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Qué supone el fin de la nieve eterna de Papúa, el último hielo tropical entre los Andes y el Himalaya

El cambio climático está transformando los picos nevados de Papúa, los cuales tienen tanto un valor científico como un significado espiritual.

Una vista aérea de la cordillera de Sudirman en Papúa; se puede ver una pequeña mancha de nieve en una de las montañas.

Solo quedan pequeños parches de nieve en la cordillera Sudirman de Papúa. Project Pressure/Klaus Thymann

Durante siglos las montañas de Papúa han estado cubiertas de “nieve eterna”.

Las cumbres de esta región de Indonesia, ubicada en la segunda isla más grande del mundo, justo al norte de Australia, han proporcionado a los científicos innumerables datos sobre el pasado climático de la Tierra.

También son el epicentro del universo espiritual para muchos papúes, a la altura de una Meca o un Vaticano.

Pero ahora, casi toda la nieve ha desaparecido.

Hace un siglo, el tramo de 300 km de la Cordillera Sudirman tenía nieve y hielo permanentes en sus cuatro picos principales.

Ahora solo queda algo de nieve en pequeñas áreas alrededor del Puncak Jaya, también conocida como la Pirámide de Carstensz. Y se prevé que estas desaparezcan por completo en uno o dos años.

La cobertura glaciar alrededor de la cima se ha reducido de casi 1.900 hectáreas en el siglo XIX a unas 16 hectáreas en la actualidad.

Casi todos los glaciares han desaparecido en el transcurso de una vida humana.

“Hay una profunda injusticia en todo esto”, afirma Marie Šabacká, una ecóloga checa especializada en glaciares que viajó a Puncak Jaya el pasado marzo con el objetivo de ser una de las últimas científicas en estudiar la “nieve eterna” de Papúa.

Según ella, los glaciares tropicales de Papúa son únicos porque están separados de otros sistemas glaciales por miles de kilómetros.

De hecho, Papúa alberga el “último hielo tropical que queda” entre los Andes y el Himalaya.

Los núcleos de hielo extraídos de las laderas del Puncak Jaya conservan un registro de la historia climática.

Los científicos pueden utilizarlos para obtener información sobre las condiciones atmosféricas de la región y comprender los cambios en las aguas oceánicas más cálidas del planeta que rodean la isla: el Pacífico tropical y la masa de agua cálida del Pacífico occidental.

Pero este archivo está desapareciendo antes de que los científicos hayan tenido tiempo de estudiarlo a fondo.

Las imágenes de los campos nevados de 1936 muestran una extensión de nieve mucho mayor alrededor de Puncak Jaya.
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La capa de nieve se ha reducido drásticamente desde que se tomó esta foto, en 1936.

Prueba del calentamiento global

El retroceso de los glaciares de Papúa está impulsado por las mismas fuerzas que afectan al hielo en todo el mundo, señala Šabacká: el calentamiento de la atmósfera causado por la actividad humana, incluida la quema de combustibles fósiles como el carbón, el petróleo y el gas.

A medida que aumentan las temperaturas, el punto de congelación se desplaza hacia altitudes más elevadas en las montañas, por lo que una mayor parte de las precipitaciones cae en forma de lluvia en lugar de nieve, incluso en lugares donde antes nevaba con regularidad.

El fenómeno de El Niño puede acelerar este proceso, mientras que factores locales como la nubosidad, las nevadas y la topografía de las montañas influyen en su ritmo.

Las montañas de Papúa se encuentran a solo 450 km al sur del ecuador, donde “el hielo permanente solo puede sobrevivir a altitudes muy elevadas y dentro de un rango muy limitado de condiciones climáticas”, explica Šabacká.

Un pequeño aumento de la temperatura, un punto de congelación más alto o el cambio de nevadas a lluvias pueden determinar si un glaciar sobrevive o no, agrega.

El retroceso de los glaciares es evidencia de que la Tierra se ha estado calentando durante un largo período y su desaparición “elimina tanto un hábitat biológico como parte de un paisaje de gran importancia cultural”.

La investigadora Marie Šabacká, vestida con una chaqueta rosa brillante y pantalones negros, toma muestras de nieve y las coloca en una bolsa de plástico transparente etiquetada.
Marie Šabacká
Šabacká, a quien se ve tomando muestras en el Puncak Jaya, afirma que los glaciares en desaparición de Papúa son únicos.

Un ancla espiritual

Al menos cinco grupos indígenas han tenido fuertes lazos espirituales con el Puncak Jaya desde hace generaciones.

El pueblo moni se refiere a él como Mbainggela y cree que sus antepasados velan por la montaña.

Para el pueblo amungme, la cordillera se conoce como Nemangkawi o la “Flecha Blanca”.

“Los padres y abuelos rezaban para que sus hijos tuvieran corazones como la Flecha Blanca, que nunca se desviaran del camino correcto”, dice Elfrida Natkime, una joven amungme. “Simboliza la honestidad, la pureza y la integridad moral”.

Según las creencias tradicionales amungme, Nemangkawi simboliza cómo debe vivir la gente.

La activista ambiental amungme Adolfina Kum destaca lo importante que es la montaña para su pueblo y cómo las tradiciones y los cimientos culturales corren el riesgo de desmoronarse a medida que el hielo se derrite.

“¿Cómo se sentirían los musulmanes si se destruyera La Meca? ¿Cómo se sentirían los católicos si se destruyeran Roma o el Vaticano?”, pregunta.

“Para el pueblo amungme, eso es lo que se siente cuando se destruye Nemangkawi”, agrega.

Justinus, un hombre de la tribu Moni, está de pie frente a la montaña. Lleva una chaqueta azul y pantalones azul oscuro, con una mochila roja cruzada en el pecho
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La montaña tiene un inmenso significado espiritual para pueblos indígenas como el moni, al cual pertenece Justinus.

Para muchos indígenas papúes, la desaparición del glaciar no es un hecho aislado.

El descubrimiento de vastos yacimientos de cobre y oro transformó la región durante el siglo XX, y el desarrollo de proyectos industriales extractivos ha remodelado partes del paisaje.

Se han excavado laderas enteras de las montañas y las carreteras, al tiempo que la infraestructura industrial y los asentamientos han transformado los valles circundantes.

Los papúes dicen que el desarrollo ha traído empleos, carreteras, educación y oportunidades económicas, pero también degradación ambiental y décadas de conflicto social.

Algunos han perdido el acceso a sus tierras ancestrales a medida que se expandía la minería.

La BBC intentó obtener comentarios de Freeport, que está a cargo de la mina Grasberg en Papúa, una de las operaciones de oro y cobre más grandes del mundo.

“Cada vez que veo las montañas, me quedo maravillada, pero también siento tristeza”, dice Natkime.

“Desde que llegó la empresa, he sido testigo de la explotación. Pero el desarrollo también ha proporcionado un medio de vida a muchas personas”, afirma.

Mientras las comunidades locales ven cómo cambian sus paisajes sagrados, los científicos y exploradores se apresuran a documentar lo que queda.

Mediante el uso de drones y técnicas de mapeo tridimensional, el investigador danés Klaus Thymann y su equipo han creado un modelo detallado de lo que todavía hay.

Desde principios de la década de 2000 hasta 2025, el área glaciar se ha reducido un 95%, afirma. “Casi no queda hielo. Esos son los hechos”.

Thymann sostiene que los glaciares son indicadores “increíblemente poderosos” del cambio climático mundial.

“Cuando la gente escucha que algo descrito como ‘eterno’ está desapareciendo, eso provoca una reacción”, señala.

Kum cree que las comunidades “pierden una importante fuente de fortaleza” cuando se alteran las montañas o bosques sagrados, así como otros lugares ancestrales.

“A menudo lo describo como arrancar las raíces de un árbol: una vez que se quitan las raíces, el árbol pierde su cimiento”.

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