Nota bene

250 años añorando libertad

Los padres fundadores popularizaron cinco ideas clave.

Los estadounidenses celebraron a lo grande el 250 aniversario de la firma de la Declaración de la Independencia el 4 de julio. Dicho proyecto republicano se selló cuando los estados miembros de la Federación ratificaron la Constitución, vigente desde el 4 de marzo de 1789.

Estados Unidos hizo viable una república liberal.

Por ser la primera colonia americana en romper lazos con Europa, indudablemente influyó en los movimientos de independencia en todo el continente. Recordamos cinco lecciones popularizadas por los padres fundadores de Estados Unidos.

Primero, los próceres afirmaron que la soberanía descansa en la comunidad y esta la delega en el gobernante. La frase “nosotros, el pueblo”, que abre el preámbulo de la Constitución, expresa tal convicción. Los latinoamericanos podemos trazar esta misma idea hasta los escritos del sacerdote jesuita Francisco Suárez (1548-1617), a quien algunos llaman el “primer arquitecto del Estado de derecho”, pues sostuvo que la ley origina de la razón humana, no de la fuerza. Existe evidencia de que Thomas Jefferson y John Adams leyeron a Suárez.

Los padres fundadores también escribieron que el orden político no concede los derechos inalienables de las personas. No puede despojarse del derecho la persona que lo posee, ni los gobiernos pueden arrebatárselo. Esta noción se encuadra dentro de la tradición del derecho natural. Thomas Jefferson redactó el párrafo en defensa de los derechos a la libertad, la vida y la búsqueda de la felicidad. Hizo eco de la trilogía del filósofo político inglés John Locke, pero sustituyó propiedad por una frase más amplia, búsqueda de felicidad.

En tercer lugar, trazaron límites claros al poder político. En diciembre de 1773, los habitantes de Boston tiraron el té proveniente de Gran Bretaña al mar, enfurecidos porque como tributarios querían opinar sobre los impuestos que debían pagar; acusaron al rey Jorge III de abusar de su poder.

Dado que muchos colonos huían de la religión impuesta por la corona, su cuarto aporte fue sentar las bases para una creativa separación entre el Estado y la religión. Los estadounidenses son libres de afiliarse a la iglesia de su elección y de gritar sus creencias en la plaza pública. Estados Unidos no declaró una religión oficial, pero tampoco le declaró la guerra a la religión ni se decantó por un secularismo restrictivo.

Quinto, los padres fundadores confiaron en que los gobernados resolverán los problemas de su localidad. El modelo federalista no solo restringe las funciones del gobierno central, sino que permite el florecimiento de una sociedad civil activa y emprendedora que colabora con el gobierno local o lo suple. Es lógico: las personas libres y racionales se autogobiernan y se labran su propio destino.

El mérito de los padres fundadores no fue inventar estas cinco ideas, sino capturar la imaginación de los gobernados con su prosa exaltada favorable a la libertad, y poner en marcha un proyecto republicano sin precedentes. Y aunque en casi desde un inicio se violaron los principios reiteradamente, como por ejemplo al legalizar la esclavitud o aprobar leyes racistas, el sistema permite corregir el rumbo y usar de referencia el ideal trazado en los documentos fundacionales.

El aniversario 250 de la independencia invita a la introspección: ¿se apega hoy el pueblo estadounidense a los principios fundacionales? ¿Pueden los latinoamericanos enarbolar valores similares? Reencauzar el proyecto requiere redescubrir conceptos y hacer recortes: tanto al norte como al sur, el Estado benefactor ensanchó el poder gubernamental y vulnera los derechos inalienables, al punto de desplazar la cooperación social voluntaria y el autogobierno.

ESCRITO POR:

Carroll Ríos de Rodríguez

Miembro del Consejo Directivo del Centro de Estudios Económico-Sociales (CEES). Presidente del Instituto Fe y Libertad (IFYL). Catedrática de la Universidad Francisco Marroquín (UFM).