Economía

Cultura de riesgo

John Adams, profesor de geografía de University College London, ha escrito por más de dos décadas sobre el tema del riesgo. En 1981 publicó un estudio sobre el impacto de los cinturones de seguridad en los accidentes mortales en las autopistas.

¿Por qué ha sido imposible, en cada uno de los países donde se ha vuelto obligatorio el uso de los cinturones de seguridad, observar la esperada reducción de accidentes fatales en las carreteras? se preguntaba Adams y añadía: al parecer, las medidas que protegen a los conductores de las consecuencias que implica manejar mal, promueven el hecho mismo de manejar mal.

Adams, junto con un grupo de científicos del comportamiento y análisis de riesgo, empezó a agrupar estos hallazgos contrarios a la intuición bajo el concepto de “compensación del riesgo”, es decir la idea de que los humanos tienen una tolerancia innata al riesgo. En la medida en que se añaden más características de seguridad a los vehículos y a las carreteras, los conductores se sienten menos vulnerables y tienden a correr más riesgos. La sensación de mayor seguridad nos tienta a ser más imprudentes.

El fenómeno puede observarse en todos los aspectos de nuestra vida diaria. Los niños que utilizan aparatos protectores durante sus juegos tienen una tendencia a correr más riesgos físicos. Muchos funcionarios de salud pública han notado que, en la medida en que el tratamiento para el VIH ha mejorado, los usuarios asumen conductas sexuales cada vez más riesgosas. Los guardas forestales han reportado que los excursionistas corren más riesgos cuando sienten que un equipo de rescate está a mano para socorrerlos fácil y rápidamente.

Dice Adams “a algunos les gusta más el peligro y a otros menos, pero nadie quiere un cero absoluto” Todos los individuos tienen a acostumbrarse a algún nivel aceptable de riesgo, Gerard Wilde lo definió en 1976 como “Temperatura de Riesgo”, de manera que cuando se les solicita que reduzcan el riesgo en un área de su vida, consciente o inconscientemente aumentan otros riesgos hasta volver a quedar en su zona de comodidad con respecto a dicha temperatura de riesgo.

Si se los obliga a usar cinturones de seguridad, las pruebas indican que conducirán más aprisa, que adelantarán otros vehículos de forma más peligrosa, que se maquillarán o hablarán por teléfono mientras conducen (o cualquier otra cosa) simplemente para estar en su zona de comodidad. En efecto consumen la seguridad adicional que se les exige y cambian su comportamiento al volante, de manera que puedan obtener otros fines esperados.

Este concepto puede observarse en acción en las áreas urbanas, vemos cómo las personas tienden a ubicarse en sectores de alto riesgo, tales como las laderas, cauces de ríos o a las orillas de cortes pronunciados.

Esto ha conducido a una cultura del riesgo en la que las personas, a pesar de que conocen las consecuencias tienden a exponerse a condiciones de alto riesgo. Una de las características que sobresale es una fuerte ilusión de invulnerabilidad. Todos piensan que el desastre puede ocurrirle a otras personas y en otro lugar, pero a ellos en esa colonia, asentamiento o aldea, no.

La mayoría elabora formulaciones simplistas, o hacen razonamientos empíricos sin sustento ni bases técnicas o científicas, desechando los análisis racionales más profundos que se les hayan presentado.

El reconocimiento de otras personas a la valentía del que asume el riesgo es otro factor que influye en la toma de decisiones cada vez más atrevidas.

Igual situación se tiene con la contaminación ambiental. Los resultados principales de décadas de investigación muestran que la conciencia de la población general sobre el problema de la contaminación es reducida, incluso entre los residentes en zonas especialmente contaminadas.

Aunque los individuos asumen con facilidad los efectos adversos de la contaminación del aire sobre la salud, la mayoría percibe la contaminación del aire como un riesgo impersonal, sin efectos directos a corto plazo y, por tanto, con escasa relevancia personal. También hay evidencias de lo que se conoce como efecto halo que es el proceso por el que los individuos perciben su barrio como menos contaminado que otras zonas de la ciudad.

Por eso es necesaria cualquier intervención para reducir los efectos del riesgo sobre las personas en las poblaciones con el objeto de: 1. Se tenga conciencia y comprensión pública del problema de los riesgos. 2. De acuerdo a lo arriba indicado, que se evalúe en cada caso cómo es la percepción del riesgo y las emociones asociadas a ello por parte de las personas, 3. Se promuevan acciones individuales para que las personas comprendan las consecuencias de asumir riesgos innecesarios y finalmente 4. Se promuevan acciones individuales que ayuden a protegerse de los efectos adversos del riesgo. ¿Dudas?

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