BRAYAN JIMÉNEZ LLEGÓ a hipotecar su casa en su desesperada intención de alcanzar la presidencia de la Federación Nacional de Futbol (Fedefut), puesto que paradójicamente no tiene asignado ningún sueldo mensual porque es ad honórem. Luego de haber alcanzado ese cargo en el 2009, tiró por la borda su profesión de dentista para dedicarse a tiempo completo a la dirección de esa entidad, que únicamente le representaba ingresos formales de Q8 mil mensuales por concepto de dietas. Cualquiera pudo haber pensado que se trataba de un sacrificio por amor al deporte más popular del país. Pero ese supuesto amor al balompié coincide con una de las peores etapas de la selección nacional de futbol.

DESDE HACE TIEMPO existían dudas sobre la forma en que se administraban los Q5 millones que el Estado destina cada año para el futbol, más los otros Q7 millones que recibe por patrocinios, de la Fifa y otros rubros. Sin embargo, la gestión de Jiménez, como las de sus antecesores, siempre estuvo rodeada de opacidad. Ahora la justicia estadounidense le pasó la factura y sobre Jiménez pesa una solicitud de extradición a EE. UU. Gracias a las investigaciones de la Fiscalía de Nueva York sabemos que este individuo, al igual que Héctor Trujillo, secretario de la Fedefutbol y magistrado suplente de la Corte de Constitucionalidad, y Rafael Salguero, exdirectivo de la Fedefut y Concacaf, son parte de la red de corrupción y lavado de dinero en la Fifa.

LA FISCALÍA NORTEAMERICANA dijo que esa estructura incrustada en la Fifa ha tenido “secuestrado el deporte más popular del mundo por décadas, con ganancias ilícitas”. Eso es lo que sucede en el país donde las mafias tienen cooptada la mayoría de áreas del deporte federado, no federado y olímpico, que hacen micos y pericos con el 3% que reciben del presupuesto nacional. El caso del futbol es más que patético. Para alcanzar la presidencia de la Fedefut, los candidatos gastan millones para giras departamentales, banquetes y compra de votos. ¿Todo para llegar a un puesto ad honórem, del cual jamás quieren despegarse? Ese solo hecho evidencia que el deporte está nadando en la inmundicia porque existe un sistema destinado a la corrupción a la vista de todos, pero que nadie cambia.

ES EL MISMO SISTEMA RENTISTA que se ha reproducido en la mayoría de instancias en las que se disputan puestos de elección y que representan cuotas de poder político y económico. Y mientras los directivos viven a cuerpo de rey y saquean los recursos que provienen de nuestros impuestos y negocian contratos lesivos para el deporte a nivel internacional, el futbol está en trapos de cucaracha. Con cada eliminatoria mundialista se observa la debacle en que se encuentra este deporte en el país porque su rendimiento se hunde cada vez más y no hay ninguna estrategia definida para rescatarlo. Y cómo, si el deporte es lo que menos les importa.

¿VALE LA PENA MANTENER la inversión millonaria en un deporte que solo vergüenzas le deja al país y que sirve para engordar los bolsillos de los directivos corruptos? Definitivamente es un gasto suntuario en un país donde la salud y la educación están por los suelos. Pienso que este momento es propicio para introducir cambios de fondo en el manejo de los recursos para el deporte, lo cual pasa por políticas efectivas de transparencia y una mejor distribución de los fondos en áreas que sí son prioritarias para Guatemala.

ESCRITO POR:

Haroldo Shetemul

Doctor en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Pontificia de Salamanca, España. Profesor universitario. Escritor. Periodista desde hace más de cuatro décadas.