La buena noticiaEl juez y la viuda

Víctor M. Ruano

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Un juez malvado y una viuda pobre es la imagen dominante de la página evangélica que se proclama en las comunidades cristianas católicas hoy.

Si bien es cierto que el relato (Luc. 18, 1-8) no es histórico, sino una creación literaria, perteneciente al género de la parábola, está reflejando aspectos reales de la vida y de la aplicación de la justicia en cualquier sociedad, sobre todo de frente a los pobres, quienes son víctimas de las arbitrariedades y caprichos de los responsables de instaurar la justicia.

La narración fue elaborada para plantear la necesidad de orar siempre sin desanimarse, aunque podemos aproximarnos a su contenido desde una perspectiva sociológica para aportar alguna orientación frente a la situación que vivimos actualmente en el ámbito de la justicia, donde constatamos, con indignación e impotencia, que los que detentan el poder político, económico y militar evaden cínicamente la justicia y, muchas veces, los jueces carecen de independencia y de valentía para realizar su noble misión.

El juez en la parábola es uno de aquellos tipos prepotentes y arrogantes, indiferente ante Dios y hostil ante las personas. No tiene temor de Dios, que es principio de sabiduría, ni muestra interés por la sociedad, en la que su tarea es importante para garantizar la convivencia pacífica, la protección del débil y el respeto a la ley. Celebra su independencia egoísta, por eso tiende a buscarse más a a sí mismo que a la verdad y la justicia. De un tipo de tal calaña no puede esperarse mucho en cuanto al ejercicio de su profesión. Solo la presión y la persistencia lograrán doblegar su altanería, no porque lo anime su vocación de jurista, sino para quitarse de encima el fastidio que le provoca aquella mujer, pobre y viuda.

La viuda representa a las personas indefensas y excluidas. Integraba el grupo social de los huérfanos y de los emigrantes, los más vulnerables en su vida y dignidad. Su situación económica era muy precaria. El clamor de aquella mujer es válido como cualquier petición que tenga como objetivo lograr la aplicación de la justicia. Hazme justicia frente a mi adversario, es su reclamo tenaz y constante. Su lucha se ve coronada satisfactoriamente más por su perseverancia y fe en la justicia que por la responsabilidad del juez. Resistir y creer es su consigna, esa es la clave de su triunfo.

Gritar día noche para que se haga justicia es la propuesta del Evangelio hoy. La viuda es un vivo ejemplo del coraje que hemos de tener todos en las circunstancias actuales del país para unirnos en una intensa y sistemática campaña de lucha por la justicia, plenamente convencidos, como afirmara Juan Pablo II, que no hay religión sin justicia, no hay justicia sin amor, no hay amor sin servicio. Frente al descalabro de nuestro actual sistema de justicia reafirmemos nuestra voluntad de servir a la noble lucha por la verdad y por la justicia, a la luz de las Bienaventuranzas y sobre todo de la bienaventuranza de los pobres.

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