BBC NEWS MUNDO

Karl Bushby, el aventurero británico que partió de Chile y lleva 28 años recorriendo el mundo a pie

La BBC se traslada a Bélgica para caminar un tramo con el aventurero Karl Bushby, cuyo viaje de regreso a casa se acerca al final tras 28 años.

Composición con Karl Bushby a los 29 años, con el cabello largo y rubio, barba y bigote sobre el cielo azul, y a la derecha, un retrato de Bushby actual, con el cabello corto, sonriendo y luciendo unas gafas de sol sobre la cabeza.

Karl Bushby

El aventurero Karl Bushby lleva 28 años recorriendo el mundo a pie y ahora se acerca el final de su viaje.

He escrito sobre él durante la mayor parte de ese tiempo. Aunque hemos hablado con frecuencia e intercambiado cientos de correos electrónicos, nunca nos hemos conocido en persona.

Nos encontramos en la localidad de Havré y acompaño a Karl durante un tramo de ocho kilómetros hasta Mons, en Bélgica.

Forma parte de la marcha final hacia Calais, desde donde planea cruzar a nado el Canal de la Mancha en octubre.

Vestido con pantalones cortos y una camiseta con señales de haber sido remendada durante el viaje, Karl —que luce una barba gris— aparece en el aparcamiento de una estación de tren belga.

Empuja un carrito cargado de equipo de acampada y otros artículos esenciales.

A sus 29 años, Karl partió de Chile hacia su ciudad natal de Hull siguiendo dos reglas que se había impuesto: no utilizar medios de transporte para avanzar y no regresar a Reino Unido hasta completar el recorrido.

La aventura de Karl Bushby

El sudor se filtra a través de su camiseta, formando manchas con forma de alas sobre sus omóplatos.

Este exparacaidista inició su viaje en noviembre de 1998, calculando que el recorrido de regreso a la casa de su infancia —donde aún vive su madre— le llevaría unos 12 años.

Unos 28 años más tarde sigue en marcha, aunque su avance se ha ralentizado debido a las restricciones de visado, la crisis financiera de 2008 —que le hizo perder patrocinadores—, la covid-19 y cuestiones geopolíticas.

En su ruta atravesó Argentina, Perú, Ecuador, Colombia y el Tapón del Darién hacia Panamá.

Pasó por Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala y México antes de cruzar a Estados Unidos y Canadá.

Cruzó el estrecho de Bering, entre Alaska y Rusia, y recorrió Siberia, Mongolia, China, Turkmenistán y Kazajistán.

Atravesó a nado el mar Caspio hasta Azerbaiyán.

Y luego continuó hacia Turquía antes de entrar en Europa.

A sus 57 años ha recorrido más de 48.000 kilómetros y ahora se plantea cruzar a nado el Canal de la Mancha, después de que los responsables del Eurotúnel rechazaran su solicitud de acceso a un túnel de servicio.

Karl entra brevemente en una tienda y sale con una botella de agua, que asegura bajo una cuerda elástica de su carrito, un vehículo que él mismo fabricó en Nicaragua al inicio de la aventura. “La Bestia”, como él la llama, es su salvavidas.

Un hombre de unos cincuenta y tantos años, con una camiseta caqui y pantalones cortos oscuros, posa en la calle junto a un carrito cargado de equipo y bolsas de camping. Una bandera belga cuelga de un edificio detrás de él.
Kevin Shoesmith/BBC
Karl llega a Mons (Bélgica) cuando su aventura se acerca a su fin.

Mantenemos un ritmo rápido. Con una temperatura de 30 °C me cuesta seguirle el paso, mientras que Karl no muestra signos de fatiga pese a haber caminado ya 16 kilómetros antes del almuerzo.

Conversamos sobre cómo cruzó el estrecho de Bering helado en 2006 junto al aventurero francés Dimitri Kieffer, y sobre su travesía a nado de 300 kilómetros por tramos a través del mar Caspio.

Al hablar de su travesía por el Tapón del Darién, que conecta Colombia y Panamá, Karl comenta: “Tienes que abrirte paso a través de una selva densa”.

“Te encuentras con sistemas fluviales y muchos pantanos. Y, por si fuera poco, está el hecho de que es una zona de guerra”, asegura.

Ante la amenaza de secuestro, Karl intentó aparentar ser una persona sin hogar.

“Las personas sin hogar son prácticamente invisibles: nadie les presta atención; esa era nuestra intención. No quería ser el gringo rubio de ojos azules con el equipo más moderno de The North Face”, afirma.

Y agrega: “Me teñí el pelo y la piel, y dejé mi ropa hecha jirones. Llevaba mis cosas en sacos”.

Un hombre, ataviado con ropa de abrigo para climas extremadamente fríos y portando un piolet, trepa por la banquisa en el estrecho de Bering.
Karl Bushby
Karl luchando contra el hielo mientras cruza el estrecho de Bering para entrar en Rusia en 2006.

“La tenacidad es lo más importante”

Una mujer se asoma por la ventana y observa con desconcierto a los dos hombres y al carrito.

Karl me invita a empujar a “La Bestia” durante un rato. La cinta negra que recubre el manillar está desgastada y empieza a despegarse.

A medida que avanzamos, nuestra conversación se vuelve más filosófica. Le pregunto cuáles han sido las mayores enseñanzas de la caminata.

“La tenacidad es lo más importante”, responde.

A Karl le cuesta maniobrar “La Bestia” entre una hilera de coches aparcados. “Estos pueblos pueden ser divertidos circuitos de obstáculos”, suspira.

Al volver sobre mi pregunta, añade: “Al venir de un entorno militar, no siempre ves lo mejor de la gente, así que esto me ha abierto los ojos. Desde el primer día, el resto del mundo me ha recibido con los brazos abiertos”.

Un hombre, pensativo, mira a través de la ventana de un café. Tiene una bebida sobre la mesa frente a él, y afuera, en la calle, hay sillas de colores.
Kevin Shoesmith/BBC
Karl dice que ha salido a demostrarse a sí mismo y a los demás de lo que es capaz.

“Conducían durante ocho horas seguidas para encontrarme y darme de comer al borde de la carretera”, recuerda.

Cuando Karl emprendió el viaje, solo llevaba 500 dólares en el bolsillo y no contaba con patrocinadores.

Después, la expedición se ha ido financiado principalmente con recursos propios, obtenidos a través de publicaciones —incluido su libro “Pasos de gigante” — y conferencias.

Meto la mano en mi mochila y saco una carta de la madre de Karl, Angela Bushby. En la bolsa también hay paquetes de sus dulces favoritos.

“Mamá se acuerda”, dice riendo, mientras elige unos barquillos de caramelo.

La última vez que se vieron fue en 2015.

“Sigues siendo su niño pequeño, ¿verdad?”, pregunto.

“Al parecer, sí”, responde Karl. “Un niño muy feliz con todo ese chocolate”.

En la carta, Angela pregunta si realmente tiene que cruzar el Canal de la Mancha a nado. Tanto la madre como el hijo conocen la respuesta.

Y entonces aparece una frase que lo dice todo.

“Solías pensar que no servías para nada. Pues bien, has demostrado que no es así”, ha escrito Angela.

Siempre he sabido que Karl tiende a restarse importancia, pero esto salta a la vista en la carta.

Una mujer de unos setenta y tantos años, con cabello castaño y vestida con una blusa azul estampada de flores, escribe una carta.
Kevin Shoesmith/BBC
Angela Bushby escribe una nota a su hijo, que le entregué cuando se acercaba a Mons.

Me cuenta que nunca se sintió tan en forma como sus compañeros durante su etapa en el ejército.

Karl, cuyo padre sirvió en el SAS (Servicio Aéreo Especial de Reino Unido), dice que el ejército le ayudó a ganar confianza, pero el “daño ya estaba hecho” en su primera infancia, cuando la dislexia no diagnosticada lo convirtió en blanco de acosadores.

“No tenía confianza en mí mismo. Tenía un bajo rendimiento. Mi dislexia no se detectó hasta mi último año de escuela”, asegura.

Sin embargo, Karl nunca ha dudado de que podría terminar su viaje.

“Sin duda existe ese deseo de demostrarme algo. A mí mismo y a los demás. Estamos hablando de hacer algo que otras personas ni siquiera podrían soñar con hacer”, alega.

Un hombre con ropas andrajosas y cabello largo camina por un camino de montaña en Colombia.
Karl Bushby
Karl en Colombia en 2001, cuando llevaba tres años en su viaje de regreso a casa.

“Es hora de poner punto final”

Durante años, Karl se tomó con calma la fecha de finalización. Ahora no. Existe una urgencia real.

“Definitivamente es hora de poner punto final”, dice. “No quiero seguir con esto mucho más tiempo”.

Llegamos a Mons y a su impresionante Grand-Place, donde varios jóvenes, al reconocerlo por su cuenta de Instagram, se dirigen directamente hacia él.

“Dios mío, eres una leyenda”, le dice un joven entusiasmado a Karl.

Un joven estrecha la mano de Karl Bushby en Mons.
Kevin Shoesmith/BBC
Karl dice que ahora lo reconocen en todas partes gracias a las redes sociales.

¿Le asusta el futuro a Karl?

“Sí”, admite. “Un día me despertaré en casa de mi madre: a los 57 años, sin nada más que mis cosas en una bolsa junto a la cama”.

Llegamos a una cafetería y Karl pide un zumo de naranja.

Le pregunto cuál ha sido la parte más dura del viaje, pero, en lugar de hablar de ampollas o del miedo a la delincuencia, dice: “Son las relaciones. Me he enamorado dos veces, las he perdido y eso deja huella.

“Lo del dolor físico, sí, eso se puede sobrellevar. Pero ¿enamorarse y luego tener que seguir caminando? Eso te descoloca por completo”.

Me cuenta que siente un “auténtico subidón ante un buen horizonte”.

Seguramente nada superará la primera vez que vea los acantilados blancos de Dover.

Los acantilados blancos de Dover, vistos desde Calais.
Kevin Shoesmith/BBC
Los famosos acantilados blancos de Dover serán la primera vista de Inglaterra que Karl verá desde que partió de Chile hace 28 años.

Mientras estamos en una hermosa plaza, con el famoso campanario de Mons alzándose sobre nosotros, le pregunto a Karl si alguna vez se detiene a contemplar el paisaje de verdad.

“A veces, simplemente no tienes energía”, admite.

“En un lugar así, sí que lo absorbes. Te sorprendería cuántas veces me he encontrado en un sitio diciéndome a mí mismo que nunca volveré a estar allí”.

Espero que nuestros caminos vuelvan a cruzarse… en suelo inglés.

ESCRITO POR: