Las encuestas dan a Morales y a su vicepresidente Álvaro García Linera, del oficialista Movimiento Al Socialismo (MAS), la victoria en las elecciones generales, con 52 por ciento de las preferencias de los votantes.
De las ocho candidaturas que se disputan la Presidencia, el principal rival de Morales es el ex gobernador de Cochabamba Manfred Reyes Villa, del derechista Plan Progreso Bolivia–Convergencia Nacional, un militar retirado, a quien los sondeos le atribuyen 18 por ciento de los votos.
Su candidato a la vicepresidencia, el ex gobernador de Pando Leopoldo Fernández, está preso desde el 2008, a la espera de juicio por su supuesta responsabilidad en una matanza de campesinos.
Con 9 por ciento de las preferencias electorales, el empresario centroderechista Samuel Doria Medina, del partido Unidad Nacional, se perfila en el tercer lugar.
Según sondeos, Morales podría ganar en seis de los nueve departamentos de esa nación andina y podría perder en los tres del oriente. Si la proyección se cumple, la oposición conservadora mantendrá bajo control enclaves importantes.
No obstante, el analista político Ricardo Paz explicó que el MAS es el único movimiento político en toda Bolivia que tiene “preponderancia y una fortaleza muy grande”.
Busca mayoría legislativa
Morales comenzó a redoblar su campaña en las regiones orientales de Santa Cruz, Pando y Beni, que, según las encuestas, todavía le resisten, lo cual pone en peligro su objetivo de obtener también el control del Congreso, que está en manos de la oposición y obstruye sus iniciativas.
“Tenemos el Gobierno, pero no el poder”, expresó el mandatario, que se ha proclamado categóricamente en contra del “voto cruzado” —marcar por un candidato a presidente y por un postulante a diputado de otro partido político—, lo que podría frustrar su deseo de lograr los dos tercios de los escaños legislativos.
La oposición sospecha que el gobernante busca la mayoría legislativa no solo para controlar el Senado, sino también para buscar una eventual reforma constitucional que le permita habilitarse a una nueva reelección en el 2016.
“Es imposible, en tres años de gobierno de Presidencia, reparar daños de 500 años (de colonización). Es imposible, por ejemplo, que Bolivia deje de exportar materia prima si hablamos de recursos naturales. Necesitamos por lo menos cinco o 10 años”, aseguró Morales en marzo último.
Respecto de los logros desde su elección en el 2005, el presidente ha destacado que Bolivia es el tercer país de América Latina libre de analfabetismo.
Sobre la política económica comentó que su gobierno da a algunos sectores sociales créditos con 0 por ciento de interés.
El gran deseo del mandatario es “una reconciliación nacional” entre la población indígena originaria, que “son muchos y muy pobres”, con los demás habitantes.
“Nos vamos a quedar para mucho tiempo, hasta cambiar Bolivia”, manifestó Morales al referirse a la transformación económica y social que quiere aplicar en su nación.
Los comicios confrontarán el proyecto nacionalista e indigenista del mandatario frente a un proyecto antiestatista, a favor del libre mercado y que busca frenar la hegemonía política del occidente, donde está la mayoría de la población nativa.
La campaña boliviana ha estado caracterizada por una fuerte guerra sucia, por lo que la Iglesia Católica ha llamado a “dejar de lado el insulto” para concentrarse en la difusión de los programas de gobierno, según el obispo Jesús Juárez, secretario general de la Conferencia Episcopal.
Además, el proselitismo electoral se ha visto salpicado en las últimas semanas por brotes de violencia entre partidarios de las ocho fórmulas que aspiran a lograr al menos el mayor número posible de escaños en la Asamblea Legislativa Plurinacional.
Victorias
Morales, el primer indígena en llegar al Gobierno en la historia de ese país, ganó las elecciones generales de diciembre del 2005, con el 53.7 por ciento de los votos, y ratificó su mandato mediante un referendo en agosto último, con el 67 por ciento.
Desde su asunción, en enero del 2006, ha roto los clásicos moldes impuestos por sus antecesores y privilegió la atención social con bonificaciones en dinero para los sectores más desprotegidos.
Además, la nueva Constitución, promovida por Morales y aprobada en consulta popular en enero último, le otorga más poderes al pueblo indígena, refuerza el papel del Estado en la economía y reconoce la descentralización a todos los niveles.
Por esas razones, entre otras, el apoyo popular al oficialismo es incuestionable, por lo que Morales pronostica que ganará las elecciones con el 72 por ciento de los votos.
Y como las leyes bolivianas estipulan que si un candidato supera 40 por ciento —con más de 10 por ciento de ventaja sobre el segundo— evita la segunda vuelta, la fórmula Morales-Linera podría tener el camino allanado hacia un segundo mandato, que no busca otra cosa que la construcción de una nueva hegemonía.
información de agencias
y sitios de internet
Análisis economía País afronta mejor la crisis
Contra todo pronóstico, Bolivia —uno de los países más pobres del continente americano— es el que mejor sortea la crisis económica mundial.
Según elpaís.com, los últimos datos difundidos por el Fondo Monetario Internacional indican que ese país andino crecerá 3.2 por ciento durante este año, comparado con la caída de 2.5 por ciento que presentará la media de Latinoamérica para ese mismo período.
Según analistas, la clave de ese buen desempeño se debe al elevado nivel de inversión pública y en el alza de los precios de las materias primas que exporta Bolivia. La inversión extranjera ha crecido en los últimos años hasta alcanzar los US$508 millones en el 2008.
El gobierno de Evo Morales ya ha anunciado —de cara a las elecciones— que gastará cuanto sea necesario para dinamizar la economía.