Colaboración¿Cuál corrupción?

JUAN CALLEJAS.

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Asustados estamos de los niveles de corrupción crecientes en nuestra sociedad, sobre todo en el campo de la administración de recursos económicos por parte del Gobierno. No solamente del actual, sino de todos los que le han precedido. Vicios como el nepotismo y clientelismo político son parte del sistema y todo parecería indicar que nos hemos adecuado a tal cosa, puesto que como ciudadanos, simplemente somos espectadores de esa realidad visible.

Le tengo malas noticias, o quizás buenas, dependiendo del punto de vista que usted tenga y la óptica con que prefiera verlo. Existe un nivel de corrupción aún mayor que el que hasta ahora hemos detectado. Existe un nivel lento, geométricamente progresivo, salvaje por cuenta propia y ciertamente fuera de toda imaginación en sus consecuencias futuras para nuestros hijos e hijos de nuestros hijos.

Hemos importado, por un lado, y estamos generando nuestra propia versión destructiva por otro, el más costoso, difícil e inescrupuloso sistema de vida. Estamos próximos y en acelerada construcción del sistema de Gobierno más corrupto, indigno y deplorable de todos los tiempos.

Una dictadura está en proceso, puesto que al corromper los básicos de una sociedad, sus valores, sus anhelos morales y sus expectativas virtuosas solamente se puede dar paso al autoritarismo vertical de quienes detentan el poder y han llegado a generar tal nivel de caótico desorden, que nosotros, el pueblo, llegaremos a estar dispuestos a entregar nuestra eterna e inalienable libertad a cambio del orden temporal del déspota y el tirano.

¿Es que acaso en medio del desorden en que hemos vivido en los últimos 20 meses no hemos visto cómo se destruyen los cimientos de la justicia? Hemos sido testigos de cómo el dinero de los contribuyentes se utiliza para pagar cuentas de los amigos de quienes provocan el desorden; podemos apreciar cómo se destruye el aparato productivo del país por medio del legalismo y sin miramientos de ninguna especie, y se niega la capacidad de diálogo entre los restos de la sociedad civil organizada y los cuasi dictadores del país. Confío en que aún tengamos reservas morales en la prensa nacional.

Solamente nos queda esperar que el Tribunal Supremo Electoral, la Procuraduría de los Derechos Humanos, el Ministerio Público, la Contraloría de Cuentas y la Procuraduría General de la Nación pasen a manos de quienes, sin el mínimo respeto a usted como ciudadano, hacen sus mejores ensayos para terminar de corromper el sueño de una sociedad democrática, libre y virtuosa en Guatemala.

Esta es la corrupción que aborta los sueños de Democracia y da paso, con nuestra ancestral indiferencia a la primera etapa de una dictadura vertical, excluyente y opresiva, acompañada de complejos mecanismos políticos que ya se pueden ver en Quiché, Chiquimula, Retalhuleu y Totonicapán, ejercidos en familia por familia. ¡Que Dios bendiga a Guatemala!.

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