Rincón de Petul

Ahí vienen de nuevo los santos

El libreto moralista regresa. Queda esperar y ver si esta vez les da resultados.

Ni media semana había pasado desde que el Tribunal Supremo Electoral sorprendió con la noticia de que Bernardo Arévalo y su partido Semilla iban a la segunda vuelta electoral, cuando los más turbios discursos empezaron a proliferar. Que él era comunista. Que pretendía ser un dictador absolutista. Que mataría la libertad en el país y que a los niños, a los niños los volvería gays. En Facebook recuerdo haber visto una fotografía suya entremezclada con una de Nicolás Maduro. Y en otra, el presidente Arévalo tenía pintados cola y unos cachos rojos y, en el pecho, el número 666.


Del otro lado, la candidata de la UNE giró instantáneamente a la línea opuesta a la etiqueta que le imponían al ahora presidente. Ella, de pronto, alabó a Dios, criticó el aborto y desdeñó lo que no fuera una familia tradicional. La del hombre y la mujer, esa bonita con hijitos y toda la cosa. Alzaron la Biblia. Gritaron consignas e hicieron vigilias contra quien decían era el diablo.


Los resultados fueron contundentes. El 61% de los votos fue marcado sobre el símbolo de Semilla, dejando al menos una cosa clara: Guatemala habría identificado que el discurso moralista era tan solo una campaña de desinformación populista, la cual no creyó. Y los hechos posteriores lo confirmaron. Ni comunista, ni marxista, ni leninista, ni hijo de Satanás. Hoy no estaría solo si dijera que el gobierno actual no es ni siquiera de corte reformador.

Quisiera decir que suena improbable, que el electorado ya superó y no da tan de a gratis un voto importante.


Uno creería que la lección quedó dada. En especial, porque la misma estrategia se repitió en otras elecciones, gremiales o de postulación, con resultados similares. La estrategia moralista de la ultraderecha ya no estaba funcionando con un pueblo que parecía haber distinguido entre cuáles son sus valores propios y quién los usa con el único fin de ganarse el voto del día. Los rostros fallidos se empezaron a evidenciar. Algunos de ellos —tal vez todos— mujeriegos, bolos y ladrones. Pero con la voz del Santísimo en la boca. Vaya santos.


Pero algo me dice que regresaremos a lo mismo en las elecciones de 2027. Que otra vez habrá quienes intentarán desviar la atención con mensajes propios del púlpito, para no enfocarse en lo que importa más cuando se designa a los administradores de fondos públicos. Así, vemos aquellos rostros fallidos —otra vez—  ponerse la sotana. Y otros más, ahora nuevos, hablando de la familia tradicional cuando ellos mismos —quizás—  no las tengan en su vida personal.


Ahí está, sin ir más lejos, la reciente arremetida municipal contra el desfile Pride en Antigua, envuelta —cómo no— en el manto de los valores tradicionales. Las respuestas no dejaron de inundar la opinión pública. El hecho político nacional, quizás, más opinado del mes. Analistas advirtiendo de los reparos económicos contra la municipalidad colonial y mensajes de internautas dominando los comentarios; la mayoría apoyando al alcalde anti-gay. Los equipos de comunicación de los próximos candidatos habrán estado atentos. “Hay circo para ratos”, les habrán aconsejado. “El que lo grite más fuerte, se quedará con el show”.


Honestamente, quedé sorprendido al ver nuevamente mensajes de candidatos que ya empiezan a emerger, salir tanto con lo mismo. Pensé, realmente, que girarían un poco. Que dirían, la gente ya se avispó. Pero pareciera que no es el caso. Que sus estrategias dijeron otra vez: La gente comprará el mensaje moralista, no importa quién lo diga. Nos queda ahora esperar, y ver si esta vez les da resultados. Quisiera decir que suena improbable, que el electorado ya superó y no da tan de a gratis un voto importante. ¿Se repetirá nuevamente la sorpresa de 2023? Quién sabe. Nos queda esperar y ver si esta vez les dará resultados. Nos leemos en julio de 2027.

ESCRITO POR:

Pedro Pablo Solares

Especialista en migración de guatemaltecos en Estados Unidos. Creador de redes de contacto con comunidades migrantes, asesor para proyectos de aplicación pública y privada. Abogado de formación.