“Es el deseo que ellos tienen así que si ellos piden que nos quedemos, nos quedaremos”, dice Wilson a la AFP.
Por su parte, el hijo del minero Omar Reygadas, quien lleva su mismo nombre, aseguró que hay un acuerdo entre los familiares para dejar todo tal y como está, con el fin de que los mineros puedan conocerlo.
“Vamos a dejar el campamento Esperanza tal cual está. Toda la gente quiere que, cuando les den de alta del hospital y estén más relajados y hayan compartido con sus familias y seres queridos, volvamos con ellos para que vean donde los estuvimos esperando”, precisa Omar hijo.
El campamento Esperanza, que llegó a albergar a unas 3.000 personas en los días previos al rescate minero, se emplazó en las afueras de la mina San José, en pleno desierto de Atacama, 800 km al norte de Santiago, donde los 33 mineros estuvieron atrapados bajo tierra.
A la espera de lo que se vaya a hacer, los familiares celebraron este miércoles el fin de la exitosa operación que trajo de vuelta a sus seres queridos, con algunos con ánimo para preparar las brasas para la parrilla y otros más bien listos a descansar.
Apenas se informó que el jefe de turno, Luis Urzúa, el último de los 33 en salir a la superficie, se encontraba sano y salvo, 33 pequeños globos de gas con la bandera de Chile se lanzaron al aire, mientras en las carpas de las familias se descorchó champán entre gritos, abrazos y manifestaciones de emoción.
La familia del minero Franklin Lobos, futbolista y ex integrante de la selección de Chile, colocó una parrilla frente a su campamento y se preparaba para pasar una buena y alegre noche, tras la buena noticia del fin del rescate.
En tanto, algunos familiares subieron hasta uno de los cerros del lugar, en donde se encuentran colocadas 33 banderas -32 chilenas y 1 boliviana- para colocar velas en cada una de ellas.
Otros familiares, en cambio, si bien se quedarán conversando hasta tarde junto al fuego, prefieren descansar. “Es la primera vez que voy a poder dormir tranquila después de 70 días de espera” , dice a la AFP Isabel Segovia, hermana del minero Darío Segovia, mientras fuma un cigarrillo antes de descansar en su carpa.
“Ellos han dado el ejemplo de valentía, que han luchado hasta el final. Es una noche muy especial”, comenta.
Frente a las pantallas gigantes instaladas por los canales de televisión para ver el rescate, las familias descorchan champán y se abrazan.
Por su parte, en la carpa de la familia Avalos, sus parientes siguen viendo la televisión, disfrutando de las imágenes del rescate que entregan los noticieros.
“Esta es una lección que nos dieron los 33 mineros. Es un ejemplo de humildad y de unión. Ahora nos iremos muy contentos. Esto es lo que queríamos, que saliera todo bien y gracias a Dios, así fue” , dice Wilson valos.
Decenas de automóviles se emplazan en esta rampa cercana a la mina en medio de un pequeño pueblo que irá desapareciendo en los próximos días, y que llegó a albergar a unas 3 mil personas entre familiares y periodistas.
Las bocinas de automóviles de familiares y de los camiones de los socorristas desde la faena minera, suenan de cuando en cuando, a modo de celebración.
El rescate, conocido también como operación San Lorenzo, el santo de los mineros, culminó a 70 días del accidente en que los 33 trabajadores quedaron atrapados dentro de la mina San José.
Uno a uno, fueron ascendidos dentro de una cápsula, desde los 622 metros de profundidad en donde se encontraban.