CON NOMBRE PROPIO

27,878 entre niñas y adolescentes

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27,878 adolescentes fueron madres el año pasado —dato del Observatorio de Salud Reproductiva—, la cifra es más que una fría noticia. Retrata una sociedad que año con año tiene estas cantidades de niños que vienen al mundo con una mamá que debería estar preparándose para su futuro. Algunos embarazos serán producto de relaciones consentidas, pero la gran mayoría son consecuencia de la ignorancia, el abuso y la violencia. Las madres oscilan entre 10 y 17 años.

El Ministerio Público señaló que el año pasado se conocieron 2,753 casos de violaciones sexuales a niñas de entre 10 y 14 años. De estos hechos, 209 menores quedaron embarazadas. Como sabemos que el subregistro es peste, el drama es mayor.

La mayoría de abusos sexuales contra adolescentes se produce dentro de la familia. Padres, abuelos, hermanos, padrastros, hermanastros, primos, tíos son, por lo general, quienes atentan contra la niña o la adolescente. El silencio frente al delito, la tolerancia frente a la agresión quedan como los mejores cómplices de la atrocidad.

¿Qué futuro tiene una madre de 15 años con un bebé engendrado con quien tiene parentesco y muy probable que vivan en un mismo techo?, ¿qué capacidad estatal existe para dar seguimiento a más de 27,000 embarazos en adolescentes?

Nuestra sociedad debe reaccionar de forma distinta a la realidad y no hay nada que parezca sacudirnos y salir a buscar un nuevo modelo, o por lo menos una alternativa a lo que hoy existe. Por si esto fuera poco, pueblos enteros están diezmados por haber expulsado a miles al Norte, así que la desintegración familiar, por una u otra causa, es una regla cada vez más precisa y más constante.

La mayoría de casos pediátricos se deben a desnutrición, la mayoría de casos de violencia se deben a la conformación de maras, la mayoría de violencia contra los niños se debe a abandono. ¿Y la familia? La pérdida de valores fundamentales es una causa que debe verse, por supuesto, pero mientras se recuperan, ¿qué hacer?

La principal política estatal debería enfocarse en esta realidad, la violencia intrafamiliar y de índole sexual genera daños enormes a la sociedad. Por supuesto que el tema penal hay que promoverlo y optimizarlo, pero un problema social de la magnitud que señalamos es imposible resolverlo solo de esa forma; el esfuerzo es mucho mayor.

En el país, la autoridad rectora en este tema es un misterio, porque muchas entidades hacen algo, pero la ausencia de un rumbo fijo es evidente y los números lo demuestran y recalcan. Miles reclamamos más seguridad en las calles; sin embargo, con la desintegración familiar que existe y la necesidad del adolescente para pertenecer a un grupo o a un “algo”, vamos por pésimo camino, porque el delito es una forma de subsistencia —nos guste o no— y esta es una realidad social.

Las políticas públicas se definen desde la política, y de allí que, con los escándalos a diario que se tienen en todo el aparato gubernamental, no debemos perder el norte de que la coyuntura es una, pero los grandes problemas estructurales debemos enfrentarlos. Lo peor que puede suceder es que sigamos, tal como el avestruz, con la cabeza metida en tierra y sin querer ver qué pasa, sin tocar los grandes temas.

Por otra parte, nuestro sistema es tan absurdo e injusto que aún con esta realidad cientos de padres que desean vivir una paternidad responsable son víctimas de un andamiaje que les niega hasta “visitar” a sus propios hijos, y estos casos son cada vez más.

La familia consanguínea por concepto es el primer núcleo de protección, pero si la regla tiene tantas excepciones, ¿seguimos sin hacer nada?

@Alex_balsells

ESCRITO POR:

Alejandro Balsells Conde

Abogado y notario, egresado de la Universidad Rafael Landívar y catedrático de Derecho Constitucional en dicha casa de estudios. Ha sido consultor de entidades nacionales e internacionales, y ejerce el derecho.