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Mario Antonio Sandoval: “Se debe cumplir con el deber desde el principio”
Con 60 años de trayectoria periodística e hijo de Mario Antonio Sandoval Figueroa, uno de los fundadores de Prensa Libre, Mario Antonio Sandoval Samayoa enfatiza en las normas estrictas del periodismo, el correcto uso del idioma y el futuro de este oficio.
Mario Antonio Sandoval, vicepresidente del Consejo de Administración de Prensa Libre y presidente de Guatevisión. (Foto Prensa Libre: Erick Ávila)
Periodista, escritor y custodio del buen uso del idioma español, Mario Antonio Sandoval Samayoa reflexiona sobre lo que significan para él y para el país los 75 años de Prensa Libre.
En esta entrevista, ofrecida en su sala familiar, rodeado de libros, un piano, piezas de modelismo naval y varios cuadros de arte, Sandoval Samayoa enfatiza la importancia del buen periodismo, un legado que recibieron de los fundadores, uno de ellos su padre, el también periodista Mario Sandoval Figueroa.
¿Qué significa que un medio de comunicación cumpla 75 años en un país como Guatemala?
Es una pregunta que en realidad me he hecho muchas veces, porque las circunstancias en que ha vivido Prensa Libre y la prensa en general en Guatemala han sido muy difíciles. El camino por la libertad de emisión del pensamiento que hemos defendido ha significado que en algunas de sus partes esté la sangre de los que murieron.
Creo que nos debemos sentir satisfechos con el deber cumplido, porque así como hemos tenido muchas satisfacciones y muchas alegrías, hemos tenido que derramar también muchas lágrimas. La profesión del periodista es una profesión incomprendida para muchos, despreciada por otros muchos, sobre todo los políticos, pues no hay uno solo que no sienta en el fondo un rechazo a la prensa independiente; eso también pasa en las élites de todo tipo: económica, religiosa, intelectual, cultural, etcétera, pero eso es parte del oficio.
¿Cuál ha sido el principal aporte de Prensa Libre hacia la sociedad guatemalteca?
El principal aporte es cumplir con el deber desde el principio. Porque esa fue una de las bases que pusieron los fundadores y que lograron mantener esa idea y deseo en las generaciones periodísticas que han pasado por Prensa Libre.
Entonces, es ya un aporte para la sociedad que muchas veces, repito, no se comprende, y no solamente no se comprende, sino que se rechaza. Eso sí, cuando es considerada favorable para lo que una persona piensa, entonces es un buen periódico. Cuando dice algo que no le gusta, entonces es exactamente lo contrario.
Tuvo el privilegio de aprender directamente de los cinco fundadores. ¿Qué valores resalta y cuáles deben seguir en los próximos años de Prensa Libre?
Mantener esos valores de independencia, de honradez, de dignidad y de respeto a los lectores, a las personas que se entrevista, a los políticos mismos, como personas. Y ese respeto es a todas las personas.
En alguno de sus discursos en ocasión de aniversarios pasados, dijo que antes muchos periodistas tenían su nombre puesto en una bala, pero que ahora estaba puesto en una demanda. En ese marco, ¿cómo ha cambiado el reto de hacer periodismo?
Si me pregunta si estoy 100% de acuerdo con el 100% de cosas que publicó Prensa Libre, obviamente la respuesta es no. Pero lo que sí se ha mantenido es que nunca ha sido malintencionada. Eso se ha mantenido incólume y hay que recordar que el periodismo es escribir la historia a la carrera. Por eso se dice que no hay nada más viejo que la edición de hoy en la mañana ni nada más nuevo que la edición de hace cien años. ¿Qué quiere decir eso? Que cuando usted abre un periódico en una hemeroteca, la historia regresa a ese momento.
Los periodistas no tenemos una bola de cristal, pero la historia se repite, y el que ignora la historia ni siquiera se da cuenta, ni siquiera sabe que la está repitiendo.
Desde su participación como periodista a lo largo de 60 años en Prensa Libre, ¿cuál es el mejor y el peor momento que recuerde?
Empecemos con el peor. Haber visto el cadáver de Isidoro Zarco en la calle y a los fundadores con lágrimas viendo la muerte de su compañero.
El más alegre han sido algunos éxitos como, por ejemplo, ser el único que publicó a tiempo sobre la muerte del papa Juan Pablo I; otra fue cuando logramos ser los únicos que divulgamos el premio Nobel a Rigoberta Menchú en la portada del diario o coberturas como el premio Nobel de Miguel Ángel Asturias.
¿Cómo ve el futuro del periodismo?
Las redes sociales son una amenaza terrible. ¿Por qué? Porque son nuevas, no; porque la tecnología en sí misma no es mala. Recuerdo a Umberto Eco, que decía que las redes sociales han hecho que algo que quedaba en una tontería entre cuatro personas en una mesa de cantina, decía él, ahora lo recibe todo el mundo.
Hay que recordar que la libertad de emisión del pensamiento tiene sus límites legales, pero las redes sociales no tienen ninguna ley. Para que algo sea periodístico tiene que llenar ciertas características técnicas. Por eso es que el periodismo, en cualquiera de sus formas, tiene que tener muy estrictas normas profesionales.
¿Qué mensaje le envía a las nuevas generaciones de periodistas?
El de la calidad. Lo segundo es que tengan ilusión de replicar la información. Porque una característica que tiene el periodismo es que, como muchas profesiones, es muy satisfactorio, y por eso, cuando uno se equivoca, hay que ser autocríticos y estrictos con lo que se hace. Sobre la calidad, me refiero al correcto uso del lenguaje español.
Además, que la libertad de prensa no puede ejercerse sin responsabilidad.