El aventurero Karl Bushby lleva 28 años recorriendo el mundo a pie y ahora se acerca el final de su viaje.
He escrito sobre él durante la mayor parte de ese tiempo. Aunque hemos hablado con frecuencia e intercambiado cientos de correos electrónicos, nunca nos hemos conocido en persona.
Nos encontramos en la localidad de Havré y acompaño a Karl durante un tramo de ocho kilómetros hasta Mons, en Bélgica.
Forma parte de la marcha final hacia Calais, desde donde planea cruzar a nado el Canal de la Mancha en octubre.
Vestido con pantalones cortos y una camiseta con señales de haber sido remendada durante el viaje, Karl —que luce una barba gris— aparece en el aparcamiento de una estación de tren belga.
Empuja un carrito cargado de equipo de acampada y otros artículos esenciales.
A sus 29 años, Karl partió de Chile hacia su ciudad natal de Hull siguiendo dos reglas que se había impuesto: no utilizar medios de transporte para avanzar y no regresar a Reino Unido hasta completar el recorrido.
La aventura de Karl Bushby
El sudor se filtra a través de su camiseta, formando manchas con forma de alas sobre sus omóplatos.
Este exparacaidista inició su viaje en noviembre de 1998, calculando que el recorrido de regreso a la casa de su infancia —donde aún vive su madre— le llevaría unos 12 años.
Unos 28 años más tarde sigue en marcha, aunque su avance se ha ralentizado debido a las restricciones de visado, la crisis financiera de 2008 —que le hizo perder patrocinadores—, la covid-19 y cuestiones geopolíticas.
En su ruta atravesó Argentina, Perú, Ecuador, Colombia y el Tapón del Darién hacia Panamá.
Pasó por Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala y México antes de cruzar a Estados Unidos y Canadá.
Cruzó el estrecho de Bering, entre Alaska y Rusia, y recorrió Siberia, Mongolia, China, Turkmenistán y Kazajistán.
Atravesó a nado el mar Caspio hasta Azerbaiyán.
Y luego continuó hacia Turquía antes de entrar en Europa.
A sus 57 años ha recorrido más de 48.000 kilómetros y ahora se plantea cruzar a nado el Canal de la Mancha, después de que los responsables del Eurotúnel rechazaran su solicitud de acceso a un túnel de servicio.
Karl entra brevemente en una tienda y sale con una botella de agua, que asegura bajo una cuerda elástica de su carrito, un vehículo que él mismo fabricó en Nicaragua al inicio de la aventura. “La Bestia”, como él la llama, es su salvavidas.
Mantenemos un ritmo rápido. Con una temperatura de 30 °C me cuesta seguirle el paso, mientras que Karl no muestra signos de fatiga pese a haber caminado ya 16 kilómetros antes del almuerzo.
Conversamos sobre cómo cruzó el estrecho de Bering helado en 2006 junto al aventurero francés Dimitri Kieffer, y sobre su travesía a nado de 300 kilómetros por tramos a través del mar Caspio.
Al hablar de su travesía por el Tapón del Darién, que conecta Colombia y Panamá, Karl comenta: “Tienes que abrirte paso a través de una selva densa”.
“Te encuentras con sistemas fluviales y muchos pantanos. Y, por si fuera poco, está el hecho de que es una zona de guerra”, asegura.
Ante la amenaza de secuestro, Karl intentó aparentar ser una persona sin hogar.
“Las personas sin hogar son prácticamente invisibles: nadie les presta atención; esa era nuestra intención. No quería ser el gringo rubio de ojos azules con el equipo más moderno de The North Face”, afirma.
Y agrega: “Me teñí el pelo y la piel, y dejé mi ropa hecha jirones. Llevaba mis cosas en sacos”.
“La tenacidad es lo más importante”
Una mujer se asoma por la ventana y observa con desconcierto a los dos hombres y al carrito.
Karl me invita a empujar a “La Bestia” durante un rato. La cinta negra que recubre el manillar está desgastada y empieza a despegarse.
A medida que avanzamos, nuestra conversación se vuelve más filosófica. Le pregunto cuáles han sido las mayores enseñanzas de la caminata.
“La tenacidad es lo más importante”, responde.
A Karl le cuesta maniobrar “La Bestia” entre una hilera de coches aparcados. “Estos pueblos pueden ser divertidos circuitos de obstáculos”, suspira.
Al volver sobre mi pregunta, añade: “Al venir de un entorno militar, no siempre ves lo mejor de la gente, así que esto me ha abierto los ojos. Desde el primer día, el resto del mundo me ha recibido con los brazos abiertos”.
“Conducían durante ocho horas seguidas para encontrarme y darme de comer al borde de la carretera”, recuerda.
Cuando Karl emprendió el viaje, solo llevaba 500 dólares en el bolsillo y no contaba con patrocinadores.
Después, la expedición se ha ido financiado principalmente con recursos propios, obtenidos a través de publicaciones —incluido su libro “Pasos de gigante” — y conferencias.
Meto la mano en mi mochila y saco una carta de la madre de Karl, Angela Bushby. En la bolsa también hay paquetes de sus dulces favoritos.
“Mamá se acuerda”, dice riendo, mientras elige unos barquillos de caramelo.
La última vez que se vieron fue en 2015.
“Sigues siendo su niño pequeño, ¿verdad?”, pregunto.
“Al parecer, sí”, responde Karl. “Un niño muy feliz con todo ese chocolate”.
En la carta, Angela pregunta si realmente tiene que cruzar el Canal de la Mancha a nado. Tanto la madre como el hijo conocen la respuesta.
Y entonces aparece una frase que lo dice todo.
“Solías pensar que no servías para nada. Pues bien, has demostrado que no es así”, ha escrito Angela.
Siempre he sabido que Karl tiende a restarse importancia, pero esto salta a la vista en la carta.
Me cuenta que nunca se sintió tan en forma como sus compañeros durante su etapa en el ejército.
Karl, cuyo padre sirvió en el SAS (Servicio Aéreo Especial de Reino Unido), dice que el ejército le ayudó a ganar confianza, pero el “daño ya estaba hecho” en su primera infancia, cuando la dislexia no diagnosticada lo convirtió en blanco de acosadores.
“No tenía confianza en mí mismo. Tenía un bajo rendimiento. Mi dislexia no se detectó hasta mi último año de escuela”, asegura.
Sin embargo, Karl nunca ha dudado de que podría terminar su viaje.
“Sin duda existe ese deseo de demostrarme algo. A mí mismo y a los demás. Estamos hablando de hacer algo que otras personas ni siquiera podrían soñar con hacer”, alega.
“Es hora de poner punto final”
Durante años, Karl se tomó con calma la fecha de finalización. Ahora no. Existe una urgencia real.
“Definitivamente es hora de poner punto final”, dice. “No quiero seguir con esto mucho más tiempo”.
Llegamos a Mons y a su impresionante Grand-Place, donde varios jóvenes, al reconocerlo por su cuenta de Instagram, se dirigen directamente hacia él.
“Dios mío, eres una leyenda”, le dice un joven entusiasmado a Karl.
¿Le asusta el futuro a Karl?
“Sí”, admite. “Un día me despertaré en casa de mi madre: a los 57 años, sin nada más que mis cosas en una bolsa junto a la cama”.
Llegamos a una cafetería y Karl pide un zumo de naranja.
Le pregunto cuál ha sido la parte más dura del viaje, pero, en lugar de hablar de ampollas o del miedo a la delincuencia, dice: “Son las relaciones. Me he enamorado dos veces, las he perdido y eso deja huella.
“Lo del dolor físico, sí, eso se puede sobrellevar. Pero ¿enamorarse y luego tener que seguir caminando? Eso te descoloca por completo”.
Me cuenta que siente un “auténtico subidón ante un buen horizonte”.
Seguramente nada superará la primera vez que vea los acantilados blancos de Dover.
Mientras estamos en una hermosa plaza, con el famoso campanario de Mons alzándose sobre nosotros, le pregunto a Karl si alguna vez se detiene a contemplar el paisaje de verdad.
“A veces, simplemente no tienes energía”, admite.
“En un lugar así, sí que lo absorbes. Te sorprendería cuántas veces me he encontrado en un sitio diciéndome a mí mismo que nunca volveré a estar allí”.
Espero que nuestros caminos vuelvan a cruzarse… en suelo inglés.
- Descarga la nueva app del BBC World Service. Elige BBC News Mundo y recibe alertas de noticias, documentales y análisis, todo en un solo lugar. Importante: la nueva aplicación no está disponible en Reino Unido ni Estados Unidos.
- También puedes seguirnos en YouTube, Instagram, TikTok, Facebook, X y en nuestro canal de WhatsApp.
- Y no olvides suscribirte aquí a nuestro newsletter para recibir cada viernes una selección especial de nuestro mejor contenido.