Economía

Su balance 2010

Fin de año es propicio para hacer un balance y sacar conclusiones acerca de nuestros aciertos y desaciertos. Ese debe ser el objetivo del análisis. De otra forma, este sería infértil. ¿Por qué? Porque son nuestras propias decisiones las que causaron perjuicio a nuestras vidas; también son decisiones acertadas las que dan buenos resultados.

POR CÉSAR GARCÍA*

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Lo que pretendo explicar es que no somos observadores de nuestra propia tragedia o éxito, sino constructores de cualquiera que sea el resultado de nuestra vida. La mediocridad también puede —si lo permitimos— convertirse en un resultado de vida, y significa que —al menos— la mitad de nuestras decisiones han sido equivocadas. Podemos pasarnos la vida entera endilgándole la culpa de nuestro fracaso o mediocridad a los “oligarcas”, los gobiernos, los “explotadores”, nuestros padres o la ausencia de ellos… y hasta —como diría Chávez, entre muchos mostrencos— a los “yanquis”

Si así actuamos, seguramente nuestra vida no tendrá—jamás— mejoras significativas. La autocrítica y los auto rretos, son ejercicios saludables, ejercidos por personas que no se conforman con sus resultados de vida y saben —perfectamente— que el problema no está afuera de ellos, sino dentro de ellos; es decir, se convencen de que deben mejorar para obtener mejores resultados. Las personas con esta disciplina de vida, que implica tomar responsabilidad plena de sus actos, jamás endilgarán la responsabilidad de su exiguos resultados a nadie, porque la mediocridad o el fracaso no serán jamás la norma en su vida. Estas personas, cuando caen, simplemente no pierden tiempo para 1- Levantarse, 2- Enmendar y 3- Continuar su camino. No llevan consigo los fracasos ni permanecen lamentándose, pero jamás olvidan las lecciones que de estos emanaron. Ello, para “no tropezar con la misma piedra”.

Resulta un error sacar el balance del año solamente tomando en cuenta el aspecto económico; es decir, es desafortunado decir que si tengo más dinero en diciembre que lo que tenía en enero, o que si mi empresa facturó más este año que el anterior, el año observó un buen balance. El resultado de vida debe medirse de forma integral; debe incorporar —necesariamente— aspectos incuantificables, pero también trascendentes y verdaderamente importantes. Temas como los principios que esgrimimos durante el año para lograr lo que logramos son fundamentales; como lo son: 1- El ejemplo que dimos, 2- El balance que logramos entre éxito económico, familia, salud, paz interior y calidad de vida, 3- Lo que aportamos o no en hacer —el sitio en el que vivimos, en nuestro caso, Guatemala— un mejor lugar.

Aunque el mundo relativista nos estimula a enfocarnos en la acumulación exclusiva de riqueza material, es obvio que esta no puede lograr nutrirnos interiormente. Realmente solo lo barato se compra con dinero; lo invalorable nace de la trascendencia de nuestros pensamientos, de la visión de nuestras decisiones y de la proyección a nuestra comunidad. La verdadera riqueza —a diferencia de lo que se piensa— no surge de acumular, sino de dar.

Existen falacias acuñadas que se han convertido en “verdades” paradigmáticas; por ejemplo, muchos guatemaltecos creen que su situación económica llena de precariedades se origina en sus “bajos ingresos”, pero lo más probable —en la mayoría de los casos— es que las deficiencias recurrentes en nuestra tesorería personal están ligadas a malos hábitos de consumo, desorden en nuestros gastos, falta de priorización y, obviamente, ausencia de un presupuesto que nos ayude a vivir, acorde a nuestros ingresos. Quienes se ciñen a un presupuesto y procuran invertir todo lo que se pueda, en lugar de gastar todo lo que ganan, luego de años de esta disciplina, logran construir un patrimonio. Éste surgió, más que del dinero que ganaron, de su calidad humana y su autodisciplina ¡Piénselo!

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