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Qué aseguran los guatemaltecos y cuáles son los nuevos riesgos que buscan proteger

¿En qué momento algo deja de ser simplemente parte de nuestra vida y se convierte en un riesgo que merece ser asegurado?

Un seguro no puede cubrir cualquier cosa: el riesgo debe ser incierto, existir un interés asegurable y tener un valor cuantificable. (Foto Prensa Libre: Shutterstock)

Un seguro no puede cubrir cualquier cosa: el riesgo debe ser incierto, existir un interés asegurable y tener un valor cuantificable. (Foto Prensa Libre: Shutterstock)

En la vida, los seres humanos establecemos nuestras prioridades, pues hay cosas que, de cierta manera, nos da miedo perder. Ya sea por su valor sentimental o monetario, cada persona decide qué merece protección y qué no.

Hay una cita en la Biblia que dice: "Donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón", y los seguros, de alguna forma, son el reflejo de lo que significa esa frase, pues funcionan como una especie de mapa de lo que cada quien considera tan valioso como para tener miedo de perderlo.

En Guatemala, ese mapa tiene características bastante definidas. Según cifras de la Asociación Guatemalteca de Instituciones de Seguros (Agis), a julio del 2026, la contratación de pólizas se concentra en tres grandes ramos: salud y hospitalización, que representa el 28% de las primas; vida, con el 22%, y automóviles, con el 18%.

En conjunto, estos tres rubros suman cerca del 70% de todo el mercado, de acuerdo con José Guillermo López Cordón, presidente de la Agis.

Según López, "estos productos responden a algunas de las principales necesidades de protección de las personas, las familias y las empresas".

En el caso de salud, la demanda proviene tanto de personas individuales como de empresas que ofrecen la cobertura como parte de sus prestaciones laborales para atraer y retener personal.

En vida, más de tres millones de guatemaltecos cuentan con algún tipo de póliza, impulsados en buena medida por los llamados seguros de saldo deudor, que las entidades financieras exigen para proteger los créditos: si el deudor fallece, el seguro cubre el monto pendiente y libera de esa obligación a la familia. Por eso, una misma persona puede tener varios seguros de vida asociados a distintos préstamos.

Con los automóviles ocurre algo distinto. Aunque es uno de los ramos más contratados, la penetración sigue siendo baja. Según López, solo el 9.8% del parque vehicular que circula en el país está asegurado.

Más de la mitad de ese parque corresponde a motocicletas, de las cuales apenas el 2% tiene póliza. "El reto no es solamente que quienes ya tienen seguro contraten más, sino que millones de guatemaltecos que hoy no cuentan con ninguna protección puedan acceder a ella", puntualizó López Cordón.

Augusto César Estrada, gerente general de la corredora de seguros World of America —la primera correduría internacional que se instaló en el país tras la nueva Ley de Seguros del 2011—, coincide en que la penetración del seguro en Guatemala continúa siendo muy baja, principalmente por un asunto cultural

Salud, vida y automóviles concentran cerca del 70% de las primas de seguros en Guatemala, pero nuevas coberturas empiezan a cambiar ese mapa. (Foto Prensa Libre: Shutterstock)

El riesgo y lo asegurable

Para Estrada, el riesgo es "todo aquel acontecimiento imprevisto que puede suceder y que puede causar un daño físico y/o económico".

Con esa definición, prácticamente cualquier cosa podría asegurarse. Sin embargo, no todo lo que tiene valor se traduce en una póliza.

La Superintendencia de Bancos (SIB) explicó que, para convertirse en seguro, un riesgo debe cumplir tres condiciones: que exista probabilidad de que ocurra un evento incierto o aleatorio; que haya un interés asegurable legítimo, es decir, un vínculo real entre la persona y el bien, y que su valor sea cuantificable, de modo que pueda calcularse una prima adecuada.

El terremoto es, según la SIB, un buen ejemplo de riesgo poco frecuente e impredecible que, pese a ello, sí es asegurable, lo que evidencia la capacidad del mercado para atender eventos de alta incertidumbre.

Ese cálculo recae en los actuarios, quienes estiman la frecuencia con la que puede ocurrir un evento y su costo promedio para fijar una tarifa.

Cuando no hay suficientes datos históricos —como ocurre con los riesgos tecnológicos emergentes—, la SIB indicó que se recurre a métodos estadísticos de proyección y simulación o a información de bienes similares, ajustada según el criterio de expertos.

Antes de salir al mercado, cada producto debe registrarse en la Superintendencia, que exige presentar las bases técnicas que sustentan el análisis del riesgo. "No es como que una aseguradora diga: ‘Hoy quiero cubrir tal cosa y vamos a empezar a venderlo’. Tiene un proceso", explicó López Cordón.

Solo el 9.8% del parque vehicular de Guatemala está asegurado y entre las motocicletas la cobertura apenas llega al 2%. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)

Lo poco común

Los seguros pueden leerse como un mapa de nuestros temores, nuestras prioridades y los bienes que decidimos que vale la pena proteger. Un auto, por ejemplo, siempre ha sido un bien de alto valor y, por lo tanto, resulta lógico asegurarlo. Pero ¿qué ocurre cuando hablamos de otras prioridades? Aquellas que no son tan comunes, pero sí tienen un valor más allá del sentimental y que es cuantificable para las aseguradoras.

Hay un punto en el que la lista de lo asegurable empieza a parecer un inventario de rarezas más que una póliza convencional.

Uno de los seguros en ascenso contratados por los guatemaltecos es el de mascotas. Según la Agis, algunas de las empresas que brindan este tipo de servicios comercializan productos dirigidos principalmente a perros y gatos.

Estas pólizas combinan asistencia veterinaria con coberturas de hogar y responsabilidad civil. Si bien este servicio no es nuevo, aún es difícil de cuantificar como para generar estadísticas nacionales, según López Cordón.

Mascotas, drones, obras de arte y relojes forman parte de una oferta de seguros que amplía la idea de qué vale la pena proteger. (Foto Prensa Libre: Shutterstock)

Otros servicios poco contabilizados, pero que ya se ofrecen en Guatemala, según datos de la asociación, son los seguros para drones. Estos aparatos aéreos no tripulados, cada vez más comunes en la fotografía, ya cuentan con su propia cobertura, tanto para daños a terceros como para el equipo ante accidentes, caídas o colisiones.

Estos seguros, aunque aún no tienen mucha demanda, no son tan extraños como el seguro hole in one. Este puede utilizarse en torneos de golf, particularmente en actividades benéficas o corporativas. Se trata de un logro en este deporte que consiste en embocar la pelota en el hoyo con un solo golpe desde el área de salida. En este, si un patrocinador ofrece un premio a quien logre ese tiro casi imposible, es la aseguradora la que asume el riesgo. La prima depende de algo muy concreto: cuántos jugadores participan, cuánto vale el premio y qué tan difícil es el hoyo.

El dinero también viaja asegurado. Quienes transportan valores por rutas de mayor riesgo pueden contratar pólizas que exigen vehículos blindados, escoltas o rastreo satelital.

La cancelación de actividades, las obras de arte, las monedas antiguas, los relojes, las joyas, los caballos, el ganado y el contenido completo de una vivienda forman parte también de este listado, aunque, para asegurarlos, los interesados acuden a empresas especializadas, muchas con representación internacional, porque no cualquier agente en Guatemala está capacitado para valorar estos bienes.

Pero si hay una tendencia que está ganando terreno, dicen ambos entrevistados, es la de los seguros paramétricos, pensados para riesgos climáticos como la sequía o el exceso de lluvia y que ya empiezan a extenderse también a terremotos. La lógica de este servicio rompe con la del seguro tradicional: aquí nadie tiene que presentar un reclamo. Basta con que un parámetro definido de antemano —medido a través de puntos geoposicionados en el país— se cumpla para que la indemnización se active sola. "Le llega un mensaje donde le dicen que se le efectuó un pago porque hubo un evento catastrófico", dice López Cordón.

El beneficio no se queda en el campo: también alcanza a pequeños negocios que dependen del clima, como una panadería o una tortillería, cuando la sequía golpea a toda una comunidad.

A pesar de que aún no existen estadísticas claras para estos servicios, según la Agis, la apuesta del sector no es inventar seguros llamativos, sino encontrar formas accesibles de proteger riesgos reales en un país donde la penetración del seguro respecto del PIB apenas llega al 1.4%.

Ciberseguridad en Guatemala necesita más profesionales.
Ciberriesgos y clonación de tarjetas son ejemplos de coberturas que surgieron ante amenazas vinculadas con la transformación tecnológica. (Foto Prensa Libre: Freepik)

Una cultura pendiente

Para Estrada, la explicación de por qué los guatemaltecos aseguran tan poco tiene que ver con un asunto cultural.

El experto compara la cultura actual de los seguros con un fenómeno similar a lo que ocurrió con los cinturones de seguridad en su momento: "Al principio, nadie los usaba; cuando comenzaron a poner multas para obligarnos a usarlo, se convirtió en algo más natural", recordó.

Su recomendación para quienes buscan comenzar a asegurar sus bienes es priorizar la salud y la vida antes de pensar en vehículos, vivienda u otros bienes, porque de esos dos primeros depende, en muchos casos, la estabilidad económica de una familia ante un suceso inesperado.

El presidente de la Agis añadió que el avance tecnológico y el cambio climático son las principales fuentes de nuevos riesgos, lo que ha impulsado coberturas para ciberriesgos y clonación de tarjetas, productos que hace pocos años prácticamente no existían en el país.

Al final, ¿qué pasa si una persona nunca llega a usar su seguro? Para Estrada, la respuesta está en una frase que repiten en la industria: "El mejor seguro es el que no se usa". Aunque nunca se presente un reclamo, la póliza cumple su propósito desde el momento en que se firma: brindar tranquilidad y protección financiera frente a lo inesperado.

Los seguros, entonces, pueden leerse como algo más que un contrato: son un reflejo de los temores de una sociedad, de sus prioridades y de los bienes —desde una casa hasta una mascota, desde un automóvil hasta un hoyo de golf— que sus habitantes han decidido que vale la pena proteger.

Nuevos seguros

Aunque surjan nuevas prioridades y los interesados deseen asegurarlas, las aseguradoras no pueden crear una póliza sin que antes se cumplan determinadas características técnicas y financieras, evaluadas en el análisis de riesgo.

Según la Superintendencia de Bancos (SIB), estas condiciones son:

  • Que exista la probabilidad de materialización de un evento que pueda afectar la vida o el bien asegurado, y que dicha ocurrencia sea incierta o aleatoria.
  • Que se verifique un interés asegurable, es decir, que exista un vínculo legítimo en procurar que la vida o el objeto asegurado no afronte daño.
  • Que el valor del bien o interés asegurado sea cuantificable, de manera que pueda establecerse una prima adecuada.

Además, para el análisis y la evaluación de riesgos, según la SIB, el seguro se apoya en técnicas estadísticas y financieras que permiten estudiar el comportamiento del riesgo y cuantificarlo.

Cuando la información disponible es limitada, se aplican métodos estadísticos de proyección y simulación a partir de muestras reducidas. Si llegaran a existir casos extremos, la entidad explica que se recurre a información de sujetos u objetos con características similares al asegurado, y se realizan los ajustes necesarios según criterios de expertos, a fin de que puedan utilizarse de manera válida en la evaluación del riesgo.

ESCRITO POR:

Belinda S. Martínez

Periodista de Prensa Libre del área de bienestar y cultura.

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