Registro akásico
Desastre en la cultura superior
La universidad estatal en estertores de muerte
Ni los países llamados totalitarios del siglo XX tuvieron monopolio universitario. El París de la Sorbona, en la edad moderna, estuvo inmerso en luchas por impedir nuevas instituciones de estudios superiores; en especial, las promovidas contra los jesuitas, pero cedió, aceptando concentrar el dogmatismo en aulas donde discutían sobre el número de ángeles que podían posarse en una aguja, frente a la busca de la reflexión sobre la libertad abriéndose paso ante el despotismo ilustrado.
El monopolio en educación superior solo produce dogmatismo, ideología oficial e iniciativa estéril.
Algunos engreídos protestan con ser universitarios de familia. Un buen índice es el número de generaciones de graduados universitarios. En nuestro país, pocos alcanzan los cuatro ascendientes, pero el engreimiento no tiene pasado. La ceguera es importante: no se habla del sistema de seguridad existente en la universidad estatal. Varios estudiantes asesinados por discusiones nimias en el campus por los vigilantes abusivos. Para no hablar de la noche del 15 de julio de 2008, Mario Alfredo Calderón Herrera, decano de Humanidades y sujeto de habladurías, fue asesinado después de una sesión del Consejo Superior Universitario. ¿Quién pide el esclarecimiento del crimen?
Vaya a Harvard, Yale u otra universidad de EUA y verá invitaciones para asistir a juntas de los grupos universitarios de los más variados, incluyendo ideología woke. Aquí no hay carteleras libres, cualquier invitación en minutos se arranca. Vea las novatadas conocidas como bautizos; se busca atemorizar a los aspirantes a la universidad pública, con el objeto de que prefieran las privadas. Todos los conocen, pero nadie denuncia al grupo de catedráticos creadores del examen de admisión. No obstante, siempre existe la posibilidad de abrir la puerta a cercanos y familiares.
Se está sometido a manipulación electoral. La ley universitaria ya no se cumple. Existen sectores educativos, las llamadas escuelas y los centros universitarios, sin derecho a integrar el colegio de electores. Mientras tanto, los profesores inamovibles, llamados por oposición, votan doble: en el claustro y en el colegio profesional. La oposición también está patrocinada y controlada. De allí los errores en los procesos jurídicos o el impulso de fobias animadas desde poderes en la sombra.
El amparo es una acción judicial expedita y extraordinaria. Necesita agotamiento de vía administrativa, porque lo errores deben corregirse por los funcionarios honestos. Ni urgencia excepcional ni saturación judicial eluden el respeto al debido proceso. Los apresuramientos y caminos errados sirven a una manipulación favorable a promover el desorden, para después condenar a la Corte de Constitucionalidad por no aceptar amparos sin base. Todo ello denuncia la complicidad en la sombra de supuestos opositores. Están designados líderes con historia de haber servido en lides electorales ediles, trasladando votantes para anular posiciones revolucionarias. La amnesia es útil en el aseguramiento del sistema de poder, así como para amplificar pequeños odios contra fantoches ilegítimos.
No hay necesidad de reformar la Constitución para una nueva ley universitaria. En esta columna, con reiteración, se ha indicado la manera de respetar el ordenamiento de la sección quinta constitucional, para generar una nueva legislación universitaria. El 1 de abril de 2014, 14 de mayo de 2017, 22 de abril de 2018, 1 de septiembre de 2019 siguen esa orientación y proponen una nueva ley universitaria. Pueden existir otras propuestas: lo que no se vale es desconocer la necesidad de cambiar un modelo obsoleto sin parangón en el mundo, pero conveniente a los oscuros intereses dominantes.