LA BUENA NOTICIA¿Cuántas veces hay que perdonar?

GONZALO DE VILLA

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Perdonar no es fácil. Eso es algo que todos sabemos y hemos experimentado en la vida. Pocas cosas, sin embargo, nos generan más amarguras y frustraciones que arrastrar por años ofensas sin perdonar. Pedir perdón tampoco es fácil, sobre todo cuando vamos más allá de la frase casi hecha ante un daño no intencional.

El evangelio de hoy va a ser una lección de Jesús sobre el perdón. Ante la pregunta de Pedro sobre cuantas veces perdonar, la respuesta de Jesús -setenta veces siete- es hiperbólica conforme a la mentalidad oriental y significa virtualmente que hay que perdonar siempre.

Pero el relato en forma de parábola con que lo detalla a continuación nos deja varias enseñanzas importantes. Se perdona a quien pide perdón y se le perdonan deudas a quien suplica le sean perdonadas. Quien es incapaz de pedir perdón no es merecedor de recibirlo.

Eso sería impunidad, algo muy distinto del perdón cristiano. Todos debemos estar prestos tanto a pedir perdón cuando ofendemos como a conceder el perdón a quien, después de habernos ofendido, nos lo pide. Es difícil en la historia humana creer que una persona es siempre absolutamente la víctima como también lo es, claro está, pensar que alguien es siempre solo victimario. Quien es perdonado en lo grande debe estar especialmente dispuesto a perdonar en lo pequeño. La cicatería de no hacerlo así muestra más al miserable y al ruin.

En el plano de nuestras relaciones con Dios sabemos de su corazón magnánimo y de su paternidad misericordiosa. La lección de fondo del evangelio transcurre en dos planos que se entrecruzan: el perdón entre los humanos, es decir, entre los hermanos, y el perdón divino que se concede a quien es capaz de perdonar.

Hoy celebramos en Centroamérica el aniversario de la independencia, el cumpleaños de la patria independiente. Examinar nuestra tormentosa historia nos muestra como uno de los males que más nos han aquejado es el de las ofensas que nos hemos inflingido al interior de nuestra sociedad; ofensas entre sectores y pueblos, entre grupos y facciones pero muchas veces también entre comunidades y familias y, peor aún, al interior de comunidades y familias.

Eso ha generado resentimientos y rencores, complejos -tanto de superioridad como de inferioridad y ambos dañinos- y odios, venganzas y resquemores. Nos han hecho sufrir mucho y han generado espirales de violencia.

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