Lo que ocurre en el futbol mundial, en donde Guatemala aporta su cuota de corruptos, es importante para repensar lo que nos ocurre y conocer los motivos por los cuales el deporte no ha conseguido convertirse en un verdadero paliativo al esquema violento que vivimos.

La dirigencia de Fifa es una cloaca llena de rateros. Las sedes de los mundiales, los derechos de transmisión y hasta el amaño de partidos es lo que dirigentes, en su mayoría europeos y sudamericanos han construido, y nosotros, que como país chico no tendríamos mayor cosa que perder y sí mucho que ganar, nos hemos sumado sin reservas a la dinámica del robo y el abuso.

Los cargos dirigenciales en el deporte federado son ad honórem, pero acá quien llega se eterniza, los codazos para desplazar a la “oposición” son de rutina y desde una pequeña federación de un deporte poco popular hasta llegar al pináculo del poder y la influencia como es el futbol, la corrupción es la constante.

Los viáticos, viajes y sueldos disfrazados están en todos lados, apareciendo allá a lo lejos los deportistas como artistas de reparto. Recordemos que hace poco, ni nuestro medallista olímpico tenía apoyo para entrenar como debía y debió acudir a solicitar, vía Facebook, apoyo puntual.

Dinero para el deporte hay, y mucho. Solo la Constitución le asigna el 3% del Presupuesto General de Ingresos Ordinarios del Estado; de esta asignación la mitad es para el deporte federado, una cuarta parte es para educación física, recreación y deportes escolares para asignar el resto al deporte no federado; a esto hay que agregarle los aportes privados e incluso más públicos que vienen por municipalidades u otros entes. El deporte federado, por lo general y con excepciones puntuales, es opaco y sus procesos electorales están llenos de irregularidades.

El deporte tiene más asignación constitucional que el Organismo Judicial, la Corte de Constitucionalidad y el Tribunal Supremo Electoral juntos, así que vaya a saber cada quien qué se hace cotn tanta plata.

Se llega al extremo de que en Guatemala se niega la calidad de trabajadores a los futbolistas y se les obliga a facturar, mes a mes, sus ingresos como que fueran servicios profesionales y así concretar un fraude de ley; así que hasta en lo esencial perdemos el concepto, porque los futbolistas son explotados frente a los ojos de las autoridades del Ministerio de Trabajo.

El deporte y el arte son esos aliados naturales que una sociedad debe cimentar para conseguir su convivencia en paz. Llamó la atención de que en la pasada campaña electoral ninguno de los candidatos mostrara su propuesta cultural, y es que la miopía es colosal.

Lo que ocurre en el futbol debe servirnos para, primero, exigir la renuncia de toda la dirigencia de la Federación de ese deporte; luego, exigirle a la Confederación una nueva política de transparencia, pero sobre todo desnudar, ahora en instancias nacionales, lo que ocurre un esquema llena de asquerosidades

ESCRITO POR:

Alejandro Balsells Conde

Abogado y notario, egresado de la Universidad Rafael Landívar y catedrático de Derecho Constitucional en dicha casa de estudios. Ha sido consultor de entidades nacionales e internacionales, y ejerce el derecho.