CH. P.Somos de puro pueblo
Anda dándole una vuelta a la red del Internet un escrito titulado ?Cómo reconocer si se es chapín?.
También hace un rato pudimos leer en el mismo cybermedio otro titulado ?Cómo reconocer a un naco?.
Es una maravilla la red esa porque uno se entera hasta de esos pequeños detalles que nos hacen de menos, nos hacen sentir de menos o nos enorgullecen por ser como somos. Por ejemplo, yo, a pesar de ser extranjero (nací en El Salvador…) me siento dichoso de tener la idiosincrasia chapina, el carácter típico nuestro lleno de babosadas y al igual que esos nacos o chapines choleros que reconocen en esos ?esfuerzos de análisis?, tengo mis shumadas. Y les soy muy sincero: no conozco a nadie que no sea cholero, shumo cachimbiro o guanabi en este país.
Creo que los shumos son los diputados y los que trabajan en el Ejecutivo, pero no es culpa de ellos, es el medio ambiente en el que se mueven más ser chapines. Cualquier vieja llena de charadas me alegará que son peores las domésticas o los choferes de camioneta y camión. Yo respetaría su opinión pero mi ejemplo sería Alfonso Portillo. ¿Quién más cholero y corriente que él?
Ahora bien, ser naco o similar no tiene nada de malo, al contrario, ellos son chistosos, ocurrentes, abusivos, macizos y colados. Y los que decimos no serlo somos mojigatos, nos da pena que se nos arrugue la camisa, que se nos manchen los zapatos y que nos digan chamas.
Aparte, criticamos a los que llegan con corbata muy ancha o muy angosta, nos burlamos de los defectos de nuestros semejantes, perdemos el temperamento muy fácilmente y en verdad somos muchas veces más corrientes que ellos, los choleros. Yo conozco a muchísimos que son así. Pero no me importa, son chapines.
Cuando dicen que nuestro país es multicultural, yo no puede estar más de acuerdo, y no sólo por los aborígenes. Nuestra cultura es multicultural sólo entre los del ?jet set?. Y fundamento esta hipótesis presentando todas las fiestas que por diferentes motivos se dan en nuestra tierra. ¡Se ve cada cosa!
El otro día un señor, que además es mi amigo, fue a una recepción a no se qué embajada. El hombre se puso muy bolo, como buen chapín, y se terminó cayendo vestido enfrente de todos adentro de la piscina. Pero eso no es nada, cuando lo trataron de sacar, varios pedazos de pan, boquitas y postres flotaban alrededor de él.
Yo le extiendo la mano a mi buen amigo chapín, porque seguramente llevaba eso para dárselo a los niños pobres o a uno de los suyos, o a su esposa quizá le servirían para el religioso ron de todos los días.
Todo este preámbulo obedece a la braga que le hicieron al candidato presidencial Alvaro Colom durante el foro organizado el lunes pasado. Le gritaron janano, le hicieron un coro gritándole janano y lo obligaron a reconocer su defecto físico, del cual dijo sentirse orgulloso y que al menos no era un defecto del alma. Mis aplausos para ese señor.
Tampoco me cayó nada en gracia que el público le gritara a Berger, y me indignó de igual manera porque en un debate, que no lo fue, se llega a argumentar y a discutir, como muy bien lo escribió el periodista Jorge Palmieri en una de sus columnas de la semana pasada.
Somos tan desagradables a veces y ni nos damos cuenta. Pero también somos a toda madre los chapines. Yo amo a Guatemala entrañablemente y lo he demostrado de muchas formas (perdonen la modestia) y creo que tanto Colom como Berger aman a este país y quieren sacarlo adelante.
Yo tengo un millón de defectos y muchas veces me los echan en cara y me dolía. Ahora sé perfectamente quién soy, a dónde quiero llegar y que quisiera para mi Guatemala. Berger y Colom también. Sus equipos también. Claro está que siempre hay largos, asesinos, bagres, mentirosos, vende patrias, y periodistas despreciable. Pero no nos volvamos más de esos. Pensemos en las cosas buenas de haber nacido en esta bella nación.