COLABORACIONEl malecón de Guayaquil
Afortunadamente, y a diferencia de sus vecinos colombianos y peruanos, Ecuador ha quedado al margen de una de las grandes enfermedades de los recursos naturales, como es el cultivo de la droga.
Ciertamente en ese país se lava dinero que proviene del tráfico de drogas, pero no cultivarlas en su territorio ha protegido sus selvas, por ahora. En cambio, en Colombia, Perú y Bolivia son miles las hectáreas de selva virgen que se talan cada año en la Amazonía para dar paso a este cultivo ilegal.
Según Roger Rumrill, un escritor suramericano con el que conversé mientras caminábamos y tomábamos el fresco de la tarde frente al Océano Pacífico en el nuevo y hermoso malecón de Guayaquil, calcula en más de cien mil las toneladas de compuestos químicos contaminantes, como ácido sulfúrico, acetona, tolueno y kerosene, los que en los últimos años se han vertido en los ríos.
Rumrill desde hace muchos años investiga el daño que el narcotráfico ocasiona a su querida región de la Amazonía, y sostiene que el narcotráfico obedece a las leyes del mercado, por lo que será la oferta y la demanda de drogas más baratas fabricadas sintéticamente en ambientes urbanos, como el éxtasis, la que evitará seguir depredando los recursos naturales en la Amazonia.
Ciertamente esto favorecerá a los recursos naturales, no así a las personas, pues las drogas enferman a la sociedad, a las familias y, en primer lugar, a las personas, porque cuando se vuelven adictas se quedan desprotegidas, sin voluntad y sin moral. Por ese motivo, nunca convendrá legalizar la producción y el comercio de la droga, como algunos pretenden.
Ecuador tiene muchas semejanzas con Guatemala, no sólo por las drogas que aquí se trafican, sino también por su composición étnica y social, su biodiversidad y variedad de climas, por su dirigencia política y sus problemas económicos, que han obligado a emigrar a varios cientos de miles de personas hacia Estados Unidos y Europa.
Contradictorio es el plan del Gobierno ecuatoriano de impulsar la economía utilizando esa megadiversidad con fines turísticos, al mismo tiempo que fomenta la explotación y transporte del petróleo en y a través de las áreas protegidas, cuando ambas actividades no pueden ir cogidas de la mano. A pesar de esos problemas, Ecuador sigue siendo un lugar bastante seguro para ser visitado por los turistas.
Tantas riquezas naturales, culturas e historia reunidas en un solo país, hacen que en Ecuador ya no se hable de biodiversidad, sino de megadiversidad.