Guatemala

Un lugar feliz para niños especiales

Albergue Hermano Pedro, en Antigua, atiende a menores con parálisis cerebral

En la mayoría de casos, sus familias los consideraron una carga. En otros, apartarse de ellos no les resultó tan difícil cuando descubrieron que en este lugar especial recibirían un cuidado mejor al que podrían proporcionarles en casa. Son los niños con daño cerebral, una enfermedad incurable que pocos están dispuestos a atender.

En San Gaspar Vivar, Antigua Guatemala, desde hace 12 años funciona el albergue Hermano Pedro, donde los niños con parálisis cerebral son bienvenidos.

Atenciones, cuidados y afecto son las principales medicinas que cada día reciben 75 menores que sufrieron daño cerebral al nacer, debido a falta de oxígeno, problemas genéticos, hidrocefalia o enfermedades, como encefalitis o meningitis.

Rosa Vallecillos, administradora del albergue, cuenta que inspirados en la misión del Hermano Pedro, los fundadores del albergue decidieron dedicar el sitio a niños con daño cerebral: ?Desde entonces, no existe en Centroamérica un establecimiento igual?.

Los niños, en su mayoría provienen de familias de escasos recursos que no pueden costear un programa de atención continua. ?Les resulta una carga y, por ello, prefieren que se queden con nosotros. Aquí no se les cobra ni un centavo por los cuidados que les brindamos?, expresó Vallecillos.

Días felices

La administradora explicó que el albergue tiene la misión de proporcionar mejor calidad de vida a sus internos.

?Reciben fisioterapia de mantenimiento, pero ésta no es para rehabilitarlos, pues el daño que tienen es permanente?, manifestó.

La filosofía de la casa hogar gira en torno al amor y el afecto; eso se refleja en el rostro de los niños. ?Pese a la severidad de sus problemas, ellos tienen una sonrisa en el rostro y, de alguna forma, siempre nos manifiestan su bienestar. Ellos no lloran, y eso es señal de que las cosas las estamos haciendo bien?, indicó la administradora.

Desde temprana hora, las enfermeras se disponen a comenzar su día de trabajo. Con el mayor de los cuidados, cada uno de los menores recibe su baño cotidiano, y luego, el desayuno. ?Un nutricionista revisa una vez al año los alimentos que le proporcionamos a nuestros pacientes en forma de papilla?, aseveró.

Después, en fila, reciben juntos los benéficos rayos solares en el amplio corredor.

En la mayoría de los casos, las familias parece que se han olvidado de ellos, pero las enfermeras se encargan de suplir esa falta de cariño. ?Se han convertido en verdaderas madres para ellos. A cada uno se le trata como el más especial, y ello ha permitido que tengan una estancia más confortable en el albergue?, refirió.

Ese es el caso de Carmen, quien tiene 34 años, ?ella fue de las primeras en llegar al albergue. Su familia ya no la visita, pero recibe mucho afecto de nosotras?, aseguraron las enfermeras.

El otro lado de la moneda

La institución también ha abierto una guardería para los hijos de las enfermeras y demás personal que trabaja allí, y también atiende a niños de la comunidad.

De 7 a 16 horas, los pequeños reciben instrucción preprimaria. ?Abrimos la guardería con 10 niños; este año atendimos a 50?, comentó la directora, Gladys de Piloña.

Cajitas felices para el albergue

El 20 de noviembre, McDonald´s donará al Albergue Hermano Pedro Q1 por cada Cajita Feliz que venda.

? Este año se formalizó la alianza con esta cadena de comida rápida, y esperan obtener un donativo significativo.

? Hace seis años, McDonald´s donó las ventas que obtuvo en la inauguración de su restaurante en Antigua.

? El albergue sobrevive por las donaciones de padrinos, rifas y otras actividades que efectúa cada año.

? También ha abierto una cuenta en el Banco del Agro (No. 58-002612-8).

? Para mayor información, comunicarse a los teléfonos 8323375 ó 3317582.

Desde Escuintla: ?Un buen lugar para mi hijo?

Hace tres días, Félix López, de 13 años, con problemas cerebrales, llegó al Albergue Hermano Pedro.

Su madre, Carmen Quinteros, no soportó la idea de separarse de su pequeño Félix, el menor de 10 hermanos, y viajó ayer desde Las Golondrinas, Escuintla, a visitar a su hijo. ?Sí, me hace falta mi niño?, explicó mientras abrazaba a su pequeño, quien no dejaba de sonreír.

?Me enteré de que existía este lugar por una amiga, y decidí que era mejor que estuviera aquí para recibir mejor atención. Pero no crea, por mí, yo estaría aquí todos los días, si es mi muchachito?, agregó.

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