Libre: Dony Stewart)

Niños están riesgo

Datos de la OIT dan cuenta de que en América Latina unos 500 mil niños y niñas trabajan en vertederos, cifra que contrasta con la realidad de Guatemala, pues en los basureros abundan los menores.

La coordinadora de Previsión Social del Ministerio de Trabajo en Quiché, Elena Girón, señaló que emprenden un programa de sensibilización con padres de familia para que envíen a sus hijos a las escuelas y no a los basureros.

“La labor en los basureros es una de las peores formas de trabajo infantil, y para evitar situaciones lamentables pedimos a los padres que retiren a sus hijos de esas condiciones. La pobreza impide que cumplan con las recomendaciones”, lamentó Girón.


Magdalena de Martínez, del Departamento de Saneamiento Ambiental del Centro de Salud de Puerto Barrios, Izabal, informó que en varias ocasiones han llegado al vertedero municipal para verificar la salud de los recicladores. “Se les dice que no ingieran alimentos en el lugar por el riesgo que eso representa”, argumentó.

“No se les puede negar el derecho al trabajo, es como consiguen ingresos para su hogar”, agregó Martínez.

Alfredo Ramos, delegado de la PDH en Escuintla, dijo que el Estado debe ser el mayor garante del cumplimiento de los derechos humanos, y sobre todo, de crear las condiciones debidas en términos de salud, educación y trabajo.

Josefa Hernández, de 50 años, que vive en la comunidad Nuevo San Carlos, Retalhuleu, lleva 15 años recolectando productos para reciclar en el basurero del cantón Cabañas. (Foto Prensa Libre: Jorge Tizol)

Historias

Para la familia Tum Mateo, de Santa Cruz del Quiché, la vida dio un giro repentino el 10 de septiembre del 2013, cuando dos de sus integrantes murieron soterrados en un derrumbe que se registró en el basurero donde recolectaban desechos. Una persona más perdió la vida.


El hecho ocurrió en el fondo de un barranco ubicado en kilómetro 147.5 de la ruta de Chichicastenango a Santa Cruz del Quiché, en el cantón Chulumal I, donde perecieron Candelaria Mateo, de 39 años, y su hijo Julio, 5; además, Bartolo Saquic Nix, 23.

Juana Lucrecia Tun Mateo, 16, sobreviviente de ese hecho, indicó que ahora se dedica a otras actividades porque no olvida la manera en la que su madre y su hermano murieron.

Otro caso es el de María Ramírez, quien en compañía de dos de sus hijos, de 7 y 8 años, llega todos los días al basurero municipal de Puerto Barrios. “Han venido organizaciones que dicen que nos traerán ayuda, lo que se agradece porque es una bendición de Dios”, comentó Ramírez.

Josefa Hernández, quien vive en Nuevo San Carlos, Retalhuleu, tiene 50 años de edad, y desde hace 15 se dedica a recolectar desechos.

“Este es mi trabajo  y con él  gano unos centavos; aunque no es mucho pero, me ayuda para colaborar con el gasto de la casa”, expresó Hernández.

Un informe de la Asociación Guatemalteca  de Exportadores (Agexport), presentado al final del primer semestre del 2015,  establece que la labor de recolectar material reciclable generó dos mil empleos directos y al menos 10 mil indirectos; durante esos seis meses, Guatemala exportó productos reciclables a un costo de US$24 millones (unos Q185.7 millones).

Cristina Porón  vive de la recolección de desechos reciclables. (Foto Prensa Libre: Alexander Coyoy)

 Historias de vida

Cristina Porón lleva 18 años de recolectar desechos reciclables en el vertedero municipal de Coatepeque, Quetzaltenango, y es madre de ocho hijos, de los cuales cinco asisten en la escuela. “Lo que recolecto lo vendo y con el dinero compro alimentos, y el resto me sirve para pagar el estudio de mis hijos”, comentó Porón, en tono triste.


Añadió que dos de sus hijos cursan el ciclo básico. “Yo les recuerdo que somos pobres y que ellos tienen que estudiar para tener un mejor futuro”, señaló.

El caso de Porón es un ejemplo de lucha y perseverancia, pues a pesar de que pasa mucho tiempo en el basurero tiene una vivienda humilde a orillas de la línea del ferrocarril, en el asentamiento Nueva Esperanza.

Francisco Zapeta es un niño de 11 años, originario del cantón Pacajá I, San Sebastián Lemoa, Quiché, quien sueña con ser un profesional; sin embargo, este año no pudo estudiar porque debe trabajar en el basurero para ayudar a su familia.

Zapeta no es el único niño del lugar que vive esa situación, pues sus amigos Pedro Sacarías, Damián López  y Juan Gómez, de 10, 13 y 9, respectivamente, pasan todo el día en el vertedero para agenciarse de unos Q10 o Q15 cada uno.
 
* Jorge Tizol, Alexander Coyoy, Óscar Figueroa, Dony Stewart, Mike Castillo, Aroldo Marroquín, Carlos Paredes y Édgar Domínguez.