La buena noticiaLos diez leprosos

GONZALO DE VILLA

|

El evangelio de lucas es en el que más aparece la dimensión de la misericordia de Dios como reacción frente a la necesidad humana. En la escena de hoy son diez leprosos los que llegan al encuentro de Jesús.

La realidad de la lepra expresa tanto una enfermedad física que destruye con lentitud el cuerpo de las personas como también una enfermedad que genera un rechazo cultural grande. Entre los israelíes la lepra será enfermedad pero también signo de maldición de Dios, leído muchas veces como castigo a pecados cometidos por los leprosos.

En el texto se subraya por una parte la dimensión de lo acontecido en un momento de las correrías apostólicas de Jesús pero, por otra parte, es un texto plenamente catequético. Jesús va de camino cuando, en la distancia, aparecen los diez leprosos que le piden piedad.

Jesús los envía a los sacerdotes que eran quienes tenían que certificar la limpieza ritual de quienes habían padecido la enfermedad. En el camino quedan sanos y sólo uno de los diez, un extranjero, regresa a agradecer. A ese es al que le alabará la fe.

El texto, recogido por escrito treinta o cuarenta años después de la vida pública de Jesús, expresa sin duda intenciones catequéticas. Es en el camino donde se produce el encuentro. No olvidemos que la primera palabra para definir al cristianismo naciente fue la de los seguidores del Camino.

Reconociendo a Jesús, los leprosos no se atreven a acercarse más a él. Pero es ese encuentro el que establece la distancia entre la realidad de penuria humana en que viven y la esperanza de que Jesús puede cambiar esa situación. La palabra primera de Jesús hacia ellos no es de acogida sino de envío. Siguiendo las instrucciones de Jesús serán curados. Es más importante entonces la misión que les ha sido encomendada que la presencia ante Jesús o su acogida.

Pero ese extranjero que regresa, el único que lo hace, será el que asuma el balance de lo que el discipulado significa: cumplir la misión confiada por Jesús y regresar al encuentro de Jesús para ser entonces confirmado y acogido por éste.

Hoy, a dos mil años de distancia de lo narrado en el texto, nos queda del texto la dimensión de examinar la penuria de nuestra vida que descubrimos ante un Jesús que nos aparece en lontananza, el encuentro con Jesús que nos envía para curarnos de nuestras penurias y nos pide ser capaces de responder a sus iniciativas y, finalmente, nos queda la lección del agradecido que regresa donde Jesús y que es entonces confirmado en su fe así como el consuelo de que Jesús sigue haciendo también el bien entre quienes después de él se olvidan.

ESCRITO POR: