Noche de paz
El joven sacerdote estaba feliz. Había experimentado una cálida y conmovedora acogida entre los amables aldeanos de Maripfarr. Desde niño su vida había estado marcada por la pobreza, la enfermedad y la ausencia de cariño. Fue hijo ilegítimo de un soldado mercenario, y su madre zurcía calcetines para reunir algunos florines y alimentar a sus cuatro hermanos.
Esa noche, en Maripfarr, Mohr sintió un profundo sentimiento de gratitud. Se acercó a la imagen del niño Jesús en el pesebre y rezó: “Noche silenciosa y santa. Todos duermen. Solo velan los santos padres. Gracioso niño de cabellera rizada, duerme en la paz celestial. ” Fue así como nació la primera estrofa del himno navideño más amado sobre la Tierra, que narra, con frases sencillas, la historia del nacimiento de Jesús. Dos años más tarde, Franz Grüber, músico y amigo de Mohr, accedió a componer la música para este poema navideño.
Qué lejos estaban de imaginar Mohr y Grüber que su humilde villancico daría la vuelta al mundo y que sería traducido a más de 300 idiomas. Desde el alemán antiguo hasta el ruso, el chino, swahili y el tailandés. Qué lejos estaban de imaginar que la magia de paz y amor que emana de su letra y melodía provocarían una inusual tregua el 24 de diciembre de 1914, durante la Primera Guerra Mundial.
En la línea de fuego entre alemanes y británicos, esa víspera de Navidad, los soldados alemanes se pusieron a encender velas sobre sus bayonetas. Aunque estas luces visibilizaban a las tropas alemanas, los británicos se abstuvieron de disparar porque empezaron a escuchar que los alemanes cantaban: “Stille Nacht! Heilige Nacht!” Los británicos reconocieron que era la melodía de Noche de Paz. ¡Así que ellos, emocionados, la cantaron también!
Noche de paz, noche de amor,/ todo duerme en derredor./ Entre sus astros que esparcen su luz/ bella anunciando al niñito Jesús./ Brilla la estrella de paz;/ brilla la estrella de paz.
Noche de paz, noche de amor,/ todo duerme en derredor./ Solo velan en la oscuridad/ los pastores que en el campo están;/y la estrella de Belén/ y la estrella de Belén.
Noche de paz, noche de amor,/ todo duerme en derredor;/ sobre el santo niño Jesús./ Una estrella esparce su luz,/ brilla sobre el Rey,/ brilla sobre el Rey.
Noche de paz, noche de amor, /todo duerme en derredor/ fieles velando allí en Belén./ Los pastores, la madre también./Y la estrella de paz/Y la estrella de paz.
Han transcurrido más de 200 años desde que se cantara por primera vez la versión completa de “Noche de Paz”, en la iglesia de San Nicolás, en Oberndorf, el 25 de diciembre de 1818. El villancico sigue cautivando los corazones de las personas sensibles que no se han dejado vencer por el odio, la envidia, o el resentimiento que envenena el alma. “Pidamos esta noche por la paz en nuestros corazones. “Sólo así habrá paz en Guatemala. ¡Feliz Navidad!”, cantó el Clarinero.