La mujer irrumpió en la sala donde se celebraba un foro para buscar soluciones contra la violencia y desnudó un corazón malherido ante el presidente, la primera dama, la plana mayor del gabinete ministerial y las cámaras de la televisión nacional.
Sus dos hijos adolescentes estaban entre las víctimas, todas sin relación con el crimen organizado y a las que, en un primer momento, Calderón tachó de “pandilleros” .
Quien debería habérselo pensado dos veces antes de hablar también fue el presunto diputado Julio César Godoy, investigado por sus nexos con un cartel del narcotráfico.
Henchido por el fuero que le protegía de caer en manos de la Fiscalía, afirmó arrogante que las acusaciones en su contra eran “tontas y pendejas” . Poco después, la Cámara le desposeyó de su escaño y se vio obligado a huir por segunda vez.
Antes de tomar posesión de su escaño en septiembre ya había permanecido más de un año huido de las autoridades; sólo reapareció para jurar su cargo, previo subterfugio para entrar al Palacio Legislativo sin ser detenido.
La épica del narcocorrido, por su parte, alumbró frases como ésta: “En un cuartel militar su rancho lo convirtió/ y así formó su estrategia como un buen cazador. Y defendiendo su rancho a balazos se agarró” .
La estrofa es una de las muchas dedicadas a la bravura de Alejo Garza Támez, “Don Alejo” , un hombre de 77 años a quien el narcotráfico dio un ultimátum de 24 horas para entregar su rancho.
El anciano dio el día libre al servicio, se atrincheró con varios rifles y esperó el asalto de los sicarios. Llegaron treinta, de madrugada, y antes de que lo cosieran a balazos, abatió certero a cuatro. Su valentía dejó en evidencia a las instituciones.
“No queremos ser la nota” , protestaba en agosto la prensa mexicana en una de las pancartas enarboladas en una manifestación contra la casi total impunidad de los asesinatos de reporteros.
Los carteles mataron este año a 14 periodistas -casi 70 desde el año 2000- y ejercieron fuertes presiones sobre el gremio, una situación ante la que el Gobierno federal solo ha presentado el marco de un futuro plan de protección.
Una más de las frases destacadas fue la dedicada por un internauta al capo Teodoro García Simental, “El Teo” , tras su detención.
“Además de matarlos, te los comías” , escribía señalando el sobrepeso que había adquirido el narcotraficante, uno de los reyes de la droga más violentos de Tijuana, para cambiar su aspecto. El blog se llenó con cientos de frases, muchas de ellas de rivales.
Otro protagonista fue el cantante español Joaquín Sabina, que calificó de “ingenuo” a Calderón por declarar guerra abierta al narcotráfico.
Tras ser invitado por el mandatario a comer, intercambiar posturas y cantar con mariachi, un Sabina más comedido ofreció el titular a la prensa: “El ingenuo fui yo” .
El proceder fue inusitado, ya que el Gobierno suele ser severo con los extranjeros que se inmiscuyen públicamente en la política del país. La Constitución permite expulsarlos.
De donde salieron asimismo un buen puñado de frases fue del filme “El infierno” , sátira brutal del México donde el sicariato es visto por muchos como camino al lujo y el respeto, aunque conlleve inevitablemente cárcel o muerte.
Todo sicario, al calzarse las pistolas, recibe un alias. En la cinta, fenómeno de taquilla por el reflejo no tan distorsionado que da de México, un “mojado” deportado de EE.UU vuelve a su pueblo roto por la crisis y reencuentra enriquecido a su viejo compadre el Gordo Mata.
“¡Quiúbole, mi Gordo Mata!” , saluda emocionado, antes de ver a un palmo de sus narices el cañón de una pistola. La respuesta de su compadre es ya un clásico instantáneo del cine mexicano: “Ya no soy el Gordo Mata, mi Benny, ahora soy El Cochiloco. Está claro?” .