Si me permite
Al niño se le debe capacitar y no aprovecharlo
Los niños están con nosotros no porque pidieron, por ello mismo debemos de invertir en sus vidas.
“Muchas cosas que necesitamos pueden esperar. Los niños no pueden; ahora es el momento”. Gabriela Mistral
Cuando somos realistas, nos daremos cuenta de que el tiempo de la niñez pasa demasiado rápido, y si no hacemos lo que en este tiempo se debe hacer, poco servirá todo el esfuerzo que hagamos para lo que no se hizo en su debido tiempo.
Cuando los niños están en su etapa inicial de la vida son como una esponja, que absorbe con una facilidad y velocidad que nos sorprenderá.
Por esta simple razón debemos cuidarnos de no ver al niño como un recurso que nos podrá servir para ayudarnos en tantos detalles que nos rodean, sino que debemos hacer planes concretos en los cuales los niños estén aprendiendo algo importante en el momento en que están haciendo algo.
Por ello se debe saber explicar y orientar a los niños cuando se los habrá de ocupar en algo, para que cuando el proceso ha terminado, el niño no solo se siente útil, sino que ha adquirido un conocimiento que lo habrá de acompañar el resto de la vida.
Indudablemente, muchos detalles de nuestra vida están asociados con alguna persona que no solo se tomó el tiempo de enseñarnos cómo se hacen las cosas, sino que nos acompañó en el proceso para que no nos sintiéramos solos y estaba preparada para contestar nuestras preguntas, por más insignificantes que estas fueran, y lo hizo de tal modo que se nos quedó grabado para el resto de la vida.
La niñez transcurre con mucha rapidez. Debemos atenderlos hoy; mañana es muy tarde.
Claro que cada uno de nosotros somos hoy lo que las personas bondadosamente sembraron en nosotros, para que hoy demos el fruto del desempeño de ellos. Sin duda, más de una vez hemos tenido que contestar a la pregunta “¿dónde aprendió usted eso? Y seguramente podemos despegar toda una vivencia del modo y la amabilidad como se nos fue enseñado.
Cuán gratificante se puede escuchar cuando alguien, con la máxima paciencia, le dice a un niño que observe cómo se hace algo, porque algún día le podrá servir.
Seguramente así sucede, porque ante los años uno puede con toda franqueza confesar que no se acuerda de quién se lo dijo, pero puede repetir lo que se le dijo, y puede funcionar, porque la información que conservó es un recurso que está dando provecho y resultado, y es lo que más se valora finalmente.
Por esa simple razón, en nuestra relación con los niños que tenemos a nuestro derredor no se les debe decir “quítate de allí, que estorbas”.
Muy probablemente habrá que darles instrucciones para que tengan cuidado en no lastimarse y, claro, enseñarles los peligros que les rodean, para que se sientan protegidos y no estén expuestos a los riesgos que cualquier trabajo conlleva. Aun esas indicaciones habrán de ser formativas y de un gran valor.
Un niño debe ser capacitado en una diversidad de cosas para la vida, porque ninguno de nosotros sabemos cuál será el futuro de ese niño.
Seguramente ni el mismo niño sabe lo que habrá de enfrentar en el mañana, pero cuanto más ha sido capacitado, mayores opciones estarán ante él, y qué gratificante habrá de ser cuando este se pueda ofrecer en hacer algo porque, simplemente, en el pasado alguien lo tomó en cuenta y le permitió capacitarse para que, lejos de disculparse, esté ofreciendo soluciones y resultados que seguramente son de admiración.