Internacional

Narcotelenovelas en la vida real 

Drogas, traficantes, armas, dinero fácil, asesinatos y mujeres de mala vida. Un coctel explosivo que se ha convertido en el último gran fenómeno popular de la televisión latinoamericana, que ha generado un exitoso nivel de audiencia, pero que ha despertado críticas por su polémico contenido.

Andrés López, ex narcotraficante cuyos dos libros que han sido superventas, El cartel de los sapos y Las fantásticas, en los que se basaron los libretos de El cartel y Las muñecas de la mafia, declaró a la revista colombiana Semana que su pretensión no es hacer apología de una conducta, “simplemente es una herramienta de entretenimiento. Sin descuidar lo más importante, que es darle a la audiencia herramientas para que aprendan de las equivocaciones ajenas”.

Al hacer una comparación con EE. UU., López se defiende: “No podemos echarle la culpa a la televisión de lo que somos. Los gringos también tienen series sobre narcotráfico y corrupción, y no por eso son narcotraficantes o corruptos”.

En realidad, en todas las sociedades se han hecho exaltaciones del mal. Los bandidos parecen mucho más seductores que las personas de bien, opina Semana, que recuerda que de esa fascinación se origina un género que comenzaría con el cine negro de EE. UU. en la década de 1940 hasta la saga de gánsters El Padrino.

El escritor y guionista aseguró que tratar ese tipo de temas es difícil y complejo, debido a que origina polémica. “Es una realidad que genera todo tipo de controversia, pero creo que la historia debe ayudar a que se conozca para que los jóvenes no se involucren en ese mundo”.

En ese sentido, según el psiquiatra colombiano José Antonio Garciandía, “las telenovelas no están legitimando nada, simplemente muestran algo que ya está informalmente legitimado en la cultura nacional”.

Mensaje dañino

Varios medios analizan con preocupación el tema del narcotráfico en la televisión, no tanto por la apología al delito, o por destacar el punto de vista de las prostitutas y los narcotraficantes como algo normal en el imaginario audiovisual que se vende a millones, sino precisamente porque es un mensaje masivo.

Analistas coinciden en que esas producciones colombianas solo demuestran la falta de valores que prevalecen en la sociedad, además de reforzar y reproducir los estereotipos en contra de la dignidad de las mujeres.

La preocupación del Gobierno colombiano reside en el retrato crudo y fiel acerca del crimen organizado que azota a muchos países latinoamericanos y que se exporta más allá de sus fronteras.

“Lo que realmente han hecho estas imágenes es confundirnos con verdades a medias, ridiculizar al Estado y sus instituciones y, muy particularmente, transforman en villanos a héroes que enfrentaron el poder asesino y corruptor del narcotráfico”, manifestó el director de la Policía colombiana, general Óscar Naranjo.

La conclusión a que llegaron los participantes de la séptima Cumbre Mundial de la Industria de la Telenovela y la Ficción, que se llevó a cabo la semana última en Bogotá, es que las series sobre el narcotráfico que tanto auge han tenido, tanto en audiencia como en ventas, le están haciendo daño a la imagen de Colombia.

“Se deben buscar nuevas formas para no caer en la apología, pero sí seguir mostrando la realidad”, aseguró el colombiano Fernando Gaitán, creador de Yo soy Betty, la fea.

Otro punto común fue la necesidad de moderar la violencia en televisión, sin limitar la imaginación de los escritores.

“Ya era justo que nosotros contáramos nuestras propias historias, que estábamos dejando que contaran los demás (…) en muy malas películas y series estadounidenses”, comentó Gaitán.

Existe la necesidad de seguir viendo esas historias, agregó Gaitán al explicar el éxito de audiencia de series como la colombiana Sin tetas no hay paraíso, una de las primeras en retratar a los narcos y adaptada después en varios países.

Espacios de reflexión

El productor mexicano Pedro Torres coincidió con Gaitán al asegurar que la obligación actual del sector es “tomar los grandes temas” que preocupan en Latinoamérica y “crear espacios de reflexión”.

Al respecto, adelantó que está preparando con la cadena Televisa una serie en la que se recrearán 13 grandes casos de combate al narcotráfico en México.

Desde el ángulo femenino, las protagonistas de esas telenovelas son representadas como objeto de los mafiosos, con una vida llena de lujos y de placeres, pero que forman parte de la realidad. “Basta salir a la calle, en cualquier ciudad colombiana, para verlo. Habitamos la narcoestética, el narcocuerpo, la narcomujer. Y todo esto es exitoso, en la vida real y en la ficción”, aseveró el crítico de televisión Omar Rincón.

Ante el hecho de que las narcotelenovelas mandan en la pauta y la audiencia, el guionista de Sin tetas no hay paraíso, Gustavo Bolívar, precisó que lo que hay en la actualidad al aire es lo que la gente quiere ver.

Esas historias que relatan asuntos fuera de la ley han llenado en los últimos dos años la pantalla de los telespectadores latinoamericanos de personajes armados en el guión, pero indeseables en la realidad de un país como Colombia, que produce del 80 al 90 por ciento de la cocaína que se consume en el mundo.

información de agencias y sitios de internet

También en la música  

La producción y el tráfico de dro-…gas llevaron a que grupos mexicanos de música popular reflejaran en sus canciones la vida de los narcotraficantes, sus disputas y sus actividades ilícitas, conocidos como narcorridos. Entre los grupos más sonados de este subgénero musical de ese país se encuentran Los Tigres del Norte, Los Tucanes de Tijuana y K-Paz de la Sierra.

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